Ser o no ser Charlie
Esa no es la cuestión, sino más bien: civilización o barbarie.
Vaya por delante mi más profundo repudio por los ataques terroristas en París y mi solidaridad con las víctimas y sus familiares.
Aunque se han multiplicado los análisis acerca de esta tragedia, veo que muchos de ellos no consiguen liberarse del encuadre, inducido por las redes sociales, que reduce las posiciones en el debate a la dicotomía “Je Suis Charlie” vs. “Je Ne Suis Pas Charlie”.
En una sociedad civilizada cabe la libertad de expresión para ofender y la libertad de culto para sentirse ofendido, lo que no cabe es el asesinato de los que piensan o creen diferente, patéticamente revestido de razones religiosas.
Tanto la prensa como la religión están siendo atacadas e instrumentalizadas por el terrorismo, que comunica a través de la sangre para sembrar el miedo y destruir la libertad.
Los desafíos para los editores no se reducen a la difícil decisión acerca de si publicar o no ofensas a una fe, a una raza o a una patria, sino que también consisten en discernir acerca de cuánta visibilidad otorgan a los actos y a los motivos de aquellos que matan para obtenerla.