Espirales de eucalipto.

Debajo de mis cobijas, debajo de lo que siento, logré levantarme de nuevo, el olor a eucalipto rebota en las paredes de mi habitación. Desde que él se fue, el eucalipto es lo que nunca falta, su partida fue abrumadora y bloqueo mis vías respiratorias; mi abuela, una señora algo chiflada y que contaba con remedios para todo, me dijo que pusiera esta planta, alejaba a los malos espíritus y ayudaba a respirar mejor.

Todos me dicen que debería salir más y hacerle ver al hombre de mi vida que mi mundo no se detuvo cuando me dijo que ya no quería estar conmigo, pero me resultaba imposible mentir de esa manera porque, aunque odiaba aceptarlo, mi mundo sí se había detenido.

Estoy acá, llorándole y escribiéndole a alguien que se fue, a un fantasma que se impregnó en mí y ya no quiere salir. Veo espirales de eucalipto encima mío, debería abrir las ventanas para que el olor abandone mi cuarto por un rato, pero no quiero que algo más me abandone y no quiero volver a ahogarme en él, espirales de eucalipto, mi corazón está dolido.

Su amor fue de otro planeta, algo que no importa cuántas letras ponga, nunca lo lograré explicar, las letras parecen insignificantes, todo lo parece porque estoy enamorada de una manera no muy sana, convertí a ese hombre en un dios griego y a mí en una prisionera de la odisea, no logro disminuir a esa deidad que creé en él, no lo logro porque aun cuando lo veo, un aura de superioridad lo abraza y me hace caer ante sus pies.

No logro salir de mi cuarto porque es el único lugar donde todavía puedo decir que es mío, aquí hicimos el amor, pero no de una manera sexual, aquí me fui enamorando lentamente y aquí él me hizo amarme a mí misma, aquí fue mío y en mis recuerdos que están pintados en las paredes, puedo decir que sigue siéndolo.

Extrañaba sus labios más de lo que una madre extraña, ese pequeño bulto que tenía en sus labios, besaba suave como la seda, besaba apasionado, decía tantas cosas con un beso, cuanto necesitaba volver a respirar a través de sus malditos labios, necesitaba sus manos tocando mi piel, necesitaba cada centímetro de él; él ya no necesitaba de mí, lo cual era penoso y todavía más patético de mi parte, él ya había encontrado otros labios, otra piel que tocar. Poco tiempo había pasado cuando la dama del hermoso pelo ya había explorado el mundo que me tomó un año conocer, poco tiempo y ya no me amaba como antes, me hizo darme cuenta de lo relativo que es el tiempo, un mes para mi amado que ya no está había sido como una eternidad, lo suficientemente larga como para olvidarme, para mí se sentía como si hubiese sido ayer que lo había perdido. Patética yo, repito. Tiempo relativo, amor efímero.

Todavía recuerdo la última noche que sentí la paz que sus labios dan, era muy tarde e íbamos en un bus de fiesta, todos gritaban, todos estaban felices, contándonos a nosotros, el bus empezó a dar vueltas para que todos la pasaran todavía mejor, nuestros labios se separaron pero estábamos muy cerca, respiraba de su aire, las luces de colores chocaban contra nuestras caras pero no sabía si los destellos que habían alrededor eran por la potencia de esas luces o eran nuestras sonrisas reencontrándose, hasta el día de hoy puedo decir que eso sigue siendo un misterio.

Estoy alucinando porque cambié el eucalipto por otra planta, empiezo a alucinar con él, lo veo acercándose lentamente, me sonríe y aun siendo producto de mi imaginación es una maldita deidad, no sé cuál maldita planta me dio mi abuela, pero esto es real, parece real, me acerco a él, desesperada busco refugio en sus brazos, puedo olerlo, qué droga me han dado, empiezo a acariciarlo y todo parece tan real, el tiempo se mueve más lento. Me ve a los ojos y vuelve a sonreír, caigo ante él y empiezo a alabarlo, como lo hice durante toda nuestra relación. Cuando me levanto para besarlo, desaparece, mala jugada de la vida. Me desespero y empiezo a llorar de nuevo, puedo sentir como mis pulmones se evaporan, me alma deslizándose junto con mis lágrimas, que agonía haberlo perdido a él y que agonía haberme perdido a mí. Caigo al suelo y me despierto, todo fue un sueño. Mi amado está acostado a mi lado y nuestra canción se escucha al fondo. Ambos estamos desnudos y el cuarto huele a eucalipto.

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