#10
365 Días Escritos
Ese día, desperté sabiendo que no era el mismo,
algo había cambiado en mí, lo sentía en mi corazón.
Respiré profundo, dejé de pensar y, sin más, ahí estaba,
mi verdadero yo, la expresión más primitiva de mi ser;
mi versión más pura y básica, mi verdadero lado salvaje.
No hay nada más valioso que encontrarse a uno mismo,
ese sentimiento honesto, es el verdadero motor de la vida.
Antes de ese día, toda mi vida podría haber sido resumida
en una sucesión de intentos forzados para poder respirar,
abrazando cualquier excusa que pudiera llenar aquel vacío,
que había cargado tan íntimamente demasiado tiempo.
Mitad animal, mitad caníbal, sobrevivía en las sombras,
buscando la grieta en la pared, que me dejaría escapar,
a un lugar donde ya no sea necesario vivir escapando.