Todos somos Hijos de Sánchez.

Encuentro.

A veces uno se encuentra con autores que te permiten reconocerte en este mundo, eso me ha pasado con muchos textos, pero hoy les quiero contar sobre dos que leí con una gran diferencia de tiempo entre uno y otro.
Hace algunos años encontré los hijos de Sánchez en una edición tan vieja que se deshacía en mis manos. La ausencia de esta lectura era una gran laguna en mi formación, había escuchado del texto y me quedé con la errónea idea de que era una novela. Al comenzar a leerlo el autor me quitó esa tonta impresión. Inicia explicándonos que el texto es producto de un trabajo antropológico de varios años, conformado por una serie de entrevistas con sus informantes y de etnografías del lugar. Los hijos de Sánchez esta precedido por una teoría que trata sobre la cultura de la pobreza. Como oriundo de uno de los barrios icónicos de la CDMX comencé a sentirme descrito desde las primeras páginas.
 Debo aclarar que no descrito físicamente sino en un nivel más profundo, en una dimensión temporal braudeliana de largo aliento. Al leer la teoría y comprenderla, no sólo aprendía como se configuraba una teoría después de años de trabajo de campo junto con la chamba intelectual de procesar todos esos datos y rumiarlos largamente, sino que también comenzaba a entender una versión de mi forma de pensamiento, de la forma de pensamiento de la gente que habita el barrio, al menos mi barrio: la Guerrero.
Los hijos de Sánchez me mostraron lo que yo había leído mucho tiempo atrás en la escuela sobre la temporalidad en la que está inmerso el pensamiento. Lo lento que es para cambiar o de lo fuerte que es su permanencia, mientras pasaba las paginas no dejaba de pensar que era un reportaje periodístico por su actualidad. Era tan impresionante como pararme en el patio de la vecindad donde vivo y escuchar las vidas de los vecinos, su forma de ver el mundo, de vivir su sexualidad, de cómo sobrellevan sus prejuicios, sus penas, como entienden el amor y, sobre todo, como asumimos la pobreza, lo complicado que se puede volver llevar el día a día en ese ámbito. Fue una gran revelación saberme un descendiente de todos los Jesús Sánchez que han configurado el México pos-revolucionario.

Conexiones.
Pienso en todo esto después de leer otro texto que habla sobre la ciudad de México, pero alejado de esa visión que piensa aún la ciudad como la muy noble y leal ciudad de México que solo existe ya en los textos de los cronistas del periodo colonial y del siglo XIX, no tengo nada contra esa perspectiva, incluso me gusta su romanticismo y disfruto leerla, solo que tengo la certeza de que es incompleta y sé que hay otra ciudad de México que es muy poco común leer y en D.F. Confidencial, libro de crónicas de J. M. Servín, nos acercamos a ella. Servín inicia su libro retomando la teoría de Lewis sobre la cultura de la pobreza para decirnos que todos somos hijos de Sánchez.
El libro de Servín nos permite tomar distancia de lo que últimamente algunos “cronistas” hacen, -tu no Mauleon, tú te cueces aparte- pensando que es mejor embellecer en el texto zonas de la ciudad consideradas tradicionalmente como zonas de alto riesgo o zonas rojas y presentarlas como una especie de barrio mágico haciendo un símil forzado con los estandarizados pueblos mágicos. La lógica del mercado les ha hecho comprender que eso es lo que vende y eso es lo que hay que producir, aunque este vacío y solo sea un fragmento.
Un ejemplo de estas invenciones es lo que yo llamo la zona turística de la merced, que lejos de mostrar a la zona en su totalidad la reducen a una pequeña parte del corredor comercial de la calle de Roldán. Esta moda ha permitido que algunos “cronistas” lleven viviendo años de esta ciudad embellecida textualmente, evitando mostrar lo otro que también somos: una ciudad violenta, plagada de crímenes, redes de prostitución y trafico tanto de drogas como de personas, inundada de mercancías chinas legales e ilegales, una ciudad que se mueve en un transporte deficiente que traslada a los 25 millones de habitantes de la ciudad y a otros veinte millones de personas entrando y saliendo diariamente a trabajar que provienen de la zona metropolitana. Una ciudad con zonas nada modernas a las que apenas les llega agua y no tiene en consideración la más mínima noción de progreso moderno en la cotidianidad, y menos cuando tienen que ascender sobre el cerro por una angosta escalera que parece interminable para poder llegar a casa.
 Servín nos muestra una ciudad en la que muchos de nosotros hemos vivido, crecido, reproducido y, muy probablemente, en la cual moriremos. No se queda sólo en la descripción de la fatalidad, nos deja mirar entre las pequeñas fisuras los vínculos de solidaridad que se tejen entre los jugadores de las canchas de frontón en el deportivo Calles o en Tlatelolco, en las cantinas de la zona de la merced como la Muñeca, en donde van a desayunar desde diableros hasta chineros y vendedores de lotería; gestos de fraternidad que se tejen entre alumnos en una escuela secundaria publica que no les dará ninguna preparación para tener un futuro prometedor; el amor que se va revelando en la tragedia de perder a un hermano y quedarte completamente solo en esta ciudad. Pero, sobre todo, el libro de Servín transpira y genera la identidad necesaria que nos permite reconocernos en los personajes de las crónicas, sabernos habitantes de los lugares que se describen y responder a la pregunta que lanza en el texto, que es todo esto lo que nos permite reconocernos en esta muy noble y ñera ciudad de México: ¿Cómo reconocerse en una ciudad que apenas te permite regresar a casa ileso?

 Esperanza
A todos nos ha pasado que sentimos perder el rumbo, sentimos que la vida que hemos elegido vivir carece de sentido y todo a nuestro alrededor nos parece igual de vacío, resultado de una concatenación de malas decisiones. D.F. Confidencial me ha dado un poco de esperanza y confianza en lo que hago, en lo que leo. Me dice que merece la pena contar historias que casi no se cuentan, de la otra ciudad, la que no es turística y, parafraseando a Servín después de leerlo, me parece que vale la pena “salir de casa así sea únicamente para comprar cigarrillos o pasear a mi perro.” Aunque a veces […] “ganas no me faltan de encerrarme para siempre y renunciar a todo.”
D.F Confidencial lo edita Almadia y los hijos de Sánchez está escrito por Oscar Lewis.