Los deportes burocráticos

Como ocurre con las personas, no todos los deportes son iguales: algunos son mejores que otros. Pero para llegar a conclusiones sobre lo bueno, siempre tan relativo, necesitamos comenzar a pensar a partir de conceptos mucho más mundanos, medibles y hasta despreciables: el tiempo y el dinero. Ese ejercicio nos conducirá irremediablemente a una primera revelación: existen deportes que son burocráticos y deportes que no lo son.

Los “No Burocráticos” son aquellos que permiten ser practicados de inmediato, por cualquiera y en cualquier lugar. Estamos hablando de deportes simples y directos, accesibles al hombre de a pie, que no requieren ni tiempo ni dinero: correr, la danza, el fútbol, el vóley, las artes marciales, etc. Tomemos el caso del fútbol, el deporte más popular del mundo: se puede jugar de a uno, de a dos o de a cien; con una pelota, con una naranja o con una lata; en el patio, en la calle o en la playa; de día o de noche, con lluvia o sin ella. Estos deportes generosos son también conocidos también como “deportes nobles” o “deportes democráticos”.

Por el contrario, los “Burocráticos” son aquellos que requieren tiempo y/o dinero para ser practicados. Y por lo tanto, asiduos marginadores de las grandes mayorías. Podemos imaginar varios de ellos sin esfuerzo –aunque la verdad, comienzo a cansarme tan sólo de imaginarlos- y comenzar a degustar su inconfundible sabor artificial. Si además de imaginarlos comenzamos a analizarlos, encontraremos que los Burocráticos pueden ser divididos en tres sub-categorías, que se ordenan de menos burocrático a más burocrático de la siguiente manera: los burocráticos temporales, los burocráticos dinerarios y los burocráticos totales.

Veamos el primer escalón de la pirámide burocrática: los “Burocráticos Temporales” son aquellos que requieren tiempo para ser practicados. Se trata de deportes que nos demandan preparación, ya sea porque necesitamos esperar el momento oportuno (turno, clima, adversario, etc.), ya sea porque nos exige movilizarnos hasta el lugar adecuado para hacerlo (a un espacio acuático, a una montaña, a una cancha, etc.). Tomemos por ejemplo la escalada (es decir, escalar pendientes pronunciadas): a menos que vivamos en la montaña, tendremos que invertir tiempo (horas, quizás días) en movilizarnos hasta allí; o, peor aún, tendremos que pedir un turno en esos galpones especiales de práctica llamados “palestras” (hasta el nombre es burocrático), movilizarnos hasta allí y finalmente pagar por el uso del lugar. Moviéndonos inconscientemente –y bien sabemos que la inconsciencia no anula las consecuencias- hacia el mundo de los deportes burocráticos dinerarios.

Segundo escalón: los “Burocráticos Dinerarios” son aquellos que requieren dinero para ser practicados. Estamos hablando de deportes que demandan capacitación, equipamiento, viajes, transporte, accesos, etc. No demos más vueltas: hablamos de ski, windsurf, buceo, aladeltismo y todos esos deportes que surgen inevitablemente cuando los salarios elevados y el aburrimiento finalmente se cruzan. Son muchas veces utilizados –no siempre- para diferenciarse socialmente y/o como tema de conversación.

Para terminar, veamos el último escalón: los “Burocráticos Totales” son aquellos que pertenecen simultáneamente a los Burocráticos Temporales y a los Burocráticos Dinerarios. Por la “Segunda Ley” (que conoceremos en instantes), son prácticamente los mismos que los Burocráticos Dinerarios, pero con sutiles diferencias: el buceo, la náutica, el automovilismo, etc.; pero no, por ejemplo, el ciclismo. Siempre que estemos en la búsqueda de la felicidad, debemos evitarlos. La única cosa peor que practicar un Burocrático Total consiste en no practicar ningún deporte.

Si algo ha dado prestigio a la “Teoría de los Deportes Burocráticos” ha sido el visto bueno de Peter Epr, el notable pensador germano, que además ha realizado algunos desarrollos posteriores sobre el tema, entre los cuales se destacan “Las Tres Leyes Fundamentales de Epr sobre los Deportes Burocráticos”, conocidas en el ambiente simplemente como “Las Leyes de Epr”.

La “Primera Ley de Epr” establece que los Burocráticos, dentro de cualquiera de las sub-categorías, tampoco son todos iguales: pueden ser de baja intensidad o de alta intensidad, según el nivel de tiempo y/o dinero que nos demanden. Por ejemplo, el motociclismo es de mayor intensidad que el ciclismo. Es por ello que, condenados a una categoría, los de baja intensidad son preferibles.

La “Segunda Ley de Epr” establece que un Burocrático Dinerario es también, casi siempre, un Burocrático Temporal. Esto no se basa en la extendida idea de que “el tiempo es dinero”, ya que si así fuera el inverso sería también verdadero, algo que no se verifica. Las razones, en cambio, deben buscarse en que todo lo que demanda dinero (por ejemplo, equipamiento) también demanda tiempo de preparación, mantenimiento, traslado, etc.

La “Tercera Ley de Epr” establece que los deportes pueden ser burocráticos (y además, de diferente tipo y de diferente intensidad) o no dependiendo del contexto. Es el caso, por ejemplo, de la natación: si vivimos frente a una arenosa playa en Ecuador entonces -además de ser felices- estaremos hablando de un No Burocrático. Pero si vivimos en Buenos Aires y tenemos que ir a una pileta, la natación nos demandará tiempo (anotarse en el club, hacer la revisión médica, preparar el bolso, cambiarse, etc.) y dinero (pagar el club), convirtiéndose en un Burocrático Total, aunque de baja intensidad.

Es importante comprender que los Burocráticos pertenecen a la categoría de “lujo”: no todos tenemos el tiempo ni el dinero para dedicarnos voluntariamente a una actividad burocrática. Como un automóvil caro o una casa cara. Y cuanto más asciende el deporte en la escala de la burocracia y mayor es la intensidad dentro de esa escala, entonces mayor es el lujo del que estamos hablando. Más allá de las críticas morales y filosóficas a los lujos que podamos tener, éstos tienen un problema más práctico: aplicado al mundo de los deportes, atenta contra nuestra libertad de practicarlos.

Sí, los Burocráticos limitan nuestra libertad de práctica, ya que por definición requieren de más y mayores pre-condiciones, varias de las cuales pueden no depender de nosotros. A esto debe añadirse que los Burocráticos cuentan con menos personas que los practican, lo cual no sólo probablemente nos dificultará la propia práctica, sino que también nos limitará la valiosa dimensión social que la práctica del deporte compartido nos ofrece.

Por lo tanto, como conclusión general, a menos que sintamos una genuina e inmanejable pasión por la motonáutica u otros deportes por el estilo (lo cual me parece francamente improbable), lo más sabio será no comenzar a practicar Burocráticos o, si ya hemos cometido el error de haber comenzado, dejarlos de lado cuanto antes. Y en su lugar, escoger un deporte simple, noble y democrático, que podamos practicar siempre y con todos.