Querida Julia

Querida Julia,

Estuve leyendo tu cuento con suma curiosidad y atención. Hacía bastante que no leía algo escrito por alguien de nueve años. Posiblemente, la última vez que lo hice fue cuando tu papá todavía era joven, estaba en forma y tenía ideales. Dios mío, fue hace muchísimo tiempo.

Antes que nada, te felicito por la iniciativa de escribir, una de las formas de pensar. ¿Pensar para qué? Para entender. Y entender, para actuar. Espero que nunca pierdas la espontaneidad de hacerlo, ni la frescura de tus ideas, ni la libertad para compartirlas. El mundo necesita de perspectivas, de inspiración, y siempre habrá alguien ansioso de conocer las tuyas.

La verdad es que las fotos que saqué de tus hojas, para leerlas después, no salieron del todo bien y me resultó difícil entender algunas palabras, pero me quedó claro el concepto general. Eso es, después de todo, lo importante. Mucho más preocupante hubiera sido el caso inverso, bastante usual en los días que corren.

Te felicito, entonces, por no dejar que tu idea general, la esencia de tu relato, sea contaminada por discusiones secundarias, detalles innecesarios o, peor aún, rencores personales. No solo porque distraerían a los lectores de las cuestiones principales, sino también porque pondrían en duda la consistencia, profundidad y credibilidad de tus palabras.

También es para destacar tu coherencia -que no sé de dónde has sacado- en la estructura, la historia y las ideas. Ideas que lográs presentar de manera sutil, casi entre líneas, lo cual es muy bueno, ya que la claridad no tiene por qué significar brutalidad, aunque tu papá nunca lo haya comprendido. La autenticidad, el ingenio y la belleza son, casi siempre, vehículos mucho más potentes para penetrar el alma de los demás.

Encontré en tu cuento ideas interesantes y me pareció muy bien que las organices por capítulos. Esto ayuda al lector a comprenderlas mejor, y también a volver sobre ellas más adelante. Muchos escritores se jactan de no pensar en sus lectores cuando desarrollan su obra. Yo creo que si tenés algo para decir, entonces debe importarte que sea comprendido. Si no, mejor dedicarse a otra cosa; como tu papá, que se dedica a la especulación y tiene, al menos, la deferencia de no andar escribiendo por ahí.

Por supuesto, pensar en los lectores no significa alterar tus ideas, sino buscar la forma de compartirlas de la manera más clara, natural y vibrante posible. No se trata de complacerlos, sino de ayudarlos a ver lo que estás tratando de decirles.

Me gustaron mucho algunas ocurrencias, como la de “los renos charlaban animadísimos”. También me gustó el capítulo 4, de tan solo seis palabras. Porque, casi siempre, lo fundamental es mejor decirlo en pocas palabras.

Tu estilo joven, directo y desprejuiciado fue como una bocanada de aire fresco en medio de los permanentes lugares comunes, rodeos y artificios a los que tantos nos someten, quizás sin intención, cada día. Me pone muy feliz que tu esfuerzo personal haya logrado sobreponerse a la vara rectora, muchas veces inevitable, de los genes paternos.

Por favor, pedile a tu papá que te compre un cuaderno decente, en lugar de darte fichas de salud en blanco, posiblemente robadas de la clínica. Si bien esas fichas mal habidas pueden ser una buena idea para trabajar en un borrador, un cuaderno es una forma mucho más consistente de presentar la versión final de tu cuento. Si él no accede a realizar esta pequeña inversión -lo cual no me extrañaría-, no dudes en avisarme y te regalaré uno.

Otra idea que podés experimentar es tipear la historia en la compu, para lograr una mayor claridad de lectura por parte de los demás y para jugar a ajustar la redacción con mayor facilidad. Dado que tu papá sabía algo de computación en un pasado remoto, cuando no tenía más remedio que ganarse la vida haciendo algo útil para los demás, confío en que podrá ayudarte a utilizar el procesador de textos. Si eso fuera pedirle demasiado, podés sugerirle el editor básico de notas. Con el texto pasado a la compu, además, vas a poder compartirlo vía email o publicarlo en un blog para que todo el mundo pueda leerlo.

Y hablando de leer, recuerdo que me contaste que te gusta mucho leer. Eso me parece muy positivo y espero que lo sigas haciendo, aunque sin exageración, ya que no se trata de convertir la lectura en entretenimiento, una de las tantas formas de no pensar, sino en una fuente de ideas y perspectivas, que sirvan para alimentar o complementar las propias. No es que sea malo hacer de la lectura un entretenimiento, pero es importante tenerlo claro desde un comienzo. Especialmente si querés continuar escribiendo. En ese caso -aunque parezca obvio decirlo- es mucho más importante escribir que leer. Y mucho más importante que escribir es, antes, ser capaz de generar tus propios pensamientos.

Podría seguir extendiéndome en observaciones sobre tu escrito, la escritura y la literatura, pero no siempre más es mejor.

Te mando un beso y te deseo lo mejor.

Juanma