Sentimientos encontrados…
Después de vivir y trabajar estos tres últimos años en Cuba conociendo de cerca el modo de vida real y cotidiano del pueblo cubano, todo este proceso de “normalización” de relaciones con Estados Unidos y la inminente visita del presidente Obama, suscitan en mí sentimientos muy encontrados.
No hay situación socio-política mundial adversa que avale la ya deriva impasible de la revolución cubana durante más de cinco décadas. Lo que fue Cuba no era deseable, lo que es hoy dejó de ser justificable hace muchos lustros; la deplorable situación material y, sobre todo, espiritual, en que se encuentra el pueblo de Cuba hoy no tiene ya su razón de ser en legítimas ansias de cambio, fruto de la incomprensión de un mundo ensordecido por el capitalismo… No, en Cuba los mayores que aun recuerdan otros tiempos no mueren con tristeza y dolor de corazón por la indiferencia del mundo; los más jóvenes no se marchan o desean marcharse por la axfixia que bloquea desde fuera sus más nobles y legítimas aspiraciones de su proyecto de vida… No, la tristeza y la huída tienen su razón de ser en el absurdo de un sistema que sacraliza inercias antiguas y se glorifica a sí mismo sin importarle que su verdadero protagonista, el pueblo de Cuba, haya dejado de serlo hace tiempo. De modo que es Estados Unidos quien se abre a Cuba; Cuba aun permanecerá mucho tiempo haciendo cálculos siniestros sobre la supervivencia de un absurdo. Los sucesos de los últimos tiempos, desde la visita de san Juan Pablo II, proporcionan aire fresco y prestigio inmerecido a un clase dirigente que sólo cree en sí misma y prepara su supervivencia más allá del apellido Castro. Ya no hay glorias que vender; en Cuba, sanidad y educación aun se consideran dádiva y logro revolucionario de un gobierno de avanzada; hoy, por cierto, muy maltrechas, obsoletas y quebradas… No, la visita del presidente Obama abre puertas y ventanas ajenas a una clase dirigente que tiene las suyas muy bien prevenidas sobre el paisaje que el cubano de tierra adentro de la Isla debe ver.
Por otra parte, aun retengo muchos rostros, muchos sucedidos de vida con personas concretas, muchas de ellas sólidos creyentes, que se afanan por mantener alta la dignidad personal y nacional en medio de mil luchas, adversidades, enojos y cercos de miradas que observan para ganarse alguna prevenda con la denuncia al vecino, al amigo o al pariente. Por esas personas y su lucha callada y noble en favor de una esperanza verdaderamente revolucionaria para la nación, para la fe católica y las aspiraciones más legítima de cada vida personal… Sí, bienvenidos estos pasos que hacen cada vez menos justificable la permanencia de un sistema de gobierno carente de verdadera legitimidad democrática, social y moral.
Esperemos que estos acontecimientos inéditos tranformen la resignación a que la deriva natural extinga los rescoldos de las promesas incumplidas por decenios, por la fuerza visible de un pueblo que transforme sus decepciones en impulsos para el logro pacífico pero sostenido y audible de un tiempo nuevo, un orden social nuevo, una Cuba nueva.