La crueldad de la representación

Desconfiar de la Representación es una tarea menos difícil desde La crueldad de los animales, que expone a los cuerpos ya en la entrada a la sala, con actores y actrices por desgarrarse, espectadores desamparados, previa a un juego que sin escándalo irá en ida y vuelta de escena a público y vuelta a escena, mejor que cualquier teoría del espejo hubiera podido elaborar.

El texto escrito por Juan Ignacio Fernández jamás se ve representado, es una escritura que está interferida. El elenco no representa e incluso no interpreta — si quedara algún buen uso de esa palabra. Quienes prestan el cuerpo en esos trises hallan otra manera de hacer teatro sólo posible luego de una búsqueda semejante. La dirección de Guillermo Cacace resuelve con ingeniería del espacio — si no existe ese título otórgenselo honoris causa, por favor — cómo llegar a un estar en común de sensibilidades amplificadas, que no se pueden contener en un cuerpo y provocan la dislocación de un dolor que nunca cede, sólo se calma como vértigo apaciguado.

La crueldad escenifica la distancia no como una cuestión de tacto sino de piel, donde lo sutil de un movimiento y lo imperceptible de un gesto descodifica sin código cuerpos sin caparazón, estableciendo nuevas relaciones entre piel y lenguaje, adentro y afuera, violencia y recepción. Escenas se desdoblan para despedazar la lógica colectiva (¿existe eso?) de una (a)puesta tan bien dirigida como iluminada, tan bien iluminada como escenografiada.

La obra, o lo que a esta altura podemos llamar antiobra, no transcurre en minutos sino en una sucesión de buenas decisiones apuntadas a que se cuente sin nombrar, a que se presencie sin representar, incluso, que se pueda tolerar una vez más un título con la palabra “animales”, que cualquiera hubiera imaginado agotado después de las portentosas El pasado es un animal grotesco (2010) y Pudor en animales de invierno (2011).

Menor importancia tiene señalar “la inexistencia de la cuarta pared” o “la invención de un teatro”; toda posibilidad de hablar así queda desbaratada. Lo que sucede porta quizá tan sólo un privilegio, estar en el mundo sabiendo lo que algunos conocen: lo que no se dice no se puede callar. El misterio está en cómo se trabaja sin atravesamientos morales lo que Barthes llamó ideología despreciativa del cuerpo, en funciones indeterminadas hasta el final de cada una que tampoco termina, haciendo de eso (quizá por eso mismo) una acción sanadora.

La crueldad de los animales está en cartelera como resistencia política y como oportunidad exclusiva para estar próximo a una epidermis minuciosamente envuelta de distancia, encuadrada en una obra que a la vez se puede ver como película que se puede ver como obra que se puede ver como realidad pero que no se puede ver como historia.

La crueldad de los animales, de Juan Ignacio Fernández. Elenco: Denisse Van der Ploeg, Fernando Contigiani García, Gaby Ferrero, Sebastián Villacorta, Iván Moschner, Ana María Castel, Esteban Kukuriczka, Sabrina Marcantonio, Nacho Vavassori, Héctor Bordoni. Dirección: Guillermo Cacace. Teatro Nacional Cervantes. Entradas en la boletería del teatro (Libertad 815), por Ticketek o en carteleras Lavalle / Única / Baires.