#BP: Hora de aventura


Ismael, empleado responsable y puntual, fue nuestro guía en esta aventura, siendo el principal artífice de nuestra diversión, así como Javier lo fue de nuestra relación amorosa.

Nos subimos a una combi sin posibilidad de cargar un mate con nosotros (¡no hacíamos a tiempo!) y nos dirigimos al primer destino, la Quebrada de las Conchas. Paulatinamente, fuimos charlando cada vez menos entre las distintas paradas, así que aproveché para robarte comentarios y alguna risa en los primeros minutos de viaje.

Tengo la sensación de que es innecesario enfocar esta parte del relato en el recorrido formal de estas reservas naturales, así que voy a contarte un poquito más sobre qué fue lo que sentí, a ver si estás de acuerdo con eso.

¿Qué sentí estando allá con vos? Básicamente, tuve una sensación de “aventura” que no había experimentado al lado tuyo hasta ese entonces. Nos encontramos viendo juntos unos paisajes increíbles, caminando y aprendiendo de la historia de nuestro país: parece mentira que paisajes como éstos hayan estado formándose hace millones de años por la erosión que ocasionó el agua, cuando da la sensación de que fueron tallados por un escultor muy detallista.

Fue impresionante encontrar paisajes tan disímiles en un mismo lugar: árido y rojo a nuestra derecha, frondoso y húmedo a nuestra izquierda. En lugares así, siento que adquiero un nivel de abstracción superior a cualquier otro que pueda alcanzar en la ciudad, abriendo mi corazón y toda mi percepción al arte…

Si no me falla la memoria, vimos la Quebrada de las Conchas, el Obelisco, las Tres Cruces, el Anfiteatro, la Garganta del Diablo… Como sé que me falla la memoria, sé que vimos más cosas. Pero no recuerdo cuáles fueron por su nombre. Hay un recuerdo que siempre voy a atesorar, que es el momento en el que contestaste que querías formar parte del grupo que iba a atravesar el sendero de abajo, sin trepar. ¿Por qué hiciste eso? Porque a mí no iba a sentarme bien la altura. Jamás voy a olvidar cómo me cuidaste este viaje, porque me mostró lo maravillosa que sos como novia.

Yo puedo visitar cualquier paisaje del mundo pero nada va a ser tan gratificante como verlo con vos al lado mío, poniendo caras de reprobación como la que estás haciendo en esta foto, ante mi enésima mueca de esa tarde. Estar con vos es una garantía de que voy a divertirme y de que la tarde va a ser linda. En la medida de lo posible, si puedo elegir, quisiera que no me faltes nunca más si estoy de viaje. ¡Ya veremos si querés acompañarme en las próximas “aventuras”!

Por lo pronto, no olvides que tenemos un recorrido europeo marcado a fuego en nuestra agenda:

La migraña posterior a nuestro primer recorrido backpacker te dejó muy cansada, habilitada únicamente a comer los tacos que fui a buscar a la cocina del hostel. Me encantó ser quien pudiera taparte, llevarte la cena a la cama y quien tuvo el privilegio de apagar las luces temprano para dormir al tu lado. ¿Cuál era la necesidad de acostarnos tarde? ¡Nos esperaba un largo viaje, con Tilcara como destino!