Sobre el final de Adventure Time
Hasta su episodio final, nunca pensé que podría poner a Adventure Time como una de mis series favoritas. Pero aquí estoy, apenas unos días después de la emisión de “Come Along with Me” y no he dejado de pensar en todo lo que es AT.
Una serie videojuego.



Una serie sobre la demencia, el recuerdo y el olvido.
Una serie sobre la pérdida física y emocional.

Pero más importante, es una serie sobre aprender (y aprehender) la infancia. Lo veo particularmente con dos personajes: Jake y BMO.
Hay muchos personajes de AT con los que me gustaría pasar una eternidad (Peppermint Butler, Lumpy Space Princess, Billy, Ice King), pero Jake y BMO fueron mis puentes emocionales. Ambos comparten un lazo de hermandad con Finn, el protagonista principal. Jake es el hermano mayor que durante la serie forma una familia y eso cambia radicalmente su comportamiento ante el mundo, particularmente en lo que refiere a sus aventuras. Además, sus poderes de elasticidad lo hacen una herramienta perfecta para los creativos de la serie, un personaje más cercano a Plastic Man que a Mr. Fantastic:

BMO, en cambio, es el hermano pequeño. Su función en la serie es ser un recuerdo constante de la infancia. Me pega mucho más porque cuando pienso en mi niñez sólo logro pensar en mi Game Boy y en todas las horas que pasé jugando Pokémon. Aun así, BMO no es sólo la idealización de la infancia, a través de él se tocan temas importantes como la soledad y el significado de crecer. Estos dos monólogos, en particular, rompen mi corazón:
No imagino lo difícil que debió ser escribir el final de AT. No sólo porque escribir finales sea complejo, sino porque AT fue siempre una serie de muchas caras y cualquier final debía serle fiel al mensaje de la historia. Creo que lo hizo. AT demostró ser fiel a sí misma: una fábula sobre el poder, la corrupción, el bien y el mal, la familia, los amigos, las aventuras y, acaso más importante, los ciclos. Con AT cierra lo que, creo, será una de las piezas fundamentales para la generación Z.
Muero de envidia.

