Fútbol con ideas, por favor

Desde pequeño he sido un obsesionado del fútbol, concretamente del fútbol sala. Intentaba aprender de todas las maneras posibles: practicaba, veía y leía sobre él. Cuando le dedicas tantas horas es porque realmente te gusta.

Desde mi punto de vista, lo más excitante del proceso deportivo es cuando eres capaz de transmitir tu concepto de fútbol o de cualquier otro deporte a otras personas, pero el problema está cuando no planteamos ideas o mecanizamos el juego.

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Esto trata sobre la diferencia de entrenadores tan grande que existe en el fútbol sala formativo, lo cual no deja de ser un problema donde se genera una descompensación enorme: los jugadores salen muy bien o muy mal parados, sin punto intermedio.

La tensión dentro de la problemática se encuentra cuando los jugadores mal parados acaban así debido a su incapacidad de reflexión dentro de la pista, tanto a nivel táctico como individual. Es muy triste, pero lo cierto es que no es únicamente su responsabilidad, sino que también la nuestra como entrenadores.

El fútbol sala no deja de ser un deporte sencillo con unos sistemas muy complejos, por eso es nuestra obligación como uno de los líderes del grupo (porque hay jugadores con carácter de líder) ofrecer una visión amplia del juego: cuestionarnos a qué queremos jugar, los pros y contras, buscar los mecanismos adecuados y adaptados al grupo y apoyar la toma de decisiones.

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Al fin y al cabo, el fútbol sala es como la vida: debemos tomar nuestras propias decisiones. Y la gran decadencia que nos llegamos a encontrar a nivel formativo es precisamente por la falta de entrenadores que apoyen la toma de decisiones desde edades tempranas.

Es difícil conseguir que un grupo de benjamines hablen entre ellos para intentar organizarse, pero eso no nos excusa como responsables del grupo (y aún más tratándose de niños y niñas) dejar de lado este trabajo que les asegurará muchos minutos dentro de la pista en el futuro.

Da igual si hacemos movimiento de tres, si salimos de dos, o si simplemente buscamos jugar alrededor del pívot mediante pelotas profundas, lo importante es transmitir tu visión del fútbol sala y acompañarla de libertad ofensiva para fomentar la toma de decisiones.

Es muy difícil hacer jugar a un equipo de una manera casi perfecta o muy ordenada en pequeñas edades, y cuando un conjunto lo consigue desde luego que el entrenador tiene mérito por haberlo conseguido.

No obstante, dar con la tecla en un grupo no es un motivo para no seguir introduciendo nuevos conceptos a nivel táctico o para dejar de trabajar la lectura de partido. En el mismo momento en el que nos damos por satisfechos y apartamos la evolución personal de los jugadores, estamos fomentando una actitud conservadora que acabará en un futuro estancamiento.

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A nadie le gusta ver en cadetes e incluso juveniles jugadores que están más rato observando a su entrenador para saber qué tienen que hacer dentro de la pista que no del balón. Es mucho más placentero observar dos voces dentro del mismo banquillo debatir, analizar la situación y llegar a una conclusión improvisada (pero a la vez elaborada) totalmente diferente del primer plan para poder obtener un resultado a favor. Esto se aprende a lo largo del tiempo si se trabaja desde bien pequeños.

Toma de decisiones, lectura de partido… Son conceptos bonitos de oír y ver, pero difíciles de trabajar. Como todo, asimilar estos aspectos se consigue a base de práctica en cada entreno con ejercicios preparados para ello. Da igual el tipo de actividad, pero soy un firme creyente en que, si se trabaja cada día de entrenamiento estos ámbitos, se pueden obtener grandes resultados a largo plazo.

Y es que, delante de este trabajo, el mayor enemigo son los objetivos a corto plazo. En edades tempranas los jugadores son más fáciles de moldear a una idea de fútbol sala, pero a la vez más complejos de tratar si realmente queremos un trabajo pulido. Al fin y al cabo, las etapas de formación tienen como objetivo como bien dice su propio nombre formar a los jugadores, es decir, hacerles evolucionar.

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Me da igual que hayas conseguido hacer que tu equipo haga perfectamente las paralelas, o que hayas sido el primero de tu respectiva liga. Si eres incapaz de transmitir una idea de fútbol sala y de dar la libertad a tus componentes de decidir en la pista y proponer nuevos pensamientos, me pareces un mal entrenador.

Podemos ganar algunas ligas gracias a un juego físico y de constantes transiciones, pero a la larga, personalmente creo que el valor del buen entrenador reside en ser capaz de haber hecho evolucionar tanto futbolísticamente como humanamente a nuestros jugadores. Quién sabe si en un futuro estas personas serán otros portavoces de nuestra lectura del fútbol sala e incluso unos revolucionarios que la mejoren.

“Un buen entrenador debe acercar al jugador a su máximo potencial, o descubrirlo. Esa es su principal función y la que debe ocuparlo todos los días en su trabajo.” — Marcelo Bielsa