Voto castigo y voto premio

Ya cerrados los comicios hace casi 24 horas y siendo una realidad que dentro de poco menos de un mes se definen las presidenciales en Argentina entre los dos candidatos que sacaron aproximadamente el 80% de los votos entre ambos, puede verse como pocas veces antes las repercusiones entre los ciudadanos gracias a la masividad de las redes sociales.

Es posible, que tras 8 años de gobierno de Cristina Fernandez, no haya tenido fracaso más rotundo que haber dejado una nación dividida 50/50. Es imposible para cualquier persona más allá de sus ideas, convicciones o capacidades, conducir un país en el que el 50% de la gente prefiere que al otro bando le vaya mal incluso más que intentar beneficiarse de a quien criticaba meses atrás. Por eso se da hoy tan a las claras el famoso “voto castigo”.

Ahora bien, el voto castigo (aplicado hacia el oficialismo nacional para bajarlos del poder) sólo tiene como objetivo una persona o a lo sumo su círculo más inmediato, y más importante aún, es un castigo que se ejecuta una vez y cuyas repercusiones duran (mínimo) 4 años. Entonces, supongamos que el castigo a Fernandez es volcar los votos al candidato más aparentemente opuesto, en este caso Mauricio Macri, damos vuelta la tortilla de una postura hacia la otra.

Pero el otro lado de la moneda, el votar a favor del oficialismo era darle el “voto premio” al gobierno actual, de la mano de Daniel Scioli. Nuevamente la misma lógica: es un mimo de una vez, y sigue por 4 años.

Hay muchos problemas en esta forma de pensar, o más bien de votar, que pueden acarrear graves consecuencias de cara a los próximos 4 años, a saber:

  • Llegar nuevamente a una situación de voto bipartidista, ensanchando la brecha entre los ciudadanos y alejándose del consenso popular. Esto hace que gane quien gane, haya una gran masa disconforme.
  • En este caso puntual, creer falsamente que las posturas políticas son opuestas, cuando la decisión ahora es votar un modelo de derecha neoliberal o al otro. ¿Cómo nos fue con eso en el pasado? En economía, un empate 1 a 1 significó que perdimos.
  • El casarse con un partido para convencerse a uno mismo de que lo que piensa el otro está bien, ensalsando lo bueno y negando lo malo. Porque si no lo veo entonces no me siento responsable. Mientras tanto elijamos entre el espionaje o la represión en el borda pasando por la misoginia pública, y borrarse de tu jurisdicción durante una inundación o negar el rol de tu policía en la desaparición de pibes en las villas del conurbano.
  • Si un hincha de Boca dice que Gallardo es un gran técnico, está siendo objetivo, no es menos bostero por eso. Salir a reconocer de manera objetiva que un ícono de la vereda de enfrente también puede tener logros así como el tuyo puede tener flaquezas no es debilidad, al contrario.
  • Los comentarios como “Prefiero votar a Macri a que gane el Kirchnerismo” dejan en evidencia que las encuestas y las tendencias populares son inventos de los medios, que luego se convierten en un círculo vicioso que retroalimenta a los partidos que lideran las mismas. Si el candidato que votaste gana no va a haber una rifa entre los que lo votaron por ningún premio, no ganamos por que votamos al que ganó. Sí por votar con convicción a quien creemos que es mejor para todos y no para unos.

Pase lo que pase de acá al fin del mandato del actual gobierno, habría que analizar lo que dejen estas elecciones y apuntar al consenso y el entendimiento entre las partes. La chicana y el lamento en facebook y twitter no van a sacar la cosa a flote, y sí nos alejan de la posibilidad de todo diálogo. Al final, el que gane deberá juntarse con todos los de abajo y rescatar lo positivo de manera que no sólo pierda apatía de los demás votantes sino que incluso logre cierta aceptación. Al fin y al cabo, estamos todos en la misma, es más práctico sea quien sea el capitán, que todos remen para el mismo lado porque si se hunde el barco, los que se joden son todos, no la mitad que lo votó. Así que la cobardía del “yo no lo voté” van a terminar teniéndo que metersela en el culo cuando pase lo que tenga que pasar, y lo mismo con el conformismo y la verguenza de tener que reconocerse partícipe y culpable de las falencias que tenga (y serán muchísimas) quien dirija desde 2016.

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