Ella…

El día 29 de septiembre, suele marcarse en mi calendario como la celebración de mi nacimiento o lo que llamamos comúnmente como “cumpleaños”. Tendré que decir que por supuesto y como generalmente ocurre, cada cumpleaños tiene su toque especial y es único para mí pero el 2013, trajo consigo el inicio de una historia que no podría olvidar, una historia cuyo final, no fue un final. Más bien, el inicio de una fantasía sin final. ¡Sí!, y vaya que es confuso pero no podría describirlo de otra manera.
Ésta es mi primera historia en ésta red y confieso que no pienso en otra cosa más que en su mirada y en todo lo que me inspira y me ha inspirado desde siempre. Seguro que el mejor inicio en mi “Medium” será escribir sobre su arribo a mi vida y de cómo, aunque se alejó, regresó para quedarse eternamente.


Parte I

Transcurría el mes de Julio del año 2013. El recién rompimiento de una relación un poco compleja, me acompañaba por esos días así que me dediqué a ese amor que nunca me ha abandonado: la música. Recuerdo haberla visto en alguna ocasión pero no recuerdo que mis ojos se fijaran en ella como aquella noche. Yo estaba en tarima, tocando algunas canciones en la iglesia cristiana a la que pertenezco y a la que por supuesto, ella también pertenece; en un breve recorrido visual al público, no pude evitar sentir ese pálpito un poco extraño al verla. Ella en cambio jamás me miró, jamás me vio, jamás notó mi acosadora forma de seducirle sin hablar, jamás supo lo que yo tampoco sabía y es que eso, de que el corazón se manda solo, definitivamente es real: ¡ay corazón, tú y tu rebeldía sin igual!
Por demás no es mucho lo que pueda mencionar, aunque no podría evitar describir tal imagen que ni el tiempo, ni la distancia borrarán. Su piel, de un tenue color canela sin llegar al estupor exagerado de un fuerte bronceado. Sus manos, iban de aquí para allá como el péndulo de una hipnosis en la que caí lentamente y el corazón definitivamente me delató cuando llegué a su rostro; sus ojos como de ángel, se posaron en los míos y aunque evité como un cobarde su mirada, parecía que el corazón obtenía gallardía y valor demostrando el valiente que nunca ha sido, que nunca fue y probablemente, nunca será. Esos arrebatos del corazón, esos son los que hacen sentirnos vivos, su extraña rebeldía y esa rivalidad constante con la razón, son las cosas que dan la magia a la monotonía de vivir. Un sólo instante, ese solo instante que sin mal no recuerdo no duró más de 10 segundos, marcó para siempre mi vida porque desde ese momento, le pertenecí…


Parte II

Esa noche pensé en ella incansablemente. Se escuchaban en mi habitación, varias canciones románticas que al azar elegí; como por arte de magia, el posible dolor que la reciente ruptura amorosa me habría dejado, despareció. Solo pensaba en ella. En sus ojos enormes, brillantes, profundos y llenos de tantas cosas por comprender. Como me hubiera gustado, navegar aquella noche en ellos; conocer y disfrutar cada una de sus sonrisas, sus sensaciones, sus pensamientos, sus tristezas y derrotas, su vida que desconocía pero de la cual, quería hacer parte; no mentiré diciendo que no pude dormir pensando en ella, pero al menos hasta el momento de tomar un sueño profundo, mis pensamientos le fueron dedicados hasta lo más íntimo y secreto. El despertar de un domingo soleado llegó y como si mi agenda lo hubiera apuntado de manera precisa, el pendiente de la noche anterior, regresó a mis pensamientos: ella.
Llegué muy temprano a la iglesia y allí estaba ella. Ya había cruzado muchas veces por su lado sin embargo, no como aquel día. Aquella mañana me detuve de forma precisa y planeada para sentir su aroma y su esencia tan cerca de mí. Por supuesto, fue un plan perfecto y no fui atrapado en tan intrépida hazaña aunque ahora, no era solo mi corazón quien la buscaba, también mi ser la deseaba. Mi ubicación en tarima, también estratégica, me permitió observarle durante todo el servicio sin ser notado. Al finalizar la jornada, intenté inútilmente acercarme a ella y por primera vez saludarle, escucharle y posiblemente estrechar su mano pero, parecía huir del asecho social. No era muy conversadora, su mirada aunque hermosa, se conservaba rígida ante personajes desconocidos y yo, era un desconocido.
Para mi fortuna y sin desear entrar en detalles no necesarios para la comprensión de la historia, pronto la situación nos llevaría a trabajar juntos en cuestiones de la iglesia siendo esa, la excusa perfecta para llevar cualquier conversación, un poco más allá. Aprendí de su vida, de su labor diaria y de su pasión por Dios (en ese sentido, teníamos todo en común) sin embargo, continuaba siendo un tanto reservada, lo que no me ayudaba mucho al progreso de mi objetivo.
Día fatal: “no tengo novio…”, una de mis preguntas fue resuelta con esas palabras. Luego, fueron complementadas con una frase un poco fría, aguda y punzante: “soy casada”. Y así, la conocí…


Parte III

No tenía más opción que albergar, su hermosa amistad y no es un sarcasmo. Su amistad, se había convertido en algo tan vital para mi vida que sin notarlo, no había día en que no hablara con ella; siempre me era importante saber si estaba bien o no, si habría descansado la noche anterior, si su desayuno estuvo desabrido, si el agua al bañarse le castigó con látigos helados o si simplemente, en algún momento habría pensado en mí. En todo caso, debía entender que el límite había sido trazado y que ese límite debía respetarlo.
Ella, lo sabía. Sabía que podía confiar en mí y que aquí encontraría mucho más que un simple personaje haciéndose pasar por un ficticio sociólogo capaz de entenderle. Ella sabía que aquí, había un ser humano que vivía las calamidades de la vida diaria igual que ella y que nunca la dejaría ni le abandonaría a pesar de las circunstancias. Sin embargo, debo confesar que mi corazón se resguardó y como un niño miedoso, se convirtió en un eslabón débil que en cualquier momento, se derribaría para ser entregado nuevamente a la soledad. No diré que mi ilusión murió, solo digamos, que se escondió tras la seguridad de mi pecho y allí se refugió como si afuera, hubiera una guerra estruendosa y destructora.
En esas confesiones extrañas que de vez en cuando se nos escapaban, ella dejaba ir un tanto de romance hacía mí y eso que se había escondido, como que se asomaba esperando la seguridad de un amor que ya sabía, no llegaría pero que como tonto, esperaría.
Alguna canción dice “fue la primera vez que su tristeza, me refrescó el alma…” y es que, sus palabras claras me dejaron saber que su vida no era como yo la imaginaba y que su relación, no funcionaba desde hacía mucho tiempo, como debería funcionar. Su valor de dama y princesa, le permitió sacar fuerzas y el respeto que su majestad mi Lady merecía, le hicieron tomar la decisión radical de terminar su relación y ser la mujer libre que debía ser. Dice otra canción que “…cuando el amor se acaba, es mejor cambiarlo en vez de repararlo…”. Sé que ella no buscaba otro amor en su vida, mucho menos en aquella situación, pero si sabía que el día que estuviera lista, mi presencia continuaría allí y ella me vería. No como lo hacía a diario; me vería con el amor de su vida y que yo soñaba ser para siempre. Y así, nace una ilusión…

Y así, nace una ilusión…
Parte IV

Pasaba el tiempo y por supuesto nuestra amistad se hacía más fuerte. Yo podría decir que por esos días, se había convertido en mi mejor amiga. Incluso puedo afirmar que hoy, sigue siendo mi mejor amiga. Hasta el estornudo por mi alergia al frío se lo contaba. Nos llamábamos en repetidas ocasiones durante el día, mensajes de texto, de Whats App, conversaciones extensas y charlas que parecían nunca tener fin; fueron días increíbles y que repetiría sin pensarlo. Nos encantaba tomar café en un lugar que inicialmente fue mi café favorito pero luego, sería el espacio donde nuestra amistad podía ser… ¡sí!, ¡ser!… sin más ni más. Hasta que…
Bien, cierto domingo de Agosto del 2014, ella me invitó a pasar la tarde con algunos muchachos de la iglesia en un evento que se había organizado, en honor a una pareja, que estaba próxima contraer matrimonio. Ella, a diferencia de su servidor, era una mujer activa en aquellas actividades, por lo que mientras estuve un tanto distante de aquella celebración y ella totalmente activa, alguna amiga nuestra a quien llamaremos Dévora, se acercó a mí con ese tinte de coquetería que no se dejaba delatar pero que estaba presente. Yo, solo la veía a ella y mi corazón, palpitaba tan fuerte cuando la tenía cerca que fui sorprendido por nuestra amiga Dévora en pleno suspiro. Su comentario no se hizo esperar: “te traen enamoradito, ¿no amigo?” a lo que yo orgullosamente respondí “un poco amiga… un poco”. Dévora, continuó su intento por entablar una conversación conmigo pero le fue imposible porque yo, ¡ay Dios! estaba perdido en sus sinuosas curvas, en su cabello brillante, sus ojos que me tenían completamente enamorado, sus manos que funcionaban nuevamente como péndulo para hipnotizarme y su piel que me trasladaba a esas grandes ilusiones que mi corazón había resucitado como si nunca, nunca… hubiera sentido temor.
Ella sin embargo, parecía molesta. Algo sucedía y no sabía qué era, lo que me estaba preocupando un poco. Decidí retirarme un instante de aquel recinto y pasados unos cinco o diez minutos, regresé con la sorpresa que ella, se había marchado pero Dévora, esperaba por mí. La busqué un poco desesperado pero parecía que ella tenía cosas más importantes por hacer. Dévora me comentó que ella, parecía enojada por alguna situación y complementó con un comentario un tanto sarcástico: “probablemente porque no la esperaste”. Dicha afirmación, se dejó venir con una sonrisa un poco maliciosa; sin ser prejuicioso, Dévora parecía disfrutar la situación. Yo en cambio, estaba un poco ausente de mí mismo; mi mente y mi alma, se encontraban divagando en cualquier calle solitaria en busca de su mirada, de sus manos hipnóticas, de ella… Eran pasadas las 8 de la noche y Dévora salía a su casa, sola. Su camino a casa transcurría por la misma ruta que yo debía tomar en ese momento, por lo que nos hicimos compañía en el camino. Dévora decidió, comprar algunos alimentos para preparar en su hogar aquella noche y me pidió encarecidamente que le acompañara, a lo que accedí sin inconveniente ya que era un poco tarde y no creí prudente dejarla ir sola. Estábamos caminando y como de costumbre, llevaba mis manos en mis bolsillos; Dévora sin embargo, decidió tomar mi brazo de gancho (no sé con qué objetivo). La situación ya era incómoda por sí misma, así que conservé mis manos en los bolsillos como enviando un mensaje a Dévora buscando que soltara mi brazo. Mensaje no recibido: Dévora continuó aferrada a mi brazo. La sorpresa fue mayúscula cuando a los pocos minutos de éste suceso, a nuestro lado pasa un automóvil con muchísimas personas entre las cuales se encontraba ella. Las burlas de “romance” no se hicieron esperar y la situación fue aún más incómoda para mí. Terminé mi labor de caballero con Dévora y fui de inmediato a mi casa desde donde la llamaría… si, a ella. No podía permitir que la situación la llevara a pensar que mi mente y corazón la habían abandonado; por el contrario, consideraba necesario advertirle pronto, sobre la terrible desgracia de no tenerla.
Claro que su respuesta fue bastante negativa a mi llamada. ¡Por supuesto que sí!, no fue para menos. Era el momento de hacer algo porque no dejaría que ninguna situación, por más simple o compleja que fuera, me alejara de ella. Tenerla, aunque fuera como amiga, no había sido fácil y su valor para mí era incalculable: carajo, la quería con las fuerzas de mi alma… probablemente me estaba enamorando, cada minuto más y más. Sus reclamos fueron un alivio extraño para mi alma y es que, ¡estaba enojada por haber conversado con Dévora!… ¿celos?, señal de interés adicional a la amistad, eso es seguro. Pero si ella no sentía nada más que un “cariño amistosito” por mí, ¿de qué se trataba aquella escena de celos negados?
Lo decidí, “Debo decirte algo… me gustas, me gustas mucho. Todo el tiempo pienso en ti y me gustaría tanto poder hacer parte de tu vida. No sé si eso llegue a pasar algún día. Incluso no sé si me cuelgues el teléfono tan pronto termine de hablar pero, me gustas desde hace mucho tiempo… y te quiero con el alma”.
Silencio incómodo. Pensé que me había colgado o que me estaba odiando; sentí un frío por el cuerpo, de solo suponer algo así sin embargo, ella habló: “Joan, también te quiero… ¡también me gustas!”.
Y así, la ilusión se hace realidad…


Parte V

PPareció que el fuego de su enojó fue acaparado por un balde de agua fría pero fresca. Después de esa hermosa noche, fuimos tan unidos como nadie en el mundo. La amistad se hizo fuerte como una muralla preparada para la guerra y nuestros corazones y almas, se entregaron la una a la otra como un pacto de pertenecernos para siempre.
El tiempo hizo lo suyo. El 29 de septiembre del 2013 se reescribió en mi vida. No solo sería mi cumpleaños, sería el antes y el después de mi vida. Algo así como “antes de ella” y “después de ella”. Un beso selló el pacto que había iniciado una noche de confesiones impensables y nuestro amor inició como iniciaría una hermosa historia contada por Neruda. Cada día fue más especial y cada momento fue escrito como en piedra: para siempre. Como comenté en párrafos anteriores, ella era hermética y no gustaba de socializar demasiado con personajes poco conocidos pero ahora, yo no era un desconocido, era su hombre, quien la hacía cada día más feliz (al menos esas eran sus palabras. No quiero que piensen que soy un personaje iluso y convencido) por lo que no dejaba de sonreír y eso me encantaba porque su sonrisa, era el aviso propio de que lograba mi objetivo a su lado; éramos siempre nuevos, de esos enamorados que hacen parecer cada día, como el primero de un amor que nunca terminará. El romance se convirtió en nuestro aliado constante para obtener sonrojos, pupilas dilatadas por el gusto de nuestra mutua compañía, abrazos interminables, besos de esos que solo existen en cuentos de hadas, caricias inocentes acompañadas de magia… cada instante a su lado, era un mundo nuevo y cada beso, me llevaba a descubrir una nueva etapa del amor.
Era un amor perfecto. Mi vida amorosa no había sido la mejor y sin llegar a ser una víctima del destino, debo decir que nunca tuve una relación que funcionara, siempre fui un herido por las batallas del amor (oh! que romántico Mr. Chriss). Así fue como ella llegó y le dio un giro a mi vida, regalándome la felicidad que siempre esperé, sanando cada dolor, cada herida, cada mala experiencia. Se adueñó de todo lo que soy, desde mis labios, hasta mí ser, hasta lo más profundo de mi vida: todo le pertenecí (aún le pertenezco) y en definitiva, no encontraré días más felices, que aquellos donde su amor me fue brindado sin temor. Hasta que…
Algo sucedió luego de un café, sus besos y un abrazo fuerte. Luego algunas palabras un tanto extrañas, similares a las de una despedida, un día sin esperarlo, sin pensarlo y sin entender por qué, ella se fue. Algún tipo de deber con su vida y su pasado le llamaban y ese deber, no le permitía estar más a mi lado. La vi alejarse de mi vida, como si jamás hubiera existido, como si todo aquello hubiera sido un hermoso sueño y al despertar, regresara al punto en que era nuevamente, un desconocido.
Y así se marchó, sin decir adiós…


Parte VI

Transcurrieron los días que se convertían en meses y mi corazón, lloraba por su ausencia. Era como un bebé cuando pierde a su madre y su llanto descontrolado, solo es detenido cuando ella, su madre, aparece de nuevo en el pórtico de su habitación, solo que en mi caso, la “madre” de mi corazón no regresaba y según parecía, no iba a regresar. Tuve muchas noches llenas de nostalgia escuchando nuestras canciones y cuando estaba en la iglesia, detallar su rostro era el azote más siniestro a mí ser. Aun así, no podía evitar su mirada; parecía que regresábamos al principio de ésta historia donde mi corazón como reconociendo a su dueña, buscaba incesablemente el alivio de aquellos ojos pero ellaella ya no estaba.
Le llamé en repetidas ocasiones buscando al menos, una explicación de su ausencia. Mi corazón reclamaba a diario, su mirada, su esencia aquí, ¡CONMIGO! Nunca le encontré. Decidí decir adiós; decidí continuar con mi vida o al menos, intentarlo. Debía entender que ella, ya no estaba, que su huella se quedaba, pero sus manos no me hipnotizarían más mucho menos, calmarían mi ansiedad con sus caricias. Le veía en algunas ocasiones por la calle o en la iglesia y todo en mi interior, corría tras sus brazos pero su alma, parecía huir incluso de mis miradas; muchas otras veces pude acercarme a saludarle pero sus manos estaban frías no por el clima de aquellos momentos, sino porque su caluroso amor para mí, había muerto. Su hermoso rostro no logró establecerse frente al mío nunca más y normalmente, tenía afán por huir de mi presencia, incluso correr con tal de no cruzar su camino con el mío.
Pasados algunos meses, un mensaje ingresó en mi teléfono: era ella. Mi ser se conmovía por completo y en mí, se dibujó una sonrisa enorme como si las palabras que venían tras ello, fueran el retorno de mi amor. Mala suerte compañero: “solo quería saber que estabas bien y pedirte perdón por todo esto. Entiende por favor; a veces, debemos hacer lo que no queremos por hacer lo que debemos y en éste momento, eso me está sucediendo. Te mereces lo mejor y me gustaría que fueras feliz, perdón por favor, ¡perdón!” y nuevamente, se fue. Leí aquellas palabras una y otra vez en busca de alguna explicación a mi dolor y aunque yo la sabía, aunque yo lo entendía, aunque comprendía que el deber le llamó y tenía que obedecer, mi corazón continuaba reclamando por su ausencia aunque me reclamaba como si fuera mi culpa. En ocasiones, parecía enojarse conmigo (hablo del corazón) y se convirtió en un personaje frío y apático dentro de mí. Podían pasar las mujeres más hermosas frente a mi vida y yo podía intentar hacer un espacio en mi corazón para una nueva oportunidad de amar pero él, mi corazón, no quería nada ni a nadie más que a ella. Ella, ella, ella… lo repetía cada día dentro de mí en cada latir; ¡sí!, como si hubiera cambiado el bum bum común de un latido por un “ella ella, ella ella, ella ella”. Y yo, intentando vivir mi vida o al menos continuarla, pero mi corazón se había desentendido por completo de mí. Olvidó que yo era su anfitrión y él solo quería obedecer a su dueño o mejor, dueña: ese no era yo. La amaba, pero no estaba más conmigo. Y así, tuve que continuar sin ella


Parte VI

El tiempo pasó pero ésta vez, no hizo lo suyo. Como dijera el maestro Joaquín Sabina, “…la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido…”, y es que mi corazón había perdido toda noción de tiempo, espacio, sensaciones, sentimientos… por lo que aunque pasaran y pasaran los días, nunca la olvidaría.
Se acercaba la fecha de mis cumpleaños que tan extraña se había convertido. De cierta manera, no quería que llegara por los recuerdos que habían sido escritos para esa fecha pero, ¿a quién no le gusta cumplir años? ¡Qué sensación más extraña!… Pocos días faltaban para el tan esperado 29 de septiembre cuando a mi teléfono, llegó un nuevo mensaje de ella. Ésta vez, traía algo más. Su acostumbrado interés por mi bienestar que siempre me enamoró acompañado de una conversación un poco más extensa, como si nuevamente fuera algún conocido de su listado de amigos. Bueno, era un avance, pero ¿de qué se trataba? Mi mente comenzó a retornar a esos días que eran acompañados durante cada hora por sus palabras, su presencia aunque fuera por chat y esas conversaciones que no tenían fin pero, ¿por qué? Mi corazón estaba un poco encerrado en su propia verdad; una donde la experiencia le había enseñado a no confiar y no creer pero yo, YO MORÍA DE AMOR POR ELLA deseando tenerla de nuevo en mis brazos, con mis caricias, con mis besos, con mis miradas, conmigo…
De a poco, la confianza inició un retorno en mi corazón a tal punto que, un día cercano a mi cumpleaños, despertó con la misma fuerza del Ave Fénix cuando surge en medio de las cenizas, deseando que ella regresara. Por primera vez en tanto tiempo, mi corazón y yo, nos reconciliamos y comenzamos a fraguar el plan que la traería de retorno a nuestras vidas: ahora, éramos un equipo en busca del mismo objetivo: ella.
Debo confesar que aquella mañana, en mi oficina de trabajo, duramos (mi corazón y yo) al menos 3 o 4 horas, intentamos planear todo con cautela y tranquilidad pero no logramos nada. Simplemente, decidimos llamarla: “No hay día que no piense en ti. Cada día, cada instante, cada momento, estás en mi mente; mi corazón te llama de manera insistente y no quiere nada ni a nadie más que a ti. Por qué no me permites estar a tu lado nuevamente. Si tú me das esa oportunidad, mi corazón y yo nos encargaremos del resto… por favor”. ¡Qué creen!…
No, no aceptó… no entendía qué sucedía en su interior aunque luego, concluí que su corazón también estaba enojado con ella y probablemente ese era el motivo a su respuesta negativa. De ser así creo que ahora si necesitaríamos un plan. La estrategia se comenzó a escribir; primero lo primero, organizar las situaciones que en mi vida no permitían que ella regresara, ok, check. Dejar atrás el pasado y pensar en un presente que construiría un futuro hermoso a su lado, ok, check. Encontrar el momento adecuado e intentar recordar a su corazón (mi aliado en ese momento) todas las hermosas experiencias juntos y que si solo deseara regresar, podríamos encontrar nuestro destino así mismo, juntos, nunca más lejos, nunca más distantes, nunca más ausentes, ok… check…
El día 29 de septiembre del año 2014, se reescribe la historia del pasado 29 de septiembre y de todos los 29 de septiembre que puedan existir en mi vida. Estar a su lado es lo más hermoso que me pueda suceder, no importa si tan solo son 5 minutos o todo un día. Vi sus ojos brillar nuevamente frente a mí mientras que sus manos acariciaban mi rostro y me hacía olvidar el mundo alrededor. Nuevamente, creamos un mundo juntos donde solo estamos ella y yo. Nuevamente, mi vida y su vida, son una sola vida, mi alma y su alma, una sola, mi corazón y su corazón, uno solo… ella y yo, uno somos.
Así es, ella regresó. No pueden suponer que parezca una historia de novela o de un libro romántico porque es una historia real. Mi primera historia en “Medium” y la única historia que puede descifrar el misterio del amor en mi vida. Ella y solo ella, llegó para quedarse y aunque la distancia separó nuestros caminos, nuestras almas se hacían compañía y nuestros corazones siempre se desearon. Nuestras miradas probablemente se encontraban al mirar las estrellas porque al fin, era el mismo cielo el que nos cobijaba y sé que nuestros pensamientos, se cruzaban de vez en cuando para divagar sobre los hermosos recuerdos que una historia de amor escribió en ellos.

Hoy, nuestro abrazo se funde en un pacto único…

Hoy, nuestro abrazo se funde en un pacto único y que no puede ser destruido, un pacto sellado por amor puro y sincero que nada ni nadie, podrá quebrantar. Hoy, sigo siendo suyo y ella, sigue siendo el motivo por el cual, mi corazón me hace detener en sus ojos, cuando miro al público mientras estoy en la tarima de la iglesia, solo que ésta vez, sus ojos también se detienen, para verme con dulzura y detalle de romance, como solo ella, lo puede hacer.

Ella… es a quien mi corazón decidió amar, y a quien yo, amaré para siempre.

https://www.youtube.com/watch?v=9fT7O_m4UtE