Ahora que…
Te has marchado. Tal vez nunca estuviste. Tal vez. Imaginarte, imaginar tu cuerpo, con el de alguien más, se vuelve una idea surrealista y tortuosa. Ahora que ha pasado el día, la noche, la semana, la semana pasada, te comienzas a convertir en una virgen de iglesia. Lejana y sin brillo en los ojos. Todavía tengo lo que me diste. Y ahora. ¿Ahora qué?