¿De qué hablamos cuando hablamos de desarrollo económico en Paraguay?

Joaquín Sostoa
Jun 10, 2019 · 11 min read

En los primeros meses del corriente año se vino debatiendo públicamente si la estabilidad macroeconómica del Paraguay, en términos de sostenibilidad del Producto Interno Bruto (PIB) y metas de inflación, es suficiente para emprender un desarrollo de más largo plazo, con todo lo que eso significa. La desaceleración reciente de la actividad, golpeada por shocks externos y climáticos, enciende la duda sobre el modelo tomado por el país, incluso en los organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El modelo macroeconómico no solo hace pensar sobre su dudosa sostenibilidad, sino también sobre las asimetrías generadas en su seno, esto es, su capacidad modesta de reducir la pobreza, la desigualdad y mejorar los índices de desarrollo humano (IDH). Un sistema de crecimiento que sea capaz de acrecentar el tejido social y aumentar la calidad de vida es lo que entendemos por desarrollo económico.

En ese sentido, la bonanza económica (commodities lottery), que con suerte han sufrido los principales productos de exportación del país, fueron de la mano con la reducción de la pobreza en los últimos años. Aunque este suceso haya ocurrido con volatilidad, el efecto multiplicador que tiene la mayor entrada de capitales sobre el tipo de cambio y la moderada redistribución del ingreso, proveída principalmente por los gobiernos de Nicanor Duarte Frutos y Fernando Lugo, son claves para entender el estancamiento de la pobreza desde el 2013. A pesar de que dicho año se haya caracterizado por una de las mejores tasas de crecimiento, los contrastes en política económica y el ciclo a la baja para toda la región explica bastante bien el desempeño de Paraguay en términos de índices sociales en la actualidad.

Gráfico 1. Reducción de la pobreza y crecimiento del PIB, 2003–2016.

Cabe preguntarnos si un modelo pasivo y dependiente del clima internacional, o algún milagro económico que acelere la demanda de materias primas, es suficientes para elevar el crecimiento a tasas altas y de forma sostenible. Curiosamente, estos objetivos no son separables del desarrollo económico.

Crecimiento económico

A pesar de que el crecimiento de los últimos años tuvo su efecto positivo sobre el nivel de vida, siempre está la duda pública sobre el real impacto de este sobre la población. Para molestia de algunos, el crecimiento económico de largo plazo es hasta hoy el único método eficaz para reducir la pobreza efectiva en el tiempo. A veces, cometemos el error de separar demasiado el crecimiento con el desarrollo social, pero no por falta de razón. Esta empresa es más difícil de lo que parece.

Guinea Ecuatorial, entre 1995 y 2010, creció a una tasa de 18,6%, más del doble de China ¿Pero por qué nadie habla del milagro africano? Sencillamente porque este aumento vertiginoso se ha producido de un día para otro, con el descubrimiento de yacimientos de recursos naturales. Sin petróleo ni hidrocarburos, o a unos bajos precios, el país no puede producir mucho y volvería a la normalidad, lo que efectivamente está ocurriendo (Gráfico 2). Es por eso que no se puede sostener en el tiempo, ni por lo tanto generar grandes cambios sociales.

Gráfico 2. Evolución del PIB per cápita de 3 países en dólares constantes (Fuente: Banco Mundial Stats).

La sostenibilidad del crecimiento en el tiempo, que es lo que nos interesa, se debe a su calidad productiva. (Amsdem, 2004) define el proceso de desarrollo económico como aquel que consiste en transitar de una economía que produce bienes intensivos en recursos naturales a otra que produce bienes intensivos en conocimiento. Ejemplos hay muchos, los albores del capitalismo y la división del trabajo fueron capaces de aumentar la productividad-hombre de las economías centrales, lo que permitió el aumento de la población y el desarrollo posterior de Europa.

En las últimas décadas, el ascenso de los países del este asiático (industrialización tardía) fue causada por sus altas tasas sostenidas. China logró sacar a este ritmo a más de 800 millones de personas de la pobreza. Con excepciones, hoy estos países se posicionan entre los desarrollados en términos de renta per cápita, en contraste a sus rentas similares a las de Latinoamérica en la mitad del siglo pasado (Gráfico 2).

En última instancia, la única forma de elevar el crecimiento y la calidad de vida en forma sostenida es el aumento de la productividad-hombre, esto se refleja en la capitalización y el avance técnico. Veamos por qué. Existen cinco formas de que una sociedad aumente su consumo per cápita: A) Puede aumentar la productividad, de tal forma que cada hombre produzca más. B) Emplear una mayor masa de trabajadores ociosos. C) Ceder una mayor porción del producto al consumo corriente, disminuyendo la fracción que va a inversión. D) Importar más de lo que puede vender al exterior, lo que requiere endeudamiento. E) Exportar a mejores precios lo que eleva su capacidad de importación.

Indudablemente C) no aumenta el consumo en el largo plazo porque reduce la inversión y así la capacidad de consumir en el futuro. B) puede aumentar el producto en el corto plazo si existe capacidad ociosa, pero solo si una cantidad considerable de la población no está empleada, lo que también choca con la capacidad de nuestra matriz productiva de absorber recursos humanos. D) es también una opción de corto plazo, debido a que la deuda externa debe ser pagada en algún momento. Curiosamente, esta vía ha sido una constante para los países Latinoamericanos, debido a su incapacidad de generar las divisas que consume (restricción externa), lo que siempre termina en las crisis externas de balanza de pagos, deuda externa y posterior ajuste recesivo.

La opción E) es la que permitió cierta bonanza en nuestra región, pero los precios altos no duran mucho y la capacidad de que la oferta los pueda mejorar reside en la diferenciación de los productos, lo que al final significa aumento de la productividad. Es por esta razón que la opción A) es la única viable para sostener un proceso de crecimiento, y por ende de desarrollo, en el largo plazo. Sirve también entender, que la baja productividad se refleja en altos costos y por consiguiente bajo nivel de componente tecnológico en nuestra canasta exportadora. Esta particularidad nos da un lugar en el mundo como exportadores de materia prima.

Las commodities tienen una baja elasticidad-ingreso de la demanda en comparación a los productos con mayores procesos de industrialización. Esto significa que el aumento del ingreso del mundo no se compatibiliza con un aumento de nuestras exportaciones, al menos, en la misma proporción. De alguna manera, esto trunca nuestro proceso de crecimiento dependiente de la expansión del mundo y mantiene mediocres tasas de crecimiento.

El resultado de lo anteriormente descrito se refleja en la heterogeneidad estructural de los países periféricos. Esto es, la existencia de un sector moderno y productivo, mayormente asociado a la exportación, pero muy concentrado, que absorbe a una mínima parte de la población económica. Asimétricamente, la mayor parte de la población se ve destinada a pertenecer a sectores tradicionales de baja productividad con escasa capacidad de consumo. Esto se asocia a la alta especialización en unos productos lo que ocasiona escaso encadenamiento o débil tejido productivo entre los demás sectores.

La mayor diversificación de los países centrales permite procesos fuertes de encadenamiento que también acrecientan el know how colectivo y las dinámicas de aprendizaje, indispensables para el avance técnico. Como es visible en los gráficos siguientes, la alta heterogeneidad de la matriz productiva del Paraguay condice con su baja capacidad innovadora y primarizada (Gráficos 3 y 4).

Gráfico 3. Ocupados de baja productividad y grado de heterogeneidad estructural para 17 países, 2007. En porcentajes (Fuente: Infante, R. (2008): “Tendencias del grado de heterogeneidad estructural en América Latina, 1960–2008”, para la CEPAL).

Gráfico 4. Contenido tecnológico de las exportaciones y capacidades innovadoras, media 2011–2014 (Fuente: Schteingart, D. y Coatz, D. (2015): “¿Qué modelo de desarrollo para la Argentina?”. La información de los autores proviene de COMTRADE, UNESCO, USPTO y Banco Mundial). Paraguay se encuentra en el cuadrante suroeste, baja composición tecnológica y baja capacidad de innovación.

En conclusión, el desafío es sostener un crecimiento alto, lo que solamente se realiza a través del aumento de la productividad, que requiere diversificación sectorial y homogeneidad técnica. En síntesis, con el aumento de las capacidades productivas. Lo ingenuo es pensar que esta meta llega solo con la apertura comercial y la estabilidad macro, por las libres fuerzas del mercado. Mientras tanto, el crecimiento será solo eso, simple y esporádico crecimiento.

Experiencias recientes

El desarrollo del este asiático no ha sido solo fruto de una estrategia mercado céntrica, en la que asegurar derechos de propiedad, estabilidad macro e indiscriminada apertura a la globalización dio frutos automáticamente. El rol del Estado fue clave e incluso es lo que diferencia a esta región de otras.

Mientras Latinoamérica abrazaba las políticas del Consenso de Washington, los tigres asiáticos se plantearon un rol del Estado fuera de los dogmas, y entendieron su complementariedad con el mercado. Así libraron políticas industriales de promoción de exportaciones, proteccionismo arancelario, política cambiaria, inversión en infraestructura e I+D, creación de mercados, asignación de recursos y por supuesto, un camino cuidadoso y estratégico de inserción en el mercado mundial.

Corea, por ejemplo, se insertó en el comercio internacional en los términos y tiempos que el Estado diseñó de acuerdo a un proyecto de largo plazo encaminado a movilizar recursos hacia sectores intensivos en conocimiento. La Inversión Extranjera Directa (IED) estuvo sujeta a transferencia tecnológica, reinversión y encadenamiento con empresas y trabajadores locales. Estas políticas surgen como necesidades frente a las fallas del mercado respecto a la coordinación, las asimetrías y la constante tendencia del mercado mundial en generar barreras para el cambio estructural.

Esta es una dinámica que se retroalimenta. Más mercado requiere más Estado y viceversa. La otra cara de los procesos de industrialización/diversificación es la planificación urbana y de polos productivos, mejor infraestructura, transporte, inversión en investigación y mano de obra calificada.

Por supuesto, nada de esto significa asumir una especie de autarquía. Las ganancias obtenidas del comercio, aunque muy desiguales, son reales. China nunca hubiese podido desarrollarse sin la apertura del mundo a sus exportaciones. Tampoco significa volver a una estrategia manufacturera de mercado interno. Las actividades deseables y las políticas dependen del contexto. La industria de alta tecnología de ayer, puede ser la industria sin futuro de hoy.

Pensar en un desarrollo con el centro en el mercado interno es insostenible. Por la debilidad productiva, la apertura (no irrestricta) es innegociable, y el funcionamiento como el avance de nuestra economía está relacionada con nuestra capacidad de generar divisas. En el caso particular de Paraguay, las exportaciones se vuelven más necesarias por el hecho de que un pequeño mercado interno no es compatible con economías de escala.

Estabilidad macro

La estabilidad macroeconómica no siempre fue como la conocemos hoy. Los índices, cifras y metas que debe perseguir la política económica siempre están en constante cambio. En el periodo de posterior a la Segunda Guerra Mundial los objetivos primordiales eran el pleno empleo y el crecimiento, quedando como meta secundaria el nivel de precios. Desde los años 70 del siglo pasado, es decir, desde la revolución monetarista, el nivel de precios pasó a robar el primer lugar. El pleno empleo se abandonó totalmente, e incluso se aceptó una tasa de desempleo como natural para sostener un pequeño nivel de inflación. Es lo que se llama tasa de sacrificio.

En el sentido monetarista, la estabilidad económica en Paraguay no es algo reciente. A pesar de sus mayores zigzagueos en las décadas pasadas, nuestro país se ha caracterizado por la ausencia de crisis externas o de balanza de pagos. En su caso particular, esto puede representar aristas positivas como negativas.

En general, los economistas liberales separan el ciclo de corto plazo con el de largo plazo. Pero no es sorprendente pensar que el largo plazo es una suma de pequeños cortos plazos. Es por eso que los procesos con mayores desviaciones o más inestables han estado relacionados con un menor crecimiento en el largo plazo. No es difícil llegar a la conclusión de que Latinoamérica ha sido una de las regiones más inestables del mundo, lo que impide constantemente su proceso de desarrollo. Es en este sentido que la estabilidad es algo positivo (Gráfico 5).

Gráfico 5. Tasa de crecimiento del PIB per cápita y volatilidad del PIB per cápita para 104 países, 1970–2007 (Fuente: Rozenwurcel, G. (2007): “Políticas anti volatilidad del crecimiento económico”, para CEPAL).

El problema reside cuando se identifica a la estabilidad como una finalidad en sí misma, cuando en realidad es un medio. Es decir, con una política extremadamente cortoplacista. Como describí en el apartado anterior, el real desafío es el cambio estructural y el aumento de la productividad, si este suceso logra estabilizarse nada puede ir mejor, y en ese sentido esta es unas de las ventajas que debemos de tener en cuenta.

El economista argentino Marcelo Diamand describía la inestabilidad macro-política argentina como resultado de la estructura productiva desequilibrada (EPD). Esto es la coexistencia de una dinámica agro e industria, que por un lado es sumamente vulnerable a la entrada de divisas, y por el otro la industria no exportadora, como la masa asalariada que crea, consume más divisas de las que el agro puede generar, lo que puja en la distribución del ingreso y en el déficit de cuenta corriente. Así, una estructura productiva más desarrollada relativamente generó procesos más inestables y conflictivos sobre el ingreso.

Por este lado también es reconocible que ciertos procesos de desarrollo como el de Corea del Sur sufrieron cierta inestabilidad al inicio, principalmente por el lado de la inflación (Gráfico 6). Cabe afirmar también que este país en especial tuvo una posición geopolítica envidiable, lo que le ayudó a cubrir sus déficits de cuenta corriente y a expandir sus mercados para permitirse economías de escala. Por el lado de la macro no hay nada concluyente, pero habría que preguntarse cuál es el precio de la estabilidad como fin último para el largo plazo. De todos modos, no hay ninguna receta mágica que les permita a los países desarrollarse. Y en ese sentido, si es posible generar condiciones estables con diversificación y aumento de la productividad, bienvenido sea.

Gráfico 6. Índice de precios al consumidor anualizado para Corea del Sur, 1960–2015 (Fuente: Banco Mundial Stats).

Estos planteamientos e ideas se hacen necesarias hoy, cuando Latinoamérica, incluido Paraguay, debe repensar el crecimiento y el desarrollo en un contexto de bajos precios de la materia prima. Lo que necesariamente en el corto plazo causará un menor flujo de capitales y no permitirá el mismo ritmo de expansión. En esta situación, el crecimiento deberá depender necesariamente de actividades no ligadas a la economía extractiva, en otros términos, de la sustitución de importaciones. Independientemente de esto, el proceso empezado allá por el 2003, como es claro, detonó cierto crecimiento continuo, pero no fue suficiente ni logró aprovecharse para aumentar el nivel de renta a la altura y mejorar los estándares de vida. Es momento de pensar qué sigue.

Trabajos citados

Amsdem, A. (2004). La sustitucion de importaciones en la industria de alta tecnología: Prebisch renace en Asia.

Joaquín Sostoa

Written by

Estudiante de Economía. Asunción-Paraguay.

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