Consigna crónica de viaje

Joaquin Nabais
Sep 7, 2018 · 7 min read
  1. Los recursos de escritura que utiliza Gabriel García Márquez dentro de De viaje por los países socialistas, es en un primer lugar la descripción, cada ciudad nombrada conlleva una descripción situacional, climatológica por momentos y las acciones que repercuten en este instante. Incluso la descripción de los personajes a lo largo del recorrido que realiza el autor lleva consigo distintas transformaciones.

Hay por momentos ciertos recursos retóricos que aparecen a lo largo de la obra, por ejemplo: “En el centro, la ciudad disfrutaba de una paz sospechosa”, en este caso se trata de un oximorón que se presentan recurrentemente.

Además el uso de la metáfora aparece a lo largo de la crónica, permitiendo visualizar ciertos elementos más fácilmente que con breves descripciones. Otro recurso importante y que se respeta a lo largo del libro es el ritmo, no solo en la utilización de puntos y comas, sino también en las mismas descripciones e interacciones de los mismos personajes que avanzan el hilo narrativo.

Cabe destacar que la obra en si siempre cae en el recurso de la comparación, en el sentido macro comparando países socialistas con todas sus características a el mundo occidental capitalista e incluso cayendo en comparaciones con la Colombia natal del autor.

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  • La prueba del reloj consiste en adelantar la hora de los relojes que realizaba Gabriel y Sergio para conocer las distintas reacciones de tanto los habitantes de Praga como de Moscú.
  • Para mirar a Berlín del revés hay que meterse en el Metro, para conocer y evidenciarse de la gente que hace su rutina de todos los días en las distintas partes de la Berlín de la guerra fría.
  • La cantante de un bar al que asisten y que evidencia Franco cuando el autor le señala que no encuentra las diferencias en Praga de los sistemas (capitalista/socialista).
  • Franco es quien dice que hay que valorar los detalles, pensando la dicotomía de por un lado París con cientos de personas en las calles y no hay una revolución, pasando por Praga donde unas medias de Nylon rotas puede ser un dilema.

Las casas del mar

Hay un colectivo viejo que gime y tose en el andén. Las luces torpes de colores abrazan la terminal, palomas caminan entre pasajeros, conductores, trabajadores de limpieza sobre los pisos que arriman su mugre, mierda y basura.

Algunxs saludan a ventanas empañadas, esto no es Hollywood, un hombre pelado y robusto levanta su mano, la flamea y la vuelve a enfundar, no hay misterio, no hay tristeza, solo ríe y suelta un “jeje” fronterizo.

Las cortinas naranjas que recuerdan a un ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, niñxs corren, ríen y gritan mientras mastican y regurgitan con el sonido de su saliva caramelos ácidos. La cafetera está rota y rebalsó toda la planta baja del colectivo, esto no es un expreso, es un viaje de cinco horas con aroma a bar viciado.

-¿Puede ir a comprar caramelos?.- Dice el supuesto padre de los niños velocistas, de unos 30 años, con una inconfundible campera de los New York Yankees, blanca y negra que infla su pecho.

-Rápido que ya salimos.- Asiente el copiloto que corta boletos, vistiendo pantalones de vestir con su doblez inconfundible y una campera con la leyenda “El Rápido” y su pelo corto engominado que refleja la luz.

El viaje por la ruta autovía 2 es el aburrimiento mejor construido, uno espera esos momentos del pasado donde te regalaban un alfajor y una película en el colectivo. Quizás las empresas de transporte no están ajenas a nada, y el fantasma de las low cost aéreas parece llegar a imitarse en el rubro omnibus . Un comunicado del Ministerio de Transporte de la Nación declara que el pasaje a Mar del Plata pasará de 491 pesos a 25, tiempos de bajos costos.

Pesadilla en calle Matheu

Ese colectivo viejo y moribundo hizo de cada paraje, su pueblo o estación, una parada técnica de 10 minutos, donde nadie subía, ni nadie bajaba. Algunas vías huérfanas inundadas de pastos, se pueden ver en las cercanías del pueblo de Maipú o los decorados navideños y muñecos de nieve temporales que perduran a principios de agosto en la entrada de Santa Clara Del Mar.

La ruta 11 surca toda la costa marítima hasta llegar a Mar Del Plata, es imposible identificar al mar en plena oscuridad, solo hosteles cerrados, balnearios fantasma y el arrollador sonido del viento que se cuela por las rendijas de la ventana que tiemblan mientras el milagroso colectivo camina.

Una terminal vacía de colectivos y personas, solamente 4 ómnibus estacionados en los andenes de la estación ferroautomotora Eva Perón. Creo que la peor trompada que recibí fue al bajarme de ese colectivo, mis manos blancas enrojecidas, mi único movimiento fue esperar a que el valijero saqué mi valija del compartimento, darle su propina, y sacar mi montgomery de la misma. Mi aspecto solo comparable con un soldado soviético de alguna película, atascado en un abrigo que llegaba hasta sus gemelos, mientras tanto miro mi celular para corroborar la paliza del abrazo marítimo, “0°C” y gracias.

Esperar el 552 fue inútil, en la soledad de la parada de colectivos locales de Avenida Luro e Italia, a mi lado una señora con una colección de valijas y sus lentes de sol en plena noche para un taxi. Un muchacho vestido de blanco, como si se hubiera escapado de un frigorífico, apaga su porro mientras se acerca a la parada, responde mi pregunta sobre a qué hora pasaría el colectivo.

-Mira desde que yo vivo acá y tengo uso de la razón, después de las 12 imposible que pase un 552.

Lo único que hice en ese momento, caminar hasta la avenida independecia y tomar un taxi, mi presupuesto de 200 pesos no me permitía un taxi desde la terminal. Llegar al deshabitado departamento de mi abuela, en el barrio de Chauvin en plena oscuridad, comer una tarta recalentada en microondas y dormir con el calefactor en mi nuca.

El barrio de Chauvin es caracterizado por sus casas estilo marplatense, de ladrillos y construcciones propias de la clase media alta, vecino al renombrado barrio Los Troncos.

Ir hasta la casa de mi tía abuela María es pasar por las inmediaciones de la Avenida Juan José Paso y Lamadrid, donde hasta hace poco coexistian casas de chapa, cartón y madera con el lujo vulgar de las diez cuadras donde alquilaba una mansión en Alsina y Saavedra, Ricardo Fort. Hoy de ese asentamiento quedan ruinas y algunas remendadas que el Intendente Arroyo no titubeo en destruir.

El recorrido por calle Matheu hasta llegar a los Troncos es encontrarse en las primeras escenas de una película de terror de los ochenta, veredas perfectas sin desniveles, grandes jardines frontales, con un césped verde que explota en fosforescencia cuando el sol golpea, casas con por lo menos dos pisos, jovenes paridos de publicidades de Coca-Cola, hombres con campera uniqlo y joggin paseando perros de pequeño porte y señoras con peinados de estreno y Ray bans espejados. Me miran con cara extraña, y de reojo, supongo que es demasiado para ellxs un joven de barba tupida con camisa leñadora y borcegos marrones. Ante tanto inicio de película esperaba que apareciera por lo menos un Freddy Krueger o un Jason, pero el monstruo a veces viste traje y da órdenes de derribar casas precarias para no interrumpir la película de “pesadilla en calle matheu”.

En casa también hay persecuciones

Ir hasta Necochea desde Mar del Plata es pretender viajar por una de las rutas más angostas de la Provincia de Buenos Aires, van y vienen camiones de cereales que pierden algunos granos en el camino, los mismos rebotan contra la ventanilla del auto y se confunden con la lluvia que empieza a correr sobre el campo. A donde quiera uno ver en su alrededor hectareas y hectareas de soja, girasol, trigo y sorgo con algún que otro respiro de un paisaje monotemático de los grandes silos cerealeros de nidera o cargil.

La ciudad costera nos recibe con su puente Hipólito Yrigoyen, una postal del orgullo de otras épocas para los necochenses, ya que el mismo fue el cuarto en su tipo a lo largo del mundo, es un puente colgante, que hoy trata de imitar al Golden Gate de San Francisco, vestido de rojo y siendo un cliché de cualquier turista fotógrafo.

Llegamos a la casa de mi madre en uno de los barrios residenciales de la playa o antiguamente llamado Villa Diaz Velez, si algo es famoso de Necochea es su viento, que al igual que un colectivo viejo que lo deja entrar entre sus rendijas, en esta ciudad entra a la fuerza, es dueño de todo y convive a lo largo del día. Habla, grita, silba, canta y ronca en todo momento.

Nunca había escuchado tan afónica a mi madre como esos días. Ella, Andrea Perestiuk además de ser odontóloga y trabajar en el sistema público de salud municipal, es una dirigente política y sindical, su voz afiebrada se debe a la reciente publicación de un artículo sobre un decreto que habilita al Colegio de Odontólogos embargar el 20% de su sueldo, el mismo retrata una foto del decreto municipal que permite dicho embargo por una deuda de la caja de jubilaciones. Su pasado de concejal le confirió contactos que confirman esto como una clara movida política del intendente.

Nada es casual ya que mi vieja presidiendo la seccional de CICOP (Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires) generó más paros que cualquier otro sindicato a nivel municipal, falta de negociación de paritarias, pagos realizados tarde, aguinaldos desdoblados, arancelamiento en cuotas, falta de insumos y demás de menciones que mi madre realiza en su reclamo sobre el gobierno del massista Facundo López.

Andrea bosteza y deja un halo de humo blanco en su auto, con su pelo rubio, jeans azul gastado, y un delantal médico que se destaca bajo su campera beige, arranca su auto y sale desde su garaje descubierto, su chevrolet onix gris escarchado por la lluvia y el frío agresivo dificultan la visión desde su ventanilla. En viaje hasta su trabajo los postes de luz siguen prendidos, algunos se van apagando mientra ella va llegando. El Hospital José Irurzun, ubicado en la localidad de Quequén vecina a la ciudad de Necochea es una casa vieja, cuesta diferenciarlo de una escuela, de paredes blancas sanitarias, largos pasillos plagados de ventanales, puertas oxidadas, vírgenes María, cruces y pequeños santuarios. Andrea camina por los pasillos vacíos, ficha su entrada al trabajo y pasa por todo espacio de los trabajadores del hospital, saluda a los empleados de seguridad y protección ciudadana, de farmacia,enfermeras y administrativos.

Ella toma todo lo que sucede como un acto político, de un intendente que pidió su pase a Cambiemos y se le fue denegado, de un ejemplo de persecución política, por su pasado y presente. En Necochea también hay persecuciones.

    Joaquin Nabais

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