Noche mía

Microrrelato

Deambulando en el bosque, perdida. Así se encontraba, ausente de la realidad, confiada del azar. Sucesos nocturnos la llevaron hasta donde estaba en ese momento, codiciosa por encontrar el camino que la llevara hasta donde la plenitud reinaba y en donde el frío sumergía todas las penas de una vida desconocida.

Aún sin aire, buscaba, inquieta. Pistas la sedujeron todo el camino, aromas pasajeros le indicaron la dirección, parecía como si no conociera su propia estructura, su atributo más divino. Todo el miedo la cambió, la turbulencia la hacía desconocerse a sí misma y todo a su alrededor se tornaba gris, cada minuto parecía un siglo.

Celestes eran los días anhelados, cada paso la hacía negarse aún más el poder llegar hasta ahí, donde quería. La sincronía de todos sus sentimientos era su única arma, lo que le permitía encontrarse.

Un día antes se miraron al revés, como siempre. Sus ojos saltaban, lloraban, cantaban. Recapitulando cada mirada de aquellos momentos destruidos que no podían volver a tener, se dieron cuenta. Se asustaron. Lo reconocieron. Ya se habían burlado demasiado del amor.

Ya había olvidado de qué estaba hecha la sustancia que la quemaba. Aquella con la cual pasó noches despierta, feliz, desconcertada. Ese veneno era el único que la mantenía despierta del sueño propio, aquel tejido con las más tersas hebras de curiosidad. Solo le faltaba un golpe, ya no aguantaba más. Ni el socorro del necesitado alivia la culpa del caído. Eso ella lo sabía.

Por fin, la reconoció. Era la salida que tanto había despreciado. No podía seguir con su silencio, escondiendo esa laguna de sangre en la que vivía. La tomó, el cielo abierto, simbólico, lleno de luz; suprimida, se desvaneció.

Like what you read? Give José Céspedes a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.