Cuando Bowie engañó al mundo del arte

Tras su muerte, ocurrida el pasado 10 de Enero, el mundo recuerda a David Bowie por sus logros como músico y por su renombre como ícono cultural, es por su inconmensurable éxito en estos aspectos de su vida que es fácil omitir su trabajo como editor, escritor, crítico y coleccionista de arte. Pero además de todo esto, como veremos a continuación fue un exitoso embaucador.
En el año de 1998 David Bowie fue el anfitrión de una fiesta en honor de la apertura de su nueva casa editorial 21 Publishing, la reunión tuvo lugar en el estudio de Jeff Koons en Manhattan, Nueva York. Bowie amaba el mundo del arte, era un intelectual autodidacta que devoraba libros de diversos temas, lo que le facilitó la entrada a la mesa directiva de la revista Modern Painters, ahí conoció al escritor William Boyd, quien había realizado una pequeña biografía sobre un artista desconocido llamado Nat Tate, Bowie le propuso a Boyd editar su obra y esa noche se presentó como una de las primeras obras publicadas por 21 Publishing. En cierto momento durante la velada Bowie leyó algunos extractos de la nueva publicación, la biografía se titulaba Nat Tate: un artista americano: 1928 - 1960. Se trataba de una monografía llena de fotografías e ilustraciones que narraba la corta vida de un joven artista miembro de la escuela de expresionismo abstracto de Nueva York, enfocándose en su actividad durante las décadas de los 1940 y 1950. 
Tate se había suicidado en 1960 saltando del Ferry de Staten Island (su cuerpo nunca se recuperó), esto tras haber quemado él mismo casi la totalidad de sus obras, lo que explicaba el olvido en el que su vida y obra habían caído. Algunas personas mencionaron haber escuchado sobre Tate, otros incluso habían visto algunos ejemplos de su obra.
Una fiesta similar se planeó para realizarse una semana después en Londres y justo como en Nueva York se invitó a la mayoría de los representantes de la escena del arte local, pero antes de que se pudiera llevar a cabo esta recepción la historia completa se dio a conocer como un elaborado fraude, Nat Tate nunca existió, se trataba de un personaje creado por William Boyd. El responsable de revelar la verdad fue David Lister, quien fue uno de los miembros de la conspiración tramada para lanzar a este personaje ficticio al mundo real. La historia apareció en la portada de The Independent con el titular: Cómo un novelista británico engañó al mundo del arte de los EUA, e incluso sirvió de portada para la sección de artes del New York Times. La noticia se difundió rápidamente a nivel mundial, Bowie concedió entrevistas para diversos medios británicos, a su vez Boyd fue entrevistado por la BBC y la televisión norteamericana. En sus entrevistas describieron al engaño como un experimento, lanzar a un personaje ficticio al mundo real con la intención de observar la reacción de la gente, ver quién se compraba el cuento completo y quién sospecharía. El plan inicial era esperar para ver cuánto tiempo podía pasar antes de que alguien intentara denunciar su embuste, pero Lister como buen periodista no quiso perder la oportunidad para ser el primero en revelar la nota.
Boyd había propuesto la idea de crear un personaje ficticio que encarnara la idea del artista trágico e injustamente olvidado a la mesa directiva de Modern Painters, decidieron crear a dicho personaje con la ayuda de un extenso archivo fotográfico de principios del siglo XX propiedad de Boyd, además de la elaboración de pinturas que pasarían por los últimos ejemplos sobrevivientes de su obra. Bowie sugirió que la idea sería más efectiva si se publicaba una pequeña biografía bellamente producida, aprovechando la nueva casa editorial del cantante. Mientras que Boyd se concentró en los complejos detalles de la vida ficticia que estaban por crear Bowie se encargó de hacer que el libro estuviera realizado de la manera más profesional posible. El personaje se trataba de un hijo ilegítimo nacido en Nueva Jersey, huérfano a los ocho años y adoptado posteriormente por una pareja adinerada de Long Island. Sin embargo, el elemento crucial en el engaño fue el testimonio ficticio de personas que dijeron haber conocido a Tate, para ello se reclutó a dos conspiradores más, los escritores Gore Vidal y John Richardson, sus supuestos recuerdos sobre Tate fueron añadidos al libro, respaldando la obra con su propia credibilidad. 
Boyd ha mencionado que creó a Tate durante el “delirio” por la nueva camada de jóvenes artistas plásticos británicos, quienes a pesar de disfrutar de una continua atención mediática y precios cada vez más altos por su obra en las casas de subastas, en opinión del escritor dichas obras no eran particularmente buenas. Si la motivación de Tate para engañar al mundo del arte fue la de exponer los vicios de la fama en comunidad artística, parece irónico que años después se hayan subastado algunas de las obras hechas por Boyd como parte del engaño por miles de libras, gracias a la fama que le dio dicho escándalo. 
El punto crucial para los conspiradores durante la presentación en Nueva York fue que los invitados continuamente mencionaban haber escuchado previamente sobre Tate e incluso haberlo conocido. De acuerdo con Karen Wright, una de las directoras de 21 Publishing, el engaño no fue realizado con malicia: “Existe la tendencia de no querer parecer torpe. Los críticos son muy orgullosos para eso.”
Tras el descubrimiento del engaño la leyenda de Tate se encuentra lejos de apagarse, se han producido documentales para la televisión, la falsa biografía se ha traducido a varios idiomas, se ha dramatizando la vida de Tate para la televisión e incluso se han subastado sus bocetos “auténticos”. Todo esto parece confirmar que a todos nos fascinan los engaños y que la membrana que separa a la realidad de la ficción suele ser permeable. 
Aunque no fue el principal artífice de esta trama, el involucramiento de Bowie ciertamente ayudó a poner los reflectores sobre este engaño antes y después de que se descubriera la verdad. Es posible que su motivación simplemente haya sido la de aprovechar esta idea para promocionar su nueva casa editorial; ciertamente no hubiera sido la primera vez que él recurriera a esa clase de estrategias, pero también es posible que le interesara contribuir a hacer un comentario satírico sobre la fama y la manera en la que se rigen los círculos artísticos. En cualquier caso este engaño, que parece una versión actualizada de la historia del traje nuevo del emperador, sirve como adecuada despedida a un hombre que durante su vida se sirvió del concepto de fama constantemente, reinventándose una y otra vez, probablemente sabiendo que toda fama es una ficción.

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