Foto: AFP

«Toma de Caracas»: la victoria simbólica más importante para la oposición

El revocatorio, como campo de sentido, aglutina tanta esperanza y poder ciudadano que será imposible evitarlo. Los rasgos «épicos» consolidan una nueva cognición social y política que el gobierno no podrá paralizar

Este 1 de septiembre, el revocatorio se consolidó como la gran metáfora de la oposición venezolana. A ella se asocia la posibilidad de un cambio, de esperanza, democracia, alternativa, futuro. Incluso a un campo semántico estigmatizado: una salida. Esto es muy positivo en el análisis del discurso. El revocatorio está consolidado y legitimado en el paisaje discursivo nacional y latinoamericano.

La «Toma de Caracas» fue el gran logro simbólico de la oposición este año, sin duda. Se trató de un plan inteligente. Entró en el campo donde el gobierno tuvo mucho éxito, pues hoy las metáforas que los llevaron al poder, se desplazan por otras con un enorme poder de movilización política. Paradójicamente, hoy el Corazón de mi Patria es el revocatorio. Y la Patria, el Socialismo están asociados a la Muerte.

¿Por qué el gobierno tenía tanto miedo al #1S? No porque tuviera evidencias de que un derrocamiento fuera inminente. Quería evitar los contundentes efectos simbólicos que se tejieran alrededor de la meta de presionar más para activar el revocatorio. Porque la muchedumbre que hoy abarrotó las calles de Caracas es un electorado estimulado por su deseo de optar por un cambio.

El material simbólico recopilado hoy (vídeos, fotografías, testimonios, audios, frases, eslóganes) está circulando por todo el mundo y el meta mensaje posicionado es que Venezuela pide una justificada y democrática salida de Nicolás Maduro del poder. Por eso prohibieron los vuelos privados, el uso de drones, expulsaron periodistas internacionales, limitaron la conexión a internet, porque saben que todo este registro visual lograría impactar en el imaginario político y el resultado será una mayor empatía hacia la idea de que merecemos una transición en paz.

La «Toma de Caracas» activó, desde el lenguaje, la urgencia de apropiación de un espacio que sentimos secuestrado por el miedo, y no en el sentido inverso que el gobierno intentó dar de invasión. Interpretó mal y por eso cerraron los accesos a Caracas, amurallaron la ciudad contra los que hoy ya no considera pueblo, sino enemigos. El chavismo levantó muros para frenar al gentío proveniente de todas partes. Pero la «Toma de Caracas» adquirió un rasgo épico, personas yendo a pie, en autobuses, el éxodo para pedir conciencia política, el caminar como lucha, como otra metáfora, que hace falta partir de un punto para llegar a otro con un poco más de certidumbre. Toda épica busca una esperanza, por eso los actos de habla de amenaza (como categoría lingüística) de Diosdado Cabello no surten ningún efecto paralizante.

La retórica desempeñan un rol central en la construcción de la realidad política y social. Tal como se pensó discursivamente, la protesta de hoy equivale a una toma de conciencia-toma del espacio. Frente a los que asociaban la «Toma de Caracas» como una fecha de concreción de un hecho fortuito como que Tibisay Lucena saliera a dar una fecha al revocatorio o que Maduro renunciara, prevaleció el sentido de inteligencia colectiva, una ciudadanía que sabe gerenciar sus batallas simbólicas porque ellas les conducirán a los objetivos políticos legítimos de cambiar de gobierno en Venezuela.

La revolución ya la desdibujamos del paisaje semiótico-lingüístico nacional y la posicionamos como un estereotipo. Y por eso produce desconfianza y se le asocia con la mentira. Dimos un paso más en el desplazamiento de campos semánticos estigmatizantes y discriminatorios, y consolidamos una idea que será imposible ignorar, borrar u ocultar que queremos el retorno de la democracia al país.

El revocatorio es una construcción político-discursiva con tanto poder y tanta legitimidad, que es un hecho. Y hoy se dio un paso más para su concreción.

Like what you read? Give Johandry Hernández a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.