Un perrito: la mejor terapia
Juan Carlo Rodríguez
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Y lloro un poquito. Porque este país da ganas de llorar. Yo me alegro, cuando llego a casa, de ver los gatos de la planta baja del edifico. Por lo menos, en sus correrías juguetonas, me dibujan una sonrisa. Los animales resultan un bálsamo emocional ante tanto estrés e ira acumulados por el día

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