Etiquetas

Hace unos días, mientras tweeteaba un poco de odio, para no perder la rutina, un amigo mío (@melomanoide) terminó diciéndome que tenía una obsesión por las etiquetas. Al leer que no sólo mi amigo pensaba eso sino que mi novio le daba FAV al tweet en el que me decían obsesionado (una acción que yo interpreté como un: “Oh, yo estoy de acuerdo, Luis no se saca de la mente las etiquetas”), me quede durante más de media hora intentando recordar desde cuándo me fijo tanto en esas etiquetas a las que se refieren.

No me alegra darme cuenta de que lo hago desde que PINCHES TENGO MEMORIA. Bueno, un poquito después, verán:

Desde la infancia he sido muy “amaneradito”, muy “suavecito” (Léase las palabras entre comillas haciendo un gesto con los dedos de manera tierna y delicada), mis amiguitos de la calle no me hablaban para jugar con ellos porque era muy chillón, le tengo miedo a los balones, jugaba con muñecas, tuve intereses románticos sólo hasta que iba a la secundaria, nunca me gustó ver fútbol, mi voz no engruesó, etc. muchas de las cosas que corresponden a las etiquetas: #Puto #Maricón #Jotito #Mariquita. 
Y sí, muchas personas me las ponían, me las decían y me hacían ver que cumplía muy bien con ellas y que por eso tenían derecho de burlarse de mí.

Como me di cuenta de que no me gustaba que se burlaran de mí, intenté comportarme “más normal”. No recuerdo bien que entendía yo por la palabra “normal” pero creo que era algo así como a comportarme como las personas esperaban que me comportara. Está cabrón.

Durante la infancia bastó con decir que me gustaba una niña, lo cuál sí era cierto, pero no tenía porque decírselo a los demás si YO NO QUERÍA. Ya durante la pubertad y adolescencia me costó más. Intentaba no tener características con las cuáles pudieran hacerme burla JA. Me esforcé tanto por etiquetarme dentro de lo “chido” que hasta resté interés a cosas que me gustaban de verdad (como la escuela). No quería ser #Matado #Nerd #Ñoño #NiñoBien
No era consiente de que hacía las cosas sólo para que no me pusieran más etiquetas de las que se pudieran burlar (¿o sí?). Por lo mismo, aunque quería ser diferente (EMO DARKSS) no llegué al punto de cortarme las venas o cosas de esas que forman el estereotipo de un EMO DARKSS, pero sólo porque no tenía amigos emo para decirme que eso era COOL. Tal vez, si los hubiera tenido, ¡lo habría hecho!

Después de tiempo, llego el día en que me di cuenta de que para mi comportamiento también hay etiquetas: #Poser #WannaBe #ÚnicoyDiferente #TeCreesBienAlternativo.

Toda una vida fijándome en las etiquetas, pero ¿por qué? 
Porque no puedo evitar que me etiqueten.
Porque provocan discriminación y me emputa la discriminación.
Porque no se vale tener que cambiar para que no me discriminen.
Porque cada vez intento ser más CONSIENTE de que no debo evitar ni querer cumplir con lo que la sociedad dice que está bien, porque esa no es la solución. Cada que veo a alguien esforzándose por ser “diferente” o esforzándose por ser “normal”, me enojo poquito. Somos lo que somos, ya.

POR ESO.

Yo escuchaba a Arctic Monkeys, pretendiendo ser cool, pero la verdad me gusta MUCHO MÁS Paulina Rubio. JAJA

Ahora intento aceptar las etiquetas que me asignan, en vez de evitarlas PUES YA QUE. Pero se vale jugar con ellas, ¿no? 
Porque algo bueno ha de tener ser un Luis Hernández.

Tengo mexicable #PUTOS (Tabla basada en los primeros estereotipos que se me ocurrieron)

Perdón si alguien encuentra un poco o un chingo de doble moral por aquí, corríjame usted. :$

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