¿Iguales o diferentes?


Solía pensar en mí como si todos fuésemos iguales, igual de felices o tristes, pensando, amando u odiando de la misma forma, en fin, iguales.

Crecí con alguien diferente, sin pensar que era diferente, para mi tenía su propia normalidad. No entendía el porqué de su comportamiento, siempre buscaba estar donde estaba, jugar lo que jugaba, hacer lo que hacía, abrazar.. bueno, sobretodo abrazar. Fui creciendo sin entenderla, intentaba aceptarla pero no era igual que los demás, “¿Por qué?” Esa fue mi pregunta por muchos años.

Recuerdo un día haber estado molesta por una situación, algo sencillo pero para mí en esa época muy “importante” (de esas cosas por las que los niños se molestan sin razón) y utilicé una palabra que a simple vista puede parecer ligera pero créanme que no lo es: “anormal”, eso marcó su vida, y de paso la mía.

Luego de algunos años encontré la respuesta al “¿Por qué?” , el resultado: Síndrome de down. Sí, ella es uno de esos seres especiales que lo único que saben irradiar es amor, sin faltas, sin mentiras, con una inocencia admirable, ese tipo de personas que podríamos llamar casi ángeles pero a la que yo una vez juzgué por ser “diferente”.

Así como ella, miles de personas y sobre todo niños, sufren por ser tratados como “anormales” solo por una condición que nosotros desconocemos, algo que limita nuestro contacto con su mundo y más que eso con su hermoso corazón. Es por esto que admiro y agradezco la labor de la Asociación Dominicana de Síndrome de Down quienes se encargan de desarrollar las potencialidades de los niños y jóvenes con síndrome de Down, con el propósito de propiciar su inserción familiar, social y laboral de la forma más feliz posible, dándoles una oportunidad en un mundo donde no se les comprende.

¿Acaso no somos todos iguales?

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