Maestro del disimulo

Persona con una lista de títulos académicos que se podría considerar larga y variada. Formación Profesional Superior, cursillos, cursos a distancia…

Pero hay un título que no tiene. El de disimulo. Para eso no hay cursillo, ni Formación Profesional de ningún tipo.

Se obtiene con años de experiencia.

Mirando cada parte de su rostro cuando se gira durante 0,5 segundos. Tiempo que el maestro del disimulo aprovecha para memorizar sus facciones. Cada pequeño y gran lunar que habitan en su piel. Cada pequeña arruga que a ella le acompleja pero que al maestro del disimulo le encanta, pues eso la hace ser aún más única para el.

Pero, ¿Y si el maestro del disimulo es cazado en plena ojeada? No hay problema. Cuando ella sonríe, el maestro nota como, a la vez, se sonroja y pregunta “¿qué?”, es aquí donde el maestro le devuelve una sonrisa tímida, solo arqueando los labios, cerrando los ojos y, a su vez, negando con la cabeza queriendo decir “nada”. Ella no preguntará más, y el no dirá más, se ejercerá un “pacto” entre ambos, en claro favor al maestro del disimulo.

¿Y cuando hablan? El maestro deberá mirar a los ojos, de hecho lo hace. Al maestro le encantan los ojos verdes, es entonces cuando descubre que los suyos son marrones muy claros, y esto cambiará al maestro. Esos ojos profundos que miran al maestro tímidamente, y los del maestro del disimulo, siempre tristes, cruzándose en miradas que para el maestro simbolizan un beso. El beso más bonito que ha vivido en su vida, pero sin serlo.

Entonces, los ojos harán pequeñas rondas. El maestro hablará, aprovechará al máximo sus expresiones y frases a su favor. Dirá “ufff… no sé” y mirará al techo, cortando la mirada para, después, volverla y mirar, de nuevo, cada pequeña parte de ella. La intención del maestro del disimulo es la de alcanzar el alma, conocerla, amarla. Cada palmo de piel, cada expresión, sus cejas, sus pestañas… Todo está ahora al alcanza del maestro del disimulo, excepto sus labios, muy lejanos de los suyos propios. A veces por centímetros, otras veces por metros… Por muy cerca que esté de éstos, esa pequeña distancia siempre le parecen kilómetros.

El maestro debe tener cuidado y, siempre que su musa le pregunte de nuevo “¿qué?” deberá responder como dijimos antes.

El disimulo tiene, a su vez, un atractivo, que es el ser pillado. Pues no merece la pena hacerlo sin saber que le pillarán en plena ronda, memorizando cada parte de lo que es y dándole un significado para el maestro. Hay que saber ser pillado durante ello.

A su vez, el maestro se dará cuenta poco a poco de lo excepcional que es la persona que descubre o redescubre. Lo mucho que esa persona vale la pena, tanto como para sonrojarse también al ser descubierto y quedarse ambos con una pequeña sonrisa mientras, por ejemplo, estudian tras su larga conversación “¿qué?”, “nada…”

Y si esa persona se da cuenta de lo que miras y dice “¿miras mi lunar? no me gusta nada, me hace parecer hindú” entonces el maestro debe ser avispado y decir “a mi me gusta mucho, te hace más única todavía”.

Lástima. Pues este maestro cada vez se siente más cansado, como si llevara ya siglos batallando sin victoria posible. Perdiendo facultades.

Sin embargo, la facultad que no ha perdido aún, es la de fijarse en aquellas personas que sobresalen, cuya personalidad luchadora atrae, enamora y forja al propio maestro.

Ser maestro del disimulo no solo es disimular, ser maestro del disimulo en realidad es la metáfora de amar. Amar en secreto. Esa es la esencia del maestro del disimulo. Pues el miedo es más poderoso, ya no solo al rechazo, si no al recuerdo.

Aquellas personas que el maestro del disimulo amó y que creía excepcionales, resultaron no serlo, al menos como el creyó en un principio y provocaron un gran dolor. El mayor miedo que tiene un maestro del disimulo es el de volver a fijarse en alguien, en jugar a disimular, el ser descubierto… y que luego esa persona no sea como creía.

Da mucha pena como el dolor que los demás nos provocan interfiera tanto en nosotros mismos.

Pero…

Ser maestro del disimulo va más allá. No solo es amar en secreto. También se trata de la esperanza. Esperanza en el amor, en amar. En que nos amen. Se trata de perseguir la felicidad, o una parte de ella, o algo que la complemente.

Todos somos un maestro del disimulo. Solo que unos… lo disfrutamos más que otros.

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