FLUXUS = DADÁ. Dos movimientos que inspiraron al arte activista.

Artistas Dadá en el -Cabaret Voltaire- fundado por Hugo Ball en Zúrich

A principios del siglo pasado, un grupo de artistas con un tono desfachatado, entre juego y seriedad, pusieron de cabeza las prácticas artísticas. Era el movimiento dadá que alrededor del año 1916 rompieron los patrones antes observados y comprendidos en el mundo del arte. Este equipo multidisciplinario tuvo diferentes exponentes en Alemania, España, Estados Unidos, entre otros países, lo que les dio un carácter mundial. De la misma forma, a finales de los 60´s otro grupo liderado por George Maciunas se declaraba sucesor del dadaísmo, reforzado con el conceptualismo del músico Jonh Cage. Este movimiento es conocido como fluxus.

John Milton Cage Jr. (1912–1992) musico, poeta, artista, pionero de la de la música electrónica y del uso no estándar de instrumentos musicales, Cage fue una de las figuras principales del avant garde de posguerra.

Es interesante observar las muchas maneras en que estos dos movimientos son semejantes en su construcción conceptual y formal. Ambos grupos por igual no se autodefinen, realizando un “arte total”, donde las barreras disciplinares se borran y los discursos se sustentan en todos o muchos de los campos de las artes, pues fluxus es ante todo un estado de ánimo. Al igual que el dadaísmo el grupo fluxus no se limitó a un lugar de trabajo y en 1962 Maciunas organiza en Tokyo, Moscú y Berlín la “Gira fluxus”. Es también importante subrayar que en ambos movimientos se mezclan alta cultura y cultura popular. Recordemos que el primer lugar en donde se presentan los dadaístas es el “Cabaret Voltaire”. Ambos grupos fusionan el arte, los juegos, las insignificancias, el absurdo. Creyeron en la noción de que “cada individuo constituye una obra de arte en sí mismo”, desde esta perspectiva, hay que entender a la vida como una composición artística global. El desarrollo de estos movimientos, asi mismo, estuvieron acompañados de carteles, exposiciones, panfletos, sellos, cajas y otros objetos, esto con el fin de ampliar la idea de lo que es arte, de lo que representa en sí, una experiencia estética.

George Maciuas -Solo para labios y lengua- interpretado durante el Flux-Concert en The Kitchen Nueva York el 24 de marzo de 1979

Marcel Duchamp es a los dadaístas lo que Joseph Beuys al grupo fluxus, este último intenta identificar el arte con la vida, al observar que todo ser humano tiene fuerza creativa y esa fuerza se encuentra en su trabajo. La obra: “Bomba de miel en el espacio de trabajo” de Beuys es un gesto claro: la conceptualidad como dispositivo de reflexión, la anulación del objeto como comprensión del arte. Esta acción es herencia y continuidad de las propuestas de Duchamp. Cuando este artista coloca el mingitorio de cabeza (“La fuente”) quiere dotar de conceptualidad al objeto. Contemplar el objeto que un artista propone es generar con una acción un mecanismo para reflexionar. Beuys como Duchamp no buscan crear “obras” si no “acciones”. Marcel Duchamp fusiona disciplinas, amalgama objetos para ser revisados desde otras perspectivas, desea hacer un complejo entramado de definiciones que puedan encerrar lo que el arte es y puede ser, en palabras de Beuys “un concepto ampliado del arte”. Es así que en Duchamp encontramos el espíritu del dadaísmo y en Joseph Beuys el del grupo fluxus.

Bomba de miel en el espacio de trabajo. Instalación-Acción 1977

Joseph Beuys se declaraba así mismo un “escultor social” y afirmaba “todo hombre es un artista y hace los secretos productivos” en estas dos sentencias puede resumirse las bases del arte activista, que tiempo después se formuló gracias a estos movimientos, por un lado, comprender al arte como una influencia para el cambio en la dinámicas sociales y por el otro lo que el arte feminista continuamente propone: “lo personal es político”, mejor explicado por Jeff Kelley como: “un proceso de diálogo que cambia tanto al participante como al artista”. Joseph Kosuth nos indica que todo arte después de Duchamp es conceptual, de esta manera no podemos separar ninguna actividad del arte con la conceptualidad, no se puede dividir el raciocinio del artista y la construcción de cualquier objeto o situación, pues son un dispositivo resultado de las ideas. El mismo Joseph Beuys es un ejemplo claro de esto, siendo un utopista político, y al planear su búsqueda artística en estos términos, intenta que algo, por muy pequeño que sea, se logre. El arte activista que menciona Nina Felshin se caracteriza por ser procesual, público, sus presentaciones muchas veces son efímeras, hace uso de los medios de comunicación y es colaborativo. Estas prácticas por lo tanto implican la conceptualidad para iniciar y la misma para concluir y organizarse, pues somos seres que se dan a entender con campos abstractos de comprensión. Tenemos signos por todos lados: palabras, letras, idiomas, etc., esto hace del arte activista y de todos los campos en realidad, maneras de conceptualización. Comprendiendo de esta forma cualquier dinámica humana, es imposible separar la razón de la acción, siendo por ello más rico, complejo y con mayores esperanzas de influencia, producir trabajos artísticos activistas que aludan a la conceptualidad o que por lo menos sea atendida o revisada en alguna de las fases del proceso de la producción.

La fuente (1917) de Marcel Duchamp fue firmada por el mismo con otro nombre.

La historia del arte, al menos del arte moderno, que luego es postmoderno y luego y siempre contemporáneo, es un complejo enmarañado de experiencias que al cruzarse se dicen y se renuevan. El dadaísmo propuso y el fluxus continuó. Duchamp empezó y Beuys lo llevó más allá y entre ellos Kosuth y el arte conceptual y junto con pegado el arte activista, que se sale del mundo del arte para buscar respuestas fuera de él.

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