Resiliencia

Salto inicial

10 individuos en la cancha buscando la victoria. Algo se activa, inicia la competencia. Más allá de una competencia contra el individuo que tienes enfrente, compites contra la aspiración de satisfacer la necesidad de sentir que eres el vencedor, así mismo es un enfrentamiento con la antípoda de todo deseo, el miedo.

Primer cuarto

La emoción recorre tu estructura orgánica, sientes que el momento se aproxima en el que estás a punto de dejar todo en el campo de batalla. Empieza la búsqueda de esa ventaja y del ritmo de juego que te puedan brindar la victoria, 2 equipos explotan dejando fluir fuerza y habilidad con la finalidad de ejercer el dominio de uno sobre otro.

Segundo cuarto

La lucha sigue, ambos equipos ya se conocieron y vieron de lo que son capaces de hacer. Aún no se define quien será el vencedor, por lo tanto siguen peleando tratando de averiguar el punto débil del contrario esperando dividir para poder vencer.

Medio tiempo

Llegó la hora del descanso donde cada cual entra en una reflexión individual y grupal que brinde la retroalimentación necesaria de lo acontecido en la batalla. De esta manera afinar el ataque y fortalecer la defensa.

Tercer cuarto

Después de haber recibido diversos ataques y comprender las fortalezas del rival realizando un breve análisis, es hora de emprender otra batalla utilizando lo que queda de tu capacidad física y mental. Otra oportunidad de dominar al rival.

Último cuarto

No hay nada más, no hay más por hacer. Toda estrategia se vuelve obsoleta. Ya aprendiste del rival, lo conoces tan bien que sabes por donde viene el ataque y aun así no has encontrado la manera de defenderlo. También te han estudiado y aprendieron a defenderte. Lo único que queda es el deseo de vencer y es aquí donde el corazón proyecta una fuerza que será la que marcará la diferencia. Suena la chicharra y el juego terminó.

¿Qué sigue ahora?

Todo llega a su fin y es hora de aceptar que este ha llegado.

Se presenta en la vida del deportista ese momento en la cual se ve en medio de una encrucijada, perdido en el camino, sin saber cuál tomar. Ha pasado la mitad de su vida recorriendo el mismo, ese trayecto de lucha, sacrificios, entrenamientos, viajes, competencias, etc. Se dejan a un lado situaciones de vida reales. Se forjó de una manera que quizá no sea la más útil para sobrevivir en el mundo complejo en el que nos movemos.

Su mundo parece ser una burbuja que no deja ver lo que ocurre a su alrededor, considerando que la mayor preocupación es la de ser un atleta de alto nivel que posea todas las capacidades para ser competitivo e ir alcanzando el mayor nivel posible. Es complicado, no digo lo contrario, en esta carrera se requiere una serie de esfuerzos físicos y mentales. Es un trabajar día a día, por mejorar cada movimiento, cada paso que se da en la cancha, sobrepasando los límites de uno mismo. Al final de cuentas no es el resultado inmediato o la victoria alcanzada. Si no en lo que te estás convirtiendo en el transcurso y como se va desarrollando tu persona y el mundo que te rodea. Te vuelves parte de él, desarrollaste valores, amistades, relaciones, incluso la capacidad para sobrevivir en el ambiente. El gran lío es cuando el mundo real crece a diferente ritmo que el tuyo. Ellos no entienden lo que se ha trabajado diariamente, solo pueden ver la parte en la que desempeñas dicho deporte, solo ven la actuación.

Es un ambiente con una competencia sana que da la oportunidad de enfrentar diferentes retos y conseguir logros. Lo interesante es ver la diferencia del mundo real al mundo que vives en el deporte ya que este efímero recorrido termina, ¿Qué sigue? ¿Hacia dónde ir? Quizá sea empezar de cero y volver a recorrer una vez más el camino hacia la victoria con diferentes retos. Pero no eres alguien ordinario, tu vida ha sido marcada física, mental y emocionalmente. Estabas tan acostumbrado a salir adelante de cierta manera y conoces lo que cuesta avanzar en ese ámbito deportivo. Ahora las cosas cambiaron ya que te enfrentas al mundo real donde el ritmo de vida es diferente al que conoces y lidias con gente de distintas perspectivas.

Es como si llegaras al final del camino recorrido y cerraran las puertas. Te encuentras en la nada, no sabes a donde ir, qué camino tomar, la incertidumbre es la que ahora domina tu vida. La soledad empieza a manifestarse en el instante que permaneces quieto, sin avanzar ni tomar decisión alguna. La cabeza se ve inundada de pensamientos, ideas, y no para de moverse. Es raro sentir, después de llevar una vida forjada de logros, retos, derrotas, de pronto todo se acaba y te encuentras en la nada.

Un nuevo comienzo. Punto de partida.

Tras haberle dedicado mi pasión y mi dedicación llega el momento de desprenderse de dicho deporte. Dar el siguiente paso a un nuevo camino.

Muchas veces nos entregamos inconscientemente a lo que nos apasiona, consumiendo todo nuestro ser y pasas a formar parte de ese ambiente que lo rodea, dominado por el deseo que te guió por tal camino. Pero llegan las circunstancias en las cuales esa vida que forjaste deja de dar frutos y caemos en el error de seguir aferrándonos a nuestros deseos ya gastados y fatigados esperando que sobresalgan una vez más como lo hicieron en el pasado. Tenemos que ser lo suficientemente sabios para saber cuándo parar y decir adiós. De otra manera terminas por ser consumido.