Desarrollo urbano y despolitización

La segregación de los sectores sociales que conviven en la ciudad, a través de creaciones de viviendas periféricas o espacios urbanos exteriores a la centralizad urbana, corresponden también a un proyecto político de “despolitización” de los habitantes.

Mediante la creación de espacios periféricos el habitante se resume a una vida de trabajo en las fabricas, o a la ocupación de los espacios centralizados únicamente para el trabajo, y dejar la vida pública o el ejercicio de la política a una centralidad.

Guadalajara es muestra de ello. Las decisiones importantes se toman en el centro, incluso las negociaciones se dan en espacios centrales como las plazas o cafés del primer cuadro de la ciudad. Por tanto reducir a los habitantes a otros espacios fuera de estos cuadros politizados representa relegarlos a una vida instrumental funcional de las ciudades.

Esto corresponde, innegablemente, a un proyecto neoliberal despolitizador. La producción de habitantes despolitizados crea una conciencia de no-necesidad de las estructuras normativas o gubernamentales, para después dejarlas en manos de una clase política selecta que toma el poder representativo.

No sólo nos encontramos con el proyecto empresarial cuyos intereses inmobiliarios son pasados por alto de parte de las autoridades municipales, también nos encontramos frente al desarrollo del proyecto neoliberal, que despolitiza a través de la vida cotidiana.

Ya que justamente a través de ésta última es que el neoliberalismo está desarrollándose. Entonces nuestro punto esencial es revisar nuestra vida cotidiana y romper con la lógica neoliberal, como lo lee Santiago Castro-Gómez a través de el ‘Nacimiento de la biopolítica’ de Foucault, en su reciente libro Revoluciones sin sujeto:

“La hegemonía del neoliberalismo no se funda sólo en la coerción (el Estado impone verticalmente una serie de políticas económicas) sino en la creación de un sentido común frente a las formas de comportamiento. El neoliberalismo es, por encima de todo, un gobierno sobre la organización de los efectos y deseos. Interviene sobre la cotidianidad de las personas, sobre el modo en que se alimentan, se divierten, educan a sus hijos, llevan su vida sexual, desarrollan sus intereses espirituales. No hay gobierno sin la creación de un habitus”.

La incidencia directa en las formas de vida periferias, por tanto, toma sentido cuando éstos se fundan bajo un proyecto despolitizador. Este proyecto puede no ser el único pero debe ser tomado en cuenta.

La creación de una segregación urbana, a su vez, es generadora de una violencia social entre las clases. Denota las diferencias y crea individualidades en lugar de espacios comunes a través de la centralizad urbana. La consigna que antaño resume a una Guadalajara que se divide en ‘de la Calzada pa’allá’ ha generado todo un discurso simbólico referente a lo que puede ser politizado y no.

Los habitantes que desarrollan su vida desde el oriente de la Zona Metropolitana de Guadalajara resumen sus actividades a un trabajo de muchas horas y la poca recreación en la que invierten el tiempo libre. Dejan la política a la representación y son renegados de quienes los representan. Su vida se resume a la instrumentalidad de la vida cotidiana y es por eso que su voto no es razonado, porque las campañas suponen asumir una postura instrumental en donde apoyo al que más me da y no al que una opción mejor representa. En todo caso los intereses de este sector se resumen a la dádiva.

En todo caso, la politización de este sector se dan en los espacios de trabajo. Antaño era a través de los sindicatos o movimientos internos a favor de la derechos laborales del sector. Es la única forma de politización que conocen y en muchos casos esa propuesta no es llamativa para el sector.

Esta politización queda relegada a ese espacio y por eso hay autores, como David Harvey, que proponen la creación de asambleas o espacios comunes en y desde los barrios, para que sean estos espacios de la vida cotidiana lo que eviten la ruptura de la politización o su mirada selecta en el caso de quienes participan en la política pero sólo desde el espacio de trabajo.

Por su parte el poniente responde a otras lógicas y capitales culturales en donde la información puede ser un mejor punto. Sectores como el del distrito 10 de Zapopan, por ejemplo, muestran la capacidad de las ‘altas’ clases sociales para que su voto sea más razonado o informado.

Por supuesto que esto es una lectura simple de una serie de factores más complejos. Pero nos ayuda a dar luz sobre un tema interesante. Por ejemplo, el que las clases gobernantes de los años recientes centren sus domicilios en colonias centralizadas. O incluso que algunos sectores de la clase política, aunque provengan de colonias como Analco, se involucren por la centralidad o cercanía a los espacios en donde se llevan a cabo las discusiones o decisiones públicas.

Si este tema lo ponemos sobre la mesa del reciente desarrollo, nos vamos a dar cuenta de que no advertir sobre la problemática aún más profunda que esto puede generar es una falta a la conciencia crítica. Porque el proyecto neoliberal está inserto en la vida cotidiana, de ahí que su rechazo sea más complejo en tanto que no veamos en nuestros intereses personales la raíz del mismo, y el desarrollo urbano, hoy promovido por el sector inmobiliario en Guadalajara, también representa una pieza en el engranaje de este proyecto.

Like what you read? Give Jonathan Ávila a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.