El plagio presidencial y la opinión pública

Foto: Flickr

En su libro Introducción a la historia de las relaciones internacionales, Pierre Renouvin y Jean Baptiste Duroselle describen como Charles-Armand L’Escalopier de Nourar, en su obra Le Ministère du négociateur publicada en 1763, destaca la importancia de conocer el carácter de los príncipes. Hecho que el autor catalogaba como una “topografía de la política”.

Bajo esa óptica, México amaneció este lunes con una amplia discusión respecto del interés nacional sobre el plagio en la tesis de quien hoy ostenta la figura política más importante del país. Mucho, además, se ha debatido sobre el interés periodístico de tal situación.

De acuerdo con los datos publicados por la Unidad de Investigaciones Especiales del sitio de Aristegui Noticias, el actual presidente Enrique Peña Nieto, cometió plagio en al menos 28.8% del contenido del texto que le otorgó el grado de licenciado en derecho por la Universidad Panamericana. De los 682 párrafos contenidos en su tesis “El presidencialismo mexicano y Álvaro Obregón”, 197 fueron plagiados, 51 mal citados y 18 son “citas robadas”.

La oferta de la noticia causó gran expectativa, por lo que a la hora de ser publicada se suscitaron algunos comentarios de decepción. Sin duda es todo un caso que habrá que analizarse por su cuenta, pues lo ocurrido este domingo pone en evidencia a la noticia como un producto más del mercado, que puede incluso ofrecerse como cualquier otro artículo en un black friday tras crear la expectativa.

Muchos, y habrá que delimitar esto a quienes son usuarios de internet, compran hoy la noticia de Aristegui. Pero el texto pone de relieve un tema más importante que el que superficialmente se pretende tocar. Por un lado, por supuesto, es relevante que en el contexto de una reforma educativa y una evaluación punitiva a los maestros el máximo escalón de la política sea puesto en tal evidencia. Por otro lado tenemos un tema más importante, el plagio en sí mismo. México es conocido ya internacionalmente por casos graves de plagio incluso en figuras de la academia.

Sin embargo hay un punto que no puede quedar fuera y puede ser un buen ángulo para iniciar una discusión más profunda sobre el trabajo periodístico citado: ¿a cuántas personas importa que el presidente haya plagiado? Como se menciona, la noticia únicamente llegó a quienes son usuarios de internet, de ese segmento habrá que limitar a quienes tienen una educación por encima de la básica, que según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en Panorama de la Educación 2015, México tiene una de las tasas más bajas en el ingreso de su población a la educación terciaria, es decir licenciatura, maestría y doctorado: “sólo cerca de uno de cada cinco personas de 25 a 64 años de edad y una de cada cuatro de 25 a 34 años tiene un título de educación terciaria”, dice una nota sobre el país.

En ese sentido ¿para cuántos es relevante que un presidente plagie una serie de libros que hicieron posible escribir su tesis? Incluso en el universo académico esto puede ser visto con naturalidad, la corrupción en ese sentido llega hasta esos espacios y en ocasiones se normaliza.

Parte importante del ejercicio de las ideas corresponde al respeto de lo que dicen los otros, al reconocimiento de su aporte y a la critica de su postura. En ese sentido el plagio se convierte en un delito grave para quienes pretendemos ostentar un trabajo sustentado en los argumentos, las palabras y las ideas. Trabajar en la investigación significa un reto en tanto que contribuyes al reconocimiento de problemáticas y aportas puntos o soluciones — en algún sentido — , posibles para la resolución se las complejas dimensiones que actualmente vive el mundo. Por eso es importante que el plagio no sea una herramienta de dicho trabajo, pues reduce a la académica a una maquinaria de razón instrumental con una amplia producción de textos sin algún aporte. Es como si un arquitecto hiciera suyo un plano de un edificio que ya fue construido por otro. En términos sencillos, hablamos de un robo.

En los últimos años el plagio en la política ha sido importante para el ejercicio de las funciones, tomemos dos casos para ilustrar. Entre 2011 y 2013 dos ministros alemanes dimitieron de su cargo luego de que se dieran a conocer plagios en sus tesis. En “Doctores en plagios”, el diario español El País relata el caso de Annette Schavan, ministra de Educación que dimitió luego de que la Universidad de Düsseldorf revocara su título de doctora al encontrar plagios en su tesis defendida en el año 1980. El mismo texto menciona el caso, que también cita el texto de Aristegui Noticias, sobre el ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenber, que dimitió en 2011 luego de también perder su grado de doctor al plagiar el 20% de las 475 páginas de su tesis.

México no escapa de dicha lógica, incluso en años recientes el acto de plagiar se ha convertido en un tema de controversia pública entre algunos sectores académicos que además gozan del reconocimiento público a través de columnas en las cuales denunciaron los casos. Un caso es el del sociólogo Rodrigo Núñez Arancibia, al cual El Colegio de México, en julio de 2015, le retiró el título de doctor en Sociología tras conocerse que había realizado una copia casi integra de La revolución empresarial chilena, de la también socióloga Cecilia Montero, para hacer su tesis.

A nivel local el diario El País expuso, el pasado seis de mayo de 2016, a Mario Alberto Orozco, quien plagió alrededor de 86 fragmentos para incluirlos en su tesis de doctorado. Al currículum de Orozco no sólo se sumaba el grado de académico, sino que ostentaba un cargo como Coordinador de Vinculación de la Universidad de Guadalajara, misma institución que respondió a los señalamientos del diario español sin saberse hasta ahora alguna consecuencia de lo publicado.

El problema es profundo y sus consecuencias serán mínimas. A diferencia de los casos alemanes en México no tendrán consecuencias los señalamientos periodísticos. Primero porque no está legislado el plagio y, segundo, porque el carácter ético importa poco en la política mexicana, la respuesta del vocero de la presidencia lo deja en evidencia.

“Por lo visto errores de estilo como citas sin entrecomillar o falta de referencia a autores que incluyó en la bibliografía son, dos décadas y media después, materia de interés periodístico”, dice el vocero en un comunicado.

En el mismo se señala que la tesis “cumplió con los requisitos” de la UP, por lo que uno se pregunta la relevancia que esa línea tiene para el prestigio de la universidad, esa respuesta la tendrán que dar ellos. Aunque por otro lado vuelve a sonar lo que periódicos como El Financiero y El Universal destacaron hace unos años sobre la inexistencia de la palabra “plagio” en la Ley del Derecho de Autor, lo que habla de la importancia que este hecho o práctica tiene para este país.

Aunque la duda se vuelve más grande frente a la ingenuidad, algo que nos permitiría ahondar más en el poder dentro de la academia y la practica del plagio en las tesis. Pues hasta este punto yo me sigo preguntando si en algún momento los periodistas pensaron en la posibilidad de que el actual presidente no hubiera hecho su tesis. Lo dejo como última reflexión, es una posibilidad amplia sobre todo por la investidura que durante años ha tenido Peña Nieto y porque no sería el primer caso de un personaje cercano a la política que termina teniendo como asesores a grandes figuras y que además obtienen servicios personales para hacer los trabajos de los posgrados.

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