
Parece mentira cómo se puede visitar una ciudad varias veces al año y no conocer nada de ella. Eso es lo que me ha pasado con Trujillo desde que llegué al Perú hace ya más de dos años y medio. Mis primeros trabajos con la UCV fueron en esta ciudad y la he visitado más de 8 o 9 veces durante estos dos años. Sin embargo mis visitas se reducían a volar hasta allí, dormir en un hotel, trabajar en la Universidad, volver a dormir al hotel y salir volando cuando acababa el trabajo.

Por fin este fin de semana, gracias a que mi mujer trabajaba allí dictando en la Facultad de Psicología, he podido dedicar tres días a conocer en profundidad los tesoros que esconde Trujillo. Acompañado de mis enanos me he paseado por la historia del Perú, Chan Chan, que es la ciudad de adobe más grande del mundo, las Huacas del Arco Iris y Esmeralda y uno de los monumentos más increíbles que se pueda visitar, la Huaca de la Luna de la cultura Moche.

Por último el domingo y ya para cerrar el fin de semana pasamos el día en la playa de Huanchaco lugar de peregrinaje turístico, surfero y dónde se puede degustar uno de los mejores ceviches de la costa peruana.
Pienso volver para acabar de conocer esta ciudad maravillosa que recibe al visitante con los brazos abiertos y le deja descubrir su historia, su encanto y galantería.
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