
El final de un gran libro, un ‘hasta luego’
Piensa en tu libro favorito o en un buen libro que hayas leído
Existen libros maravillosos que nos apasionan: nos transformamos en una entidad etérea para viajar silenciosamente al lado del personaje sufriendo sus tristezas, disfrutando sus alegrías, sintiendo rencor contra sus enemigos y enamorándonos de quién conquista su corazón.
Si el libro es realmente bueno…
Como un observador invisible, recorremos los pasillos del libro, sabiendo que cada página nos lleva más cerca de la salida del laberinto: avanzaremos a toda prisa hasta sentir la voraz impaciencia de las últimas 20 páginas, sin darnos cuenta una sombra de nostalgia nos acechará para aparecer de sorpresa con el terrible punto final.
Tras el epílogo vendrán el alivio, la epifanía, la alegría, el llanto, una sensación de paz… y otras emociones… ¿cuáles?, eso depende del libro y del lector.
Cada persona enfrenta distinto el temido final de un buen libro: algunos luchando contra la ansiedad, prolongan la agonía: se toman un tiempo y ponen pausa a la lectura (se dan un respiro que puede durar horas o años) para reabrirlo después, en el momento que se sienten preparados para conocer el final.
Otros, por miedo o por soberbia, ejercen el derecho de abandonarlo (aunque son pocos los que se atreven cuando el libro es realmente bueno), esos desnaturalizados lectores concluyen la historia con un final diseñado por ellos mismos.
Los más rebeldes, los amantes de los universos paralelos, los expertos en navegar el mar de la ambigüedad, conciben varios finales posibles desafiando el propuesto por el propio el autor.
Un buen libro nos cambia la vida, nos deja con el deseo de hacer cosas, o de leer más libros, no hay razón para estar triste: un libro leído es un viejo amigo que estará ahí esperando nuestro regreso a sus páginas.
Si visitamos a este amigo después de un tiempo, nos encontraremos con algo misterioso, el libro se habrá renovado como un viejo árbol que da luz a nuevas hojas, flores de otros colores y frutos más grandes y dulces… claro está, que las palabras no se moverán de su lugar, pero nosotros ya seremos distintos…
…un buen libro es también un espejo...
…nos adentraremos de nuevo en sus páginas, las puertas que antes estaban escondidas entre líneas, se abrirán ahora emitiendo destellos de luz que no habíamos detectado en el primer viaje, y nos cantarán esas sirenas que se ocultaron la primera vez que nos vieron pasar, y descubriremos cuevas secretas donde la primera vez solo vimos maleza… si afinamos el oído, escucharemos a dragones flotando en un cielo que desconocíamos porque no habíamos mirado antes hacia arriba, y caminaremos distinto usando las mismas palabras de zapatos, y a las letras planas les veremos cuerpo… porque ahora estamos situados en otro ángulo, nos observaremos, otra vez, desde el fondo del lago, desde el otro lado del reflejo.
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