El paraíso de los perros

Jordan Castro
Sep 5, 2018 · 8 min read

Era un día normal, o eso pensé cuando desperté al escuchar como cualquier día nuevo a mi amo ir a la cocina a poner granos en un extraño aparato que por mi observación hace un liquido negro que lo pone muy energético. Lo noté raro, más distraído que nunca, despeinado, a la mejor un poco malhumorado, yo creo que no la ido bien en su trabajo, pero como todos los días abrió la puerta que daba al patio trasero de nuestra casa y me permitió ir a hacer pipí como cada mañana. Escarbé en el pasto del jardín, jugue un rato con mis huesos, y con mi nariz empujé el balón que mi amo le encanta por una extraña razón patearlo todo el tiempo. El balón llegó a una parte del patio trasero que daba con una puerta que nunca había visto. Me llamó mucho atención, nunca la había notado y estaba abierta. Olfateaba muchos olores muy únicos y espectaculares, y quizás estaban detrás de esa puerta. Mi instinto me dijo que la cruzará y así fue.

Pronto estaba en el patio de enfrente de la casa, y se miraban los caminos en los que los humanos pasean en sus caballos motorizados. Fui al camino por que no sabía como olía ni como se sentía. Me daban cosquillas en mi patitas, pero el camino estaba algo caliente. En eso se escuchó que venía un caballo motorizado y tuve que regresar al patio frontal. Me extrañaba que mi amo no saliera a buscarme, posiblemente se quedó dormido frente a la caja que tiene pequeñas personas adentro. Pero por mí estaba bien, nunca había salido de esa casa y su patio trasero, y hoy después de mucho tiempo, sentía que era libre.

Paseaban en frente de mí todos los caballos motorizados posibles. Algunos eran negros, otros eran blancos, otros eran grises, y uno que otro de esos caballos eran tanto negros como blancos y grises. Estaban mis ojos maravillados de ver tanta variedad de colores, cosa que nunca había visto fuera de la casa . En eso se estaciona un caballo motorizado muy robusto y obeso en frente de mi, y su amo me habla de una forma muy cariñosa, y me regala un trozo de tocino. Olía fantástico. No era el tocino que me daba mi amo que dice que es de una casa al norte que se llama Canadá. Este tocino olía distinto, a la mejor no tan sofisticado, pero igual se miraba que estaba delicioso. Me acerqué a comerlo y lo primero que pensé era lo amable que eran las personas fuera de la casa. En eso me agarró y me sentí agredido, empecé a ladrar como loco, pero mi amo seguramente seguía dormido. Este otro amo me metió adentro de su caballo motorizado con otros amos que estaban dentro empezaron a gritar que se habían sacado la lotería conmigo, que mi valor con un tal mercado estaba muy alto. Aunque estaba nervioso, me tranquilizaba escuchar mercado, me sonaba muy parecido a Merlín, el mago que aparecía en la película de la Espada y la Piedra, la favorita de mi amo. En eso me ponen en la parte de atrás del caballo motorizado y veo a otros perros. Estaban en sus jaulas. Pronto compartí una jaula con uno. Pronto me di cuenta por las tristes caras de los otros perros que no se trataba de un primo del mago Merlín, sino de algo con diría mi amo, de algo malo.

Mi amo siempre hablaba sobre temas que nunca entendía. Sobre algo como que es lo bueno y que es lo malo. La verdad nunca le entendí completamente, pero sabía que cuando el llegaba a darme cariño era algo que el llamaba bueno y que cuando orinaba en donde no tenía que hacerlo, era algo que el llamaba malo y recibía un castigo por ello. Cuando me castigaba me sentía mal y ponía la misma cara de tristeza que veo en los otros perros que vienen conmigo en el caballo motorizado.

Entonces, el perro con el que compartía jaula empezó a hablarme y me dijo — ¿Tu que haces aquí, si se nota que eres un perro caro? ¿Que raza eres?. Mientras observaba como él tenía una oreja mordida, un ojo visco y manchas sobre todo su cuerpo. Le comenté — Soy un Cavalier Rey Carlos ¿y tú?. — Soy de todas las razas, eso creo, nunca he encontrado a alguien como yo, en realidad nunca conocí a mis padres, pero creo que mis padres eran Pastór Alemán. En eso todos los demás perros de las jaulas empezaron a reírse de él. Era obvio que no era un Pastor Alemán, en realidad era muy feo y no sabía con exactitud de que raza podría tratarse. En eso le comenté si a donde nos dirigía el caballo motorizado y se empezó a escucharse varios murmullos. Todos empezaron a decirme que íbamos a un lugar llamado el ‘’Cielo de los Perros’’ al ‘’Paraíso de los Perros’’. Lo primero en venir a mi cabeza es que ibamos al lugar donde a mi amo y a mi nos dan masajes, le llaman spa, pero en eso interrumpió solemnemente el perro de la jaula mas grande, un viejo Rottweiler y nos comentó que en realidad ibamos a un lugar malo que los amos llaman ‘’Perrera’’.

¿Perrera? En realidad me sonaba como a un lugar de perros, no me podía sonar malvado, sino bueno, sobre todo porque podría conocer mas animales como yo. El viejo Rottweiller vuelve a interrumpir y nos advierte que no era un lugar bueno, sino que nos tenían en jaulas todo el tiempo, sin espacio para jugar, con comida espantosa, sin aire acondicionado, y que con el tiempo algunos eran adoptados por nuevos amos, pero los que se quedaban sin amo, entonces si, iban a un lugar prometido, solo para perros, y que entonces sí, nos llevaban al paraíso.

El paraíso sonaba un lugar muy comprometedor. Despúes de vivir a lado de amos, y servirles todo el tiempo, me encanta la vida de vivir descansando dignamente. Palabra que aprendí de mi amo todo el tiempo. Me contaba historias muy aventuradas sobre que los amos siempre quieren vivir en dignidad. Me costaba trabajo aprenderme la palabra dignidad. La dignidad no era el tocino delicioso que me daba , ni era un juguete que me divertía, era algo según mas preciado que nada. A la mejor es como un juguete, con el que tenemos el privilegio de jugar cuando podemos, o quien sabe, a la mejor es como el tocino, es delicioso por que siempre lo podemos comer. No entendía que era la dignidad, pero sabía que todos los amos que conocía querían vivir en ella.

Mas tarde que pronto, llegamos a la ‘’Perrera’’. Era un lugar muy gris y cuadrado. No parecía divertido. Bajaron todas las jaulas y nos acomodaron adentro, y me di cuenta que no eramos los únicos en ese lugar. Habían miles de perros más, de diferentes razas y grises, todos con la misma cara de tristeza, algunos eran muy flacos, otros estaban sin pelo y la mayoría lloraban de una forma que jamás había escuchado en mi vida. Pero suponía que era temporalmente porque cada hora venía un amo nuevo a querer adoptarnos y los mas viejos se los llevaban al paraíso.

Pasaron los días y me fui acostumbrando. No era el mejor lugar del mundo. Estábamos siempre en las jaulas, la comida si era espantosa, vivíamos muy tristes, pero me daba cierta felicidad que un día me iba tocar irme con mi amo o me iba ir al paraíso. Y con esa mentalidad despertaba todos los días y me daba cuenta que casi acaban las hojas con números, lo que llaman los amos como calendario.

Hasta que un día llego una persona a la ‘’Perrera’’ y preguntó por mi y otros perros mas. Era una persona que tenía ropa que utilizaba mi amo para ir a trabajar, muy oscura y con un hilo que le colgaba al cuello de color gris, con una etiqueta de lado derecho que decía Paraíso. Me quedé sorprendido de que esta persona preguntará por nosotros. Abrireron la jaula después de muchísimos días sin salir de ahí, y no podía estar mas contento por iba al paraíso al mismo tiempo que mi amigo, el perro que era de todas las razas. Los dos no podíamos creer que ya nos íbamos al paraíso que todos los perros desean ir cuando ya nadie viene por ellos. Nos subieron a otro caballo motorizado y por un camino largo llegamos al lugar que con letras enormes decía ‘’Laboratorios Paraíso’’. No sabía que significaba la palabra ‘’Laboratorios’’ pero si que significa paraíso y sabía que paraíso era algo bueno.

Al entrar al lugar, todos los amos dentro nos miraban muy felices, pensaba que eran ángeles por que su ropa era muy blanca y larga, y aunque seguíamos en nuestras jaulas, el lugar estaba lleno de luz. Pronto nos pusieron en un cuarto donde había tijeras y cuchillos metálicos que aunque me daban mala impresión, no podía dejar de estar contento por estar en el prometido paraíso. Nuestro amo tenía un nombre muy chistoso, le decían Doctor, y me daba risa porque siempre miraba con mi antiguo amo un programa en la caja de personas pequeñas sobre alguien que también le llamaban Doctor. Nos encadenaron a mi y al perro de todas las razas, y le dije — Esto es definitivamente el paraíso. Todos nos hacen caso y nos sonríen. ¿No te vuelves a sentir querido?.

De repente escuche decir al amo Doctor a otros amos que fuera lo mas dignamente posible, que nos darían de comer , dormiríamos una larga siesta, y que después de todo ‘’experimentarían’’ con nosotros. No sabía que era ‘’experimentarían’’ pero supongo que era lo mismo que jugar y eso me ponía contento porque tenía mucho tiempo sin jugar con un amo.

Volvía escuchar en mi vida de perro la palabra dignidad. En eso nos llega la comida. Nos trajeron un plato de dignidad. No sabía que la dignidad era un pedazo de carne que olía muy bien. El perro de todas las razas y yo estábamos contento de poder comer la dignidad. Y le comenté — Nunca imaginé que la dignidad era comida, y aún mejor, un pedazo de carne, mi antiguo amo siempre me hablaba de la dignidad, de que los amos siempre la buscan y que hasta se pelean por vivir en ella, pero nunca me imaginé que vivir en dignidad era comer carne. El perro de todas las razas me dijo — Que increíble sabe la dignidad!!.

Después me di cuenta que la carne tenía un sabor raro y amargo, y con el paso de los minutos, mi cuerpo se sentía extraño, adormecido y mis ojos se cerraban. A la mejor era la siesta que decían que ibamos a tomar. Por fin un descanso merecido después de vivir encerrado en una jaula esperando a que mi amo viniera por mí y aunque nunca regresó, estoy feliz de que por fin estoy en el prometido paraíso y pude probar la dignidad de la que tanto me habló.

— Descansemos, que ya estamos en el paraíso. Tenemos que dormir porque despúes vamos a jugar con nuestros nuevos amos.

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Este cuento lo escribí cuando un amigo me dijo que los humanos no nos merecíamos a los perros entonces decidí imaginarme como piensa un perro, como digiere el pensamiento de un humano cuando habla de dignidad, de lo bueno y lo malo, de la esperanza, de la búsqueda de un lugar mejor como el cielo y como podría pensar al mismo tiempo que es testigo de lo peor del comportamiento de los humanos sobre los animales, que es la explotación.

Los animales no pueden gritar, pero puede expresarse con sus gestos.

Los animales merecen ser tratados con dignidad igual que nosotros.

Firma esta petición para que no se vendan mas animales en jaulas y sin protección en el Mercado Sonora de la Ciudad de México.

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Idealista y callejero. Músico en mis tiempos libres. Me molesta la desigualdad y el corporativismo. Busco hacer política desde las raíces.

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