La persona bajo la pollera, la historia de Aaron

Aaron tiene 15 años y es el primer chico transexual que cursa en uno de los más antiguos colegios de la ciudad de Don Torcuato. Su caso no es uno más, marca un antes y un después en la historia de la institución y obliga al sistema educativo a repensar la forma de trabajar con los niños y adolescentes.

Aaron tiene 15 años y es el primer chico transexual de su colegio

El 13 de marzo pasado, Aaron llegó a su casa después de su primer día de colegio del 2017. Rápidamente tuvo la necesidad de expresarse en sus redes sociales, donde muchas personas en su misma situación lo siguen, y contar que ese lunes no solo fue el primero como estudiante de cuarto año, sino que también fue su primer día con uniforme de varón. Con el apoyo de su familia y luego de tratarse con el Dr. Adrián Helien, impulsor de la ley de identidad de género, Aaron hizo un pedido urgente autoridades del colegio para dejar de usar una pollera. Así él supo hacer entender lo dañino que puede ser utilizar un uniforme reglamentario para una persona transexual.

Ya desde los cuatro años sentías que no encajabas en lo que eras ¿Cómo fue emprender el cambio?

Cuando empecé el jardín veía como se marcaba la diferencia de “por un lado las chicas y por otro los chicos”. A principios del año pasado ya no aguantaba más, sentía que estaba viviendo una mentira y era agotador para mí tener que presentarme con un nombre y un género que no me identificaban. Cuando me corté el pelo fue como “quiere tener la apariencia física de un chico”, y también empecé a comprar ropa masculina. Para el nombre, busqué en internet nombres de hombre y me hice una lista de los que más me gustaban. Me paré frente al espejo, me los empecé a repetir para ver cual me identificaba más y me quedé con Aaron.

¿Cuál fue la primera persona con la que hablaste?

Fue una amiga que conocí por internet. Se lo dije a ella porque al estar tan lejos, si yo veía su rechazo sabía cómo podrían llegar a reaccionar las personas con las que estoy todos los días.

¿En algún momento te sentiste rechazado por tu entorno?

Si, tanto con mis amigos y con gente que vi una sola vez en mi vida. Al principio fue una tristeza horrible, salía a la calle y me gritaban de todo. También lo sentí en las redes sociales. Lo que más me duele fue el rechazo de la gente que quiero.

Tenés una vida muy activa en las redes sociales ¿Te relacionas con gente que está en tu misma situación?

Me escriben mails tanto chicos como chicas trans y también familiares de esas personas. Soy de responderle e intentar darle consejos, decirles que no se rindan y peleen por lo que sienten. Yo lo hice, mucha gente lo hizo y lo siguen haciendo hoy en día. Busco que se sientan acompañados y que sepan que no son los únicos a los que les pasa.

Aaron comparte su experiencia en las redes sociales

¿Qué significaba tener que usar una pollera?

Era muy feo. No me identificaba para nada y sentía mucha vergüenza. Los días que podía usar el pantalón de gimnasia yo lo súper aprovechaba. Usar la pollera era como mentir más y encerrarme en un casillero donde no entraba, era horrible para mí lo sufrí mucho desde la primaria.

¿Cómo fue el último día que la usaste?

Fue feo como todos. Pero cuando empecé a usar el pantalón de gimnasia fue una liberación para mí. Todos me preguntaban por qué lo usaba y yo decía que me parecía más cómodo.

¿Cómo fue el momento que decidiste hablarlo con un docente?

Elegí a mi profesora de geografía, que también nos da clases de construcción ciudadana. En el medio de una clase ella escuchó un comentario sobre la adolescencia, entonces la paró y nos preguntó cómo nos sentíamos en esta etapa. Yo me acerqué, le dije que necesitaba hablar con ella y empecé a contarle, sabía que de parte de ella no iba a sentir rechazo porque veía mucha de las cosas que nos pasaban. Me senté frente a ella, me tapé la cara y me puse a llorar. Fue un momento fuerte porque era una de las primeras personas a las que se lo decía. Profe, yo no me siento una mujer, no soy una chica, me siento un chico y soy trans”, ahí me quebré y ella puso su mano en mi hombro y me trató de calmar, eso me alivió más.

¿Ya lo habías hablado con tu familia?

Si, hacía un mes de ese día. La primera persona con la que lo hablé de mi familia fue una de mis hermanas, ella lo venía venir hace rato y ya lo sabía pero quería que yo se lo diga. Cuando se lo dije a mi mamá, estábamos tomando un café en capital y empezamos a discutir porque no me gustaba mi cuerpo. Ella me dijo entonces “Lo que pasa es que vos querés ser algo que no sos”, eso me dolió muchísimo y ahí le dije todo lo que sentía. Ella lo aceptó, pero no del todo. Yo la entiendo porque una cosa es verlo desde afuera y otra cosa es vivirlo. Mis papás tardaron en asimilarlo pero hoy en día lo aceptan y me acompañan en todo.

¿Cómo viviste la elección de cosas como a que baño ir o con que grupo hacer deportes?

Todavía lo sigo pensando. Por ahora estoy haciendo deporte con las chicas, porque con los varones no tengo buena relación, tuve comentarios muy malos de parte de ellos. Es raro hacer la clase con las chicas porque no soy una de ellas, seguramente el año que viene o en algunos meses cambie de grupo. Todo eso empezó en la secundaria. Me decían que era una lesbiana, de forma despectiva, o cosas así. También inventaban cosas sobre mí. Cuando hice el cambio recibí apoyo en las redes sociales, y muchos querían hacerse amigos míos, después de haberme insultado, solo para tener un par de seguidores más o likes en sus fotos. Con respecto a cosas como el baño, no entro a ninguno porque siento que voy a poner incómodos al resto. La directora del colegio me dijo hace poco: “Vos estás respetando a los demás, pero ellos no a vos”.

Pero tenés necesidades fisiológicas más allá de la comodidad del resto…

Si, una vez me pasó y pedí la llave del baño de profesores. Los directivos me dijeron que tenía que haber igualdad entre todos pero hoy en día sigo sin entrar a ninguno.

Fotos: Jordy Cannella

¿Y si tuvieras que hacer un balance de todo este cambio con el colegio?

Lo sufrí mucho. Para mi sigue siendo una lucha. Me sigo encontrando con estas personas en los pasillos y siguen teniendo comentarios pero trato de hacer oídos sordos. Las autoridades me dicen que cuando pase algo así me acerque y se los diga.