Malos tiempos para la ética

Recordaba el otro día conduciendo en medio del atasco rutinario camino al trabajo, mientras en la radio se vomitaban los diferentes casos de corrupción que hoy inundan la actualidad política, aquella canción de los golpes bajos, malos tiempos para la lírica que se me antojó perfecta para darle banda sonora a la película de terror psicológico en la que parece sumergida España.

Y es que esta semana, no ha sido una semana cualquiera, qué es si se me apura, es mucho decir en unos tiempos de auténtico esperpento político, donde muchos aún no han entendido (por que no quieren entender) que España ya no es una cosa de tu mandas o yo mando, que ha sumergido al país en un año de no-gobierno.

Imperdonable para unos responsables de lo público, que no solo han hecho oídos sordos a la doble petición de sus jefes (recordarlo todos nosotros), sino que aún hoy a pocos días de unas terceras elecciones siguen dándole vueltas a la perdiz.

El ataque frontal y encarnizado casi como un ejército perfectamente sincronizado y por varios frentes a los cimientos de nuestra sociedad está siendo escalofriante.

Esta semana negra hemos empezado a confirmar mediante las primeras declaraciones de los acusados en dos tramas de corrupción que han comenzado sus juicios esta semana aciaga, lo que muchos sospechábamos, y es que el Estado, eso que Cicerón definió como la multitud de hombres (personas) ligados por la comunidad del derecho y de la utilidad para un bienestar común, se ha convertido (si es que no siempre lo fue) en el mercadillo de un grupo de poderosos (hegemonía) que mediante la fuerza que les da el poder; no miran en el post del bien común, sino del interés parcial; que no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder; no es la salida del estado de naturaleza democrática, sino su continuación bajo otra forma, la de un tipo de dictadura.

Don Vito (como le gustaba ser llamado al señor Francisco Correa) se ha sentado en el banquillo de los acusados para derrochando un Cinismo que roza lo irrespirable ir cincelando con cada palabra que salía de su boca, la realidad de una sociedad donde “lo natural” son sobornos por tratos de favor entre los responsables de lo público (lo de todos) y empresarios sin escrúpulos que solo buscan un nuevo beneficio que incluir a sus cuentas de resultados.

Y para ambos bandos sobran candidatos. Triste pero cierto. Aquí se trata de coger la pasta y que no te pillen. Don Vito lo deja meridianamente claro;

“No es que esto se hiciera exclusivamente con el PP (…) esto es una práctica habitual del país, del sistema, y no existe solo un Francisco Correa como el que esta aquí sentado en el banquillo haciendo ese trabajo, existen muchos Franciscos Correa. Todo el mundo copia en los exámenes y al que le cogen le expulsan. A mí me cogieron y estoy aquí sentado en el banquillo, si hubiera facturado por mi gestión posiblemente no estaría aquí”.

La corrupción, más que de un robo pecuniario a las arcas del estado, es algo mucho más grave, y recorre todas las fibras del estado hasta el tuétano de sus cimientos.

EL verdadero problema, la crisis no es un echo aislado, no es un sinvergüenza sin escrúpulos, con ambición suficiente para correr el riesgo de no ser pillado con el carrito de los helados. Lo triste y que da mucho que pensar, es que el problema es una total falta de ética de lo que significa ser el responsable y gestor de lo público.

Una absoluta falta de valores más allá del beneficio personal a costa del dinero de todos. Es la sensación generalizada de que el que no metía la mano en la caja era simplemente un gilipollas, un “meapilas”, un paria o en el mejor de los casos un cobarde.

¿Y que pasa con todos nosotros?, ese “demo” estupefacto ve impasible como los que pusieron allí para representar sus intereses se lo llevan a manos llenas ¿Qué hace? A veces pienso que esa hegemonía es brillante, pero brillante de verdad. El lavado de cerebro es tan perfecto, tan limpio y clínicamente aséptico que somos cómplices de que nos roben de los bolsillos lo nuestro. ¿Y qué hacemos? … pues más bien poco o casi nada.

¿Comprensible? pues quizás en parte si, la post modernidad capitalista del egoísmo del “mientras a mi no me afecte” todo bien, nos hace meritorios de tener unos políticos que en realidad nos representan. Queremos que nos roben, queremos que se rían de nosotros en la cara, queremos ser ninguneados por tipos que solo se dan la vuelta cada 4 años. Bueno es lo que toca (mejor lo malo conocido…)

No es casualidad, que todos los movimientos que han puesto patas arriba la política española hayan emergido (surgieron antes pero eran irrelevantes a nivel de impacto real) del cabreo y desesperación que explotaron en el 15 M, ergo solo me mojo si lo veo muy chungo o estoy hasta los huevos.

Esto es Cinismo señores. Solo movemos el culo porque vemos el nuestro en peligro. Cositas del postmodernismo desilustrado del que somos víctimas por esos mercados que todo lo ven y pervierten.

Pero y se me ocurre lanzar esta botella al mar de despotismo del que somos todos culpables. Qué pasa con la ética, con los valores, con hacer lo correcto simplemente por que es lo que hay que hacer. Donde está el ayudar a construir una sociedad más justa, por el hecho de que eso es lo correcto (independientemente si yo salgo beneficiado o no directamente), por que es lo que se le supone . Que pasa por exigir responsabilidades morales y éticas a nuestros responsables políticos. Obligarles a ser éticos y juzgarles en lo moral, en lo que se les supone deben ser ejemplo para el resto.

En no permitir ni por activa ni por pasiva responsables de partidos que se escudriñan en que mientras la justicia no les juzgue poder acaparar responsabilidades políticas. Tolerancia cero. Si en tu partido hay un mínimo caso de corrupción, tú como responsable automáticamente inhabilitado hasta que se aclare, y si resulta que es culpable, tú como responsable fuera también.

Limpiar nuestra política, de la corrupción no es un trabajo solo de la justicia. Es un ejercicio donde los tribunales de ética también deberían de tomar parte. Pero claro esto implicaría dos cosas, primero enseñar a esos desalmados oportunistas que significa representar y gestionar lo público, y segundo una capacidad moral que hoy poco se parece a los Correa, Rato, Matos, Barcenas, Chaves, Lanzas, Rubalcabas, Gonzalez, Aznar, Zapatero, Rajoi… ¿sigo?

La sociedad española ya sea por activa o por pasiva (permitiéndolo) es corrupta. Nos guste o no es endémico y nos afecta a todos. La mierda ya entra por la puerta. Cuanto más vamos a esperar para levantar el culo y empezar a limpiarla. ¿Acaso se merecen nuestros hijos una sociedad civil así? ¿Es este el legado que queremos dejar a futuras generaciones?

Mientras tanto esos que nos representan se echan unas risas organizándose el parné para los próximos añitos… mientras los casos Gürtel y las tarjetas black nos revuelven el estómago camino al trabajo…