Menos obstáculos para el transporte en bicicleta

Un ciclista se transporta con su bicicleta en el Tren Urbano

Recientemente se anunció que el Tren Urbano reanudará operaciones luego del paso del huracán María. Se estima que antes del huracán el tren transportaba entre 26,000 a 30,000 personas diariamente. Esta cantidad no parece significativa, pero ante los problemas de tráfico y estancamiento económico que padece Puerto Rico, cualquier alivio es bienvenido. Mucho se ha hablado sobre las dificultades que ha tenido el Tren Urbano para atraer nuevos usuarios. Ello se ha debido, en parte, al diseño de la ruta, la deficiencias del sistema de autobuses y la falta de medios de transporte que conecten con las estaciones del Tren Urbano. Ante esa realidad, es tiempo de considerar la bicicleta no solo para aumentar el uso del tren, sino también, como herramienta para reactivar y diversificar la zona comercial y el turismo del área metropolitana. En ese contexto, requerir un permiso especial para viajar con la bicicleta en el Tren Urbano es un obstáculo innecesario que no fomenta el uso de la bicicleta como medio de transporte. A continuación discutimos las razones por las que se debe eliminar el permiso o simplificar el proceso para obtenerlo.

Imagine que el tren funciona y un fin de semana usted quiere pasear en bicicleta por Santurce, Viejo San Juan, Condado o Isla Verde. En vez de llevar el carro y pasar malos ratos buscando estacionamiento, decide llevar su bici en el Tren Urbano y salir pedaleando desde la estación Sagrado Corazón en Santurce. Desafortunadamente, no importa la poca frecuencia con la que utilice el tren, necesita un permiso especial para viajar con la bicicleta.

Un grupo de amigos se dirije a la playa utilizando el carril compartido en Condado, San Juan, Puerto Rico.

Contrario a la tendencia mundial, las agencias en Puerto Rico requieren que los usuarios del Tren Urbano tengan un permiso para viajar con sus bicicletas. El gran inconveniente es que el permiso, llamado Bici-tren, solo se puede obtener personalmente en la estación del Tren Urbano de Río Piedras, de lunes a viernes de 10:00 a.m. a 6:00 p.m. Allí se debe llenar un formulario, presentar identificación con foto y entregar dos fotos tamaño 2x2. (al menos así era antes del huracán). El permiso es gratuito y renovable cada 12 meses. Claramente, se trata de un permiso cuyo trámite excluye y enajena a nuevos usuarios y en particular, al usuario ocasional (incluyendo turistas locales y extranjeros).

Resulta contraproducente que en Puerto Rico se requiera un permiso especial para llevar la bicicleta en el tren tratándose de un país que necesita urgentemente alternativas de transporte sostenible. El Bici-tren y el proceso para obtenerlo son contrarios a la práctica en ciudades con estructura bici-amigable como Copenhagen. En la ciudad danesa, por ejemplo, no se requiere permiso alguno para viajar con la bicicleta en el transporte colectivo. En otros países donde se requiere un boleto o permiso, existe la alternativa de obtenerlos al comprar el boleto o en el vagón del tren.

Por lo anterior no debe extrañarnos que desde la implementación del Bici-tren, diversos grupos han abogado infructuosamente por su eliminación o por la modificación del proceso para obtenerlo. La justificación ofrecida por el gobierno de Puerto Rico ha sido que el permiso y el relevo de responsabilidad que firman las personas no pueden eliminarse debido a los daños que pueden sufrir u ocasionar al llevar la bicicleta en el tren. Una persona que mira su celular mientras camina en las instalaciones del tren representa mayores riesgos. Sería absurdo que el "nomófobo" tenga que ir a Río Piedras en horas laborables a obtener un permiso para llevar su celular en el tren. No vemos la diferencia con la bicicleta; es cuestión de normas, educación y cero impunidad.

Foto tomada de regreso a casa después del trabajo

Cabe preguntarse cuántas personas viajarían con sus bicicletas en el tren pero se abstienen por no perder su tiempo o tener que faltar a sus trabajos para tramitar el permiso. No solo eso, abundan las historias de turistas y familias que han tenido que regresar decepcionados por no haber podido llevar sus bicicletas en el tren. Ni mencionar la cantidad de eventos de ciclismo, ferias o mercados que podrían realizarse cerca de las estaciones. Lastima que la burocracia y las recomendaciones legales poco creativas puedan más que los beneficios de una posible masa de personas que podrían reactivar la economía mientras se divierten con sus bicicletas.

Podemos conceder que el proceso actual para obtener el Bici-tren permite orientar directamente a las personas sobre las normas para trasladar la bicicleta en el Tren Urbano. Además, el permiso ayuda a mantener un registro de pasajeros-ciclistas, herramienta útil para asuntos de política pública. Ahora, no es menos cierto que el Bici-tren, de la forma en que se tramita actualmente, no incentiva que las personas opten por llevar su bici en el Tren Urbano. ¿Cuál debe ser nuestro objetivo como sociedad?

Es nuestra posición que el permiso debe ser eliminado por completo como medida de política pública para incentivar el uso de la bicicleta como medio de transporte y recreación. Bastaría con ubicar rótulos en las instalaciones del tren con las normas y advertencias en cuanto al transporte de la bicicleta. Si las preocupaciones legales subsisten, hay alternativas igualmente efectivas para simplificar el proceso para obtener el permiso y educar sobre la seguridad al llevar la bicicleta en el tren.

Una alternativa para simplificar el proceso sería tramitarlo a través del internet. La reglamentación actual únicamente requiere que se expida un permiso y se oriente al solicitante, lo que puede lograrse mediante la firma electrónica de las instrucciones, acuerdos y condiciones correspondientes. De esa forma, el Estado podría continuar contabilizando y educando a los ciclistas sin añadir dificultades al reto de transportarse en bicicleta por las rutas cercanas a las estaciones del tren. El cambio sugerido no debería representar mayores obstáculos o gastos. De haberlos, éstos se justifican ante la necesidad impostergable de incentivar el desarrollo de una ciudad caminable, sobretodo ante los retos económicos agravados luego del paso del huracán María. Una alianza público-privada también podría ser una opción. Nos sorprende que el recién publicado Plan Integral Ciclista y Peatonal del Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP) no proponga la eliminación o flexibilización del Bici-tren.

Expertos en planificación y diseño urbano afirman que la ciudad caminable (y por ende, amigable a la bicicleta) tiene efectos positivos en la descentralización de la actividad económica, la seguridad vial, el fortalecimiento de los lazos sociales, e incluso, la incidencia criminal. De igual forma, la ciudad caminable promueve la salud y calidad de vida de las personas, lo que a largo plazo podría traducirse en ahorros significativos en el gasto público. Definitivamente, al exigir un permiso para transportar la bicicleta en el Tren Urbano andamos en la dirección incorrecta.

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