El Significado de la Cultura Maker en la Educación para los Entornos Rurales y los Barrios Marginados.

Co-autoría con Ann-Louise Davidson, Profesora en la Universidad Concordia, Montreal, Canadá.

La cultura maker tiene el potencial de trastocar la educación tal como la conocemos. En lugar de limitar la experiencia educativa a los libros y memorizar el contenido de las lecciones para escribir pruebas, la cultura maker en la educación procura involucrar a los estudiantes en actividades del mundo real.

Preparatoria 19 — SEMS, Universidad de Guadalajara. Foto: Alejandro Camarillo

En una clase de ciencias ambientales, en lugar de memorizar los conceptos que permiten a los meteorólogos hacer pronósticos, los estudiantes pueden comprender los cambios climáticos a través de la programación de sensores que captan la temperatura, el nivel de humedad, la velocidad del viento y la presión atmosférica. Una vez que generaron un diseño de concepto, pueden construir un dispositivo para unir estos sensores de una manera funcional utilizando tecnologías emergentes, como impresoras 3D, cortadoras láser, software de diseño y herramientas manuales más tradicionales. El proceso permite a los estudiantes demostrar su comprensión a través de la construcción de objetos concretos útiles y proporcionar explicaciones sobre lo que aprendieron. Esto cambia los roles tanto de los profesores como de los estudiantes y pone el poder de la creatividad en manos de los estudiantes.

La capacidad de innovar ya no pertenece solo a una élite. Desde la mentalidad de un maker, cualquier persona puede inventar, crear, proponer soluciones a problemas, alterar, reparar o reutilizar. Por supuesto que todavía necesitamos personal altamente calificado para producir bienes de consumo que hagan que la vida en la sociedad sea mejor, para ayudar a las empresas a operar de manera más eficiente y para aumentar la velocidad de las comunicaciones y las transacciones. Sin embargo, lo que el planeta realmente necesita es una generación completa de ciudadanos que puedan reciclar y reutilizar objetos, reparar productos dañados para que funcionen nuevamente y que generen soluciones sostenibles para los problemas existentes.

La cultura maker en la educación proporciona a los estudiantes los medios de producción, la capacidad de aplicar la teoría en proyectos concretos y la satisfacción de crear objetos que puedan exhibir y que tengan propósitos definidos. Para los entornos rurales y los barrios marginados, este es un cambio total de paradigma. En lugar de sacar a los estudiantes de la comunidad para educarlos, les pedimos que resuelvan problemas que ocurren en el mundo real desde la escuela y, por lo tanto, permitimos que la comunidad se beneficie de los logros de los estudiantes.

Al integrar prácticas maker en los planes de estudio para resolver desafíos de la vida real, los docentes también cambian sus roles, a menudo jerárquicos, para convertirse en facilitadores, lo que permite a los estudiantes producir su propio conocimiento colaborativamente. Cuando los estudiantes se dan cuenta de que pueden tener control sobre sus experiencias de aprendizaje, comienzan a valorar su entorno de trabajo, sus herramientas de producción y las relaciones con sus compañeros, quienes proporcionan retroalimentación y complementan mutuamente las soluciones.

Tener actividades maker o un área designada como espacio maker en las escuelas ayuda a atraer a nuevos estudiantes que perciben estas iniciativas dinámicas como un beneficio.

Al visitar el laboratorio maker de la Escuela Preparatoria 19, plantel público perteneciente a la Universidad de Guadalajara, fuimos recibidos por su director, Lic. José de Jesús Ramírez Flores, quien compartió sus puntos de vista sobre la influencia de las actividades de arte, ciencia y tecnología entre los estudiantes y maestros. Nos llamó la atención cuando mencionó que a los estudiantes se les motiva a usar autónomamente cualquier herramienta y espacio durante sus actividades extracurriculares. Gracias a su involucramiento, desarrollan un gran sentido de responsabilidad, lo que ha dado como resultado muy pocos objetos rotos o perdidos desde que abrieron la escuela hace cuatro años.

Esto es especialmente útil para las escuelas en entornos rurales porque los estudiantes no tienen acceso a los espacios de creación de la comunidad que están proliferando en las ciudades, donde están ocurriendo muchas de las ideas iniciales para inventar y crear nuevas empresas.

Es evidente cómo los ecosistemas escolares se benefician de la cultura maker. Esta florece a partir de las contribuciones de los maestros y los estudiantes a su entorno inmediato. Sin embargo, lo que los estudiantes no pueden percibir de inmediato es que su decisión de unirse a una escuela que ofrece un currículo maker constituye una poderosa sinergia que puede conectar su senda de aprendizaje con el desarrollo de competencias del siglo XXI. Al empoderar a los estudiantes a innovar, se tornan más creativos, aprenden a colaborar e incrementan su capacidad de resolver problemas de la vida real autónomamente. Aumentan su perservancia ante los mismos. A través de estas ricas experiencias en aprendizaje, los estudiantes crecen su capacidad para enfrentar mayores desafíos, logrando lidiar con la frustración en entornos que de otro modo permanecerían marginados.

Entre las iniciativas en las que colaboramos para desarrollar un ecosistema de innovación maker, destaca el Ideatón dentro del Festival de Innovación Epicentro en el que cada año participan 1000 estudiantes de preparatoria del estado de Jalisco resolviendo problemas de los sectores industriales nacionales. En 2018 integramos el prototipado rápido junto con la programación de un microcontrolador Robot-in-a-can para potenciar la experiencia maker de los futuros emprendedores del país. Un estudio de fondo para acompañar el desempeño se llevará a cabo entre investigadores del Sistema de Universidad Virtual de la Universidad de Guadalajara, el Instituto Milieux de la Universidad Concordia y el Laboratorio de Innovación Digital para la Educación (LINE) de la Universidad Cote D’Azur, en colaboración con el comité de Cultura y Educación Maker de la Red Temática Mexicana para el desarrollo e incorporación de tecnología educativa (#RedLaTEMx).