Sueño #2 — Cambio de mundos

Estaba yo en una fiesta de verano, había pileta, música, comida y bebida. En el lugar había mucha gente pero, según recuerdo, yo no conocía a nadie. Por lo cual andaba solo, mirando, sin relacionarme; mi mochila quedó a un costado cerca del sonido. Mientras yo nadaba en la pileta, alguien sacó dinero del bolsillo de la mochila, me hurtó unos $200. Al finalizar la fiesta voy a buscar y mis cosas y caigo en la cuenta de lo que había sucedido, a pesar del hecho, me quedé contento que sólo se llevaron la mitad del dinero que había ahí. Salí del lugar, ya era de noche.

Me crucé con mi hermana que había sacado a pasear a mi sobrino por su cumpleaños, así que decidí acompañarla; fuimos a un lugar dónde estaba lleno de tortas de cumpleaños para probar, decorado con guirnaldas y globos; pero en la fiesta no había nadie por lo cual lloré. Era triste estar en el cumpleaños de mi sobrino y que nadie estuviera con él; lo abracé a él y charlamos en la vereda. Me contó que no le molestaba lo que estaba viviendo, que se daba cuenta que las posibilidades de su madre eran muy limitadas para darle algo, que comprendía la situación y no le apenaba. Pero a mí sí me apenaba, aunque sorprendido por sus conocimientos de la vida y el poder interpretarlos me quedé charlando con él acerca de algunas nociones psicológicas. Luego se fue y yo me quedé solo escribiendo en el cordón de la vereda algunas ideas que había dicho cuando hablé con él.

Luego de eso, pasé por un quiosco para comprar algunas cosas para comer. No sé por qué razón no pagué y me fui con la bolsa de productos. Al rato, me doy cuenta que alguien del quiosco me estaba persiguiendo para dispararme por no haber pagado. Así que me escondí en un callejón sin salida, en la esquina de una pared donde no había luz y esperé a que viniera. Cuando llegó le salí de sorpresa para golpearlo, fue entonces cuando quien me perseguía comenzó a dispararme con un arma de bajo calibre. Yo esquivé todas las balas, y le dije que era muy malo disparando y que no tenía puntería. Llegué hasta aproximarme a él y forcejeamos, luego de un rato conseguí matarlo con el arma que tenía en sus manos así que quedó tirado en medio de la calle. Yo no pude escapar del lugar del hecho y me oculté en la oscuridad, detrás de la esquina donde anteriormente había esperado a quien luego maté. Por alguna razón en el barrio había una procesión, gente que andaba con antorchas iluminando la oscuridad de la noche, hasta que me vieron y fueron directo hacia mí. Yo no quería ser víctima de la muchedumbre así que corrí hacia el final del callejón, llegué a las instalaciones de una vieja fábrica abandonada y trepé hasta el techo para huir de la horda. Lo conseguí. Una vez en el techo de las instalaciones empecé a correr hacia el otro lado, y es ahí donde se produjo: el cambio de mundo.

Mientras me desplazaba empecé a escuchar un ruido estridente ensordecedor, empecé a temblar, mi piel se volvió marrón clara y me salió barba blanca, la apariencia de mi cara era similar al del Dr. Zaius de la película El planeta de los simios. Seguí avanzando, hasta que llegué del otro lado y bajé de la vieja fábrica. Llegué a un lugar que era como un campo, había algunas tranqueras de madera y algunas plantas, el suelo era bastante árido (similar al entorno geográfico de la película La batalla por el planeta de los simios). Me crucé con algunas personas, estaban vestidas igual que el viejo mundo y hablaban de la misma manera, pero eran mucho más agresivos y me trataban con prepotencia. En ese entonces me puse a pensar acerca del viejo mundo y rescaté algunas virtudes que no se repetían de este otro lado. Seguí a un grupo hasta que llegamos a un lugar donde había unas rejas, y del otro lado apareció un hombre vestido con un uniforme de color negro (como los uniformes de las SS), traía una caja con una cruz swastika en la tapa, la agitó un poco y sacó una jaula con un gato dentro. Estaba experimentado con el animal inyectándole unas vacunas para que se comportara como un humano. El gato se sentaba, cruzaba las piernas y fumaba como una persona. ¡Es hermoso! –Exclamé yo–, a lo que el animal respondió: “gracias”.