¿Por qué se debe decir “el libro” y se prohíbe “la libro”?

La pregunta no se reduce a una mera estratagema para cazar lectores jugando con las ambigüedades. Ni tampoco se refiere, para los mal pensados, levantar banderas anarquistas de la libre expresión.

El tema que quiero tocar es aquel que en mi niñez sólo se trataba y estudiaba en el curso de lengua castellana, sobre todo en las clases de gramática, de ortografía y sobre todo de la sintaxis: El uso del género en los sustantivos que designan seres, por ejemplo en el sistema de la lengua están incorporados: Las ciudadanas y los ciudadanos, las trabajadoras y los trabajadores, las niñas y los niños, las señoritas y los señoritos, las jovencitas y los jovencitos, las limeñas y los limeños, las peruanas y los peruanos, las sudamericanas y los sudamericanos, etc.

Todos ellos aceptados como parte del sistema de nuestra lengua, y de acuerdo al contexto, el uso individual en nuestro hablar cotidiano — de cada uno de ellos — suenan muy bien.

Pero el uso ‘partido’ para referirse a las personas en general en los discursos o documentos oficiales da la sensación de un reconocimiento a una especie de género para hacerlo ‘visible’, quitando fluidez y hasta agotando nuestros actos de comunicación.

Ojo, este tema lo trato desde el punto de vista del uso de la lengua, de nuestro hablar cotidiano, expresados y difundidos en los medios de comunicación.

Antes bien, veamos lo que ha dictado la Real Academia Española, más conocida como la RAE.

Desde el punto de vista lingüístico, o mejor dicho del uso de la lengua castellana, la RAE aclara que los desdoblamientos masculino/femenino son artificiosos e innecesarios ya que va en contra de la economía del lenguaje.

La entidad académica afirma:

“En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto.

Y precisa además:

“La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad.

Argumenta que va contra el principio de economía del lenguaje:

“La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas.”

Asimismo, la autoridad académica de la lengua castellana concluye que:

“Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.”

Y yo agregaría, cuando escuchas una clase universitaria, observas en una entrevista un personaje, ves las noticias en la televisión o escuchas la radio, tomando atención a las narraciones de noticias de tu país y del mundo, en los casos que utilizan el género desdoblado, se convierte en muletillas partiendo las fichas o la palabra en dos, dificultando la fluidez en las comunicaciones.

Finalmente, la RAE como una forma de descarga o catarsis por este uso indiscriminado de la lengua de Cervantes a dos pasos y no en uno, dice:

“El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.”

No dejando de tener razón la RAE en su argumentación, creo que el criterio en este punto es más dogmático que contextual, ya que incluso en un grupo mixto, creo que es válido que se use el genero mayoritario porque así lo exige el contexto.

Por ejemplo, en un centro religioso, una penitenciaría, en una universidad, en un equipo de fútbol, etc., donde sus integrantes son mayoritariamente mujeres, las comunicaciones estoy seguro que se refieren a las religiosas, las reclusas, las universitarias o las jugadoras sino chocaría con la identidad femenina, e incluso si existiera varones en minoría. En este punto, en mi humilde opinión, creo que es válido el uso del género femenino.

En cambio, coincidiendo con la RAE, si me parecería inadecuado escuchar:

Las religiosas y los religiosos, las sacerdotisas y los sacerdotes, las reclusas y los reclusos, las universitarias y los universitarios, las jugadoras y los jugadores, y con ello podemos llegar a absurdos, a escuchar en pleno discursos políticos — para que nadie se quede de lado — frases como: Las mujeronas y los mujerones, las hombreriegas y los mujeriegos, las unas y los unos… etc. ¡Dios! ya casi no es inimaginable que pueda pasar en algún evento en nuestro querido mundo hispanoparlante.

En mi opinión, fuera de bromas, cada persona tiene la libertad de expresarse, de hablar y de escribir como mejor se sienta. Claro, con un mínimo de nivel convencional del lenguaje para la comprensión de los demás, obvio.

Ahora bien, si existen razones extralingüístas como afirma la RAE, ellas pueden ser las políticas, las ideologías de género, entre otras, y el medio perfecto para sus acciones de reafirmación, de persuasión y de propaganda son los medios de comunicación convirtiéndose en las cajas de resonancia de sus subliminales propósitos que — de alguna manera — van reforzando y legitimando este uso a partir — literalmente — la moneda en dos — por la mitad entre la cara y el sello — por medio de la publicidad, los discursos, las entrevistas, los documentales, los artículos que se publican, etc. en un afán de imponer una forma de hablar, para mi gusto artificial y carente de fluidez.

Sobre este punto, y pensando por encima de mis preferencias, es totalmente legítimo, totalmente válido como una posibilidad más del uso del idioma nuestro, que nos da la oportunidad de comunicarnos desde la cuna e incluso desde el vientre de nuestra amada madre.

Además, es parte de la libertad y del derecho de cada persona — de cada individuo único e irrepetible — de un conjunto de intelectuales, de movimientos sociales, de grupo de empresas, etc. expresarse en la forma que más guste. Además, la palabra es un placer cuando la expresamos a nuestra manera ya que refleja nuestra forma de ser.

No obstante, algunos sectores pretenden establecerlo como una especie de uso “oficial” y “correcto” del castellano, al punto que si omites “desdoblar” el uso del género puedes ser juzgado e incluso mal visto en algunos sectores políticos como en Bolivia, Ecuador, Venezuela o incluso en mi país Perú, sobre todo en tiempos donde los medios y las redes sociales son una poderosa maquinaria para desplomar tu reputación o tu buena imagen por opinar y pensar diferente, de juzgar tu persona, etc. Este es el punto que yo personalmente crítico.

Lo paradójico de este tema es que resulta siendo al final… una intolerancia más de aquellos que precisamente quieren — supuestamente — combatir con sus ideas progresistas.

Y esta crítica también va contra aquellos que juzgan cáusticamente a los que se adhieren al uso desdoblado de los sustantivos.

Personalmente lo tengo claro, cada persona es libre de comunicarse como mejor le parezca, y al mismo tiempo no cabe ser juzgar la forma de hablar o el modo particular en que le guste hablar, escribir, sea por la causa o motivo que esté legítimamente comprometido.

Uno escucha a los extranjeros nativos de otras lenguas, cuando hablan español parecen de una forma de hablar como infantes de 5 años, y cuando cometen un error lo aceptamos tal cual sin juzgarlo, e incluso los motivamos a que sigan aprendiendo nuestra lengua.

Lo importante, creo yo, es que lo que digas en voz alta comunica información a tu interlocutor, no exclusivamente por las formas sino por las ideas que fluyen, por la comprensión que logras en él.

Y si extienden estas formas de desdoblamiento intencional femenino/masculino, pues simplemente las tolero y las acepto como otras formas de la libertad de expresión a pesar de las dificultades que pueda traer, pero no significa que las adopte ni me sienta obligado a adoptarlas.

Para terminar, una amiga coreanita comentaba en su canal lo difícil que es aprender nuestra lengua con respecto al uso del género de sustantivos que nombran cosas. Simplemente no lo entendía, ella se refieren en su tercera razón, que casi deja de estudiar el español precisamente por los géneros.

Ella nos dice enfáticamente:

“Ni en coreano, ni en inglés tiene género. Cuando empecé a estudiar español, esa cosa (género) me confundía mucho. ¿Por qué mesa es ‘la mesa’? ¿Por qué es femenino (la mesa)? ¿No parece ser una niña? ¿Tampoco es guapa?, pero ¡es así! Yo tenía que ‘memorizar’ las palabras dependiendo del género. Así puedo usar las adecuadas. No puedo decir ‘la libro’, ‘el silla’. En Corea ‘la mesa’ es ‘mesa’, no es femenino ni masculino, solamente las personas y los animales tienen género.”

Ya sabemos que toda lengua para enunciar o denominar cosas y personas, como lo hacen los sustantivos, son arbitrarias, las palabras se van formando en el tiempo como todas las lenguas en el mundo a los largo de toda la historia de la humanidad.

De igual forma, no se entiende como parte del uso válido del sistema de la lengua, introducir –artificialmente — este desdoblamiento de género en nuestras comunicaciones.

Lo que si nos queda claro, al menos para mí, es una manera intolerante de introducir una forma de expresión en el habla nuestro, y el que no lo sigue pues puede ser señalado con el dedo. El ejemplo más claro es cuando hablan los políticos en un cargo político, y se nota cuando no corresponde a su habla natural, sino más bien en una impostación y una mera pose y no por una convicción política.

Creo que el único refugio para toda esta ola de modas de expresión, es la poesía y la buena literatura. El día que veamos poesía o narrativa desdoblada, pues tendrá que ser brillante o muy bien armada para poder acabar sin riesgos la última hoja del texto, caso contrario nuestra libertad en este aspecto estará afectada… y si dramático… puedo serlo cuando se afecta nuestra lengua y la libertad de nuestra forma de hablar con nuestro propio acento.

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