El Hashtag de la Discordia

El hashtag #PeruPaísdeVioladores ha causado tanto escándalo que la congresista fujimorista Tammy Arimborgo rápidamente ha solicitado que las responsables del mismo, Marisa Glave e Indira Huilca, se las vean con la Comisión de Ética; más rápido que el actuar de cualquier otro congresista en tratar de resolver la problemática que en primer lugar motivó la creación del hashtag: el alto índice de violaciones sexuales en el país.

No han sido pocos lo indignados que prefiere reclamar por un hashtag en vez de hacerlo por el problema existente. Pero si bien la mejor razón que han encontrado los que critican el hashtag es a todas luces burda (“no todos los peruanos somos violadores” es obvio) sería bueno analizar las verdaderas razones que motivaron su creación.

A primera vista, la creación del hashtag sería una espontánea y justificada respuesta ante un repudiable caso de violación sexual de una empadronadora del Censo que, mientras el resto del Perú cumplía un deber cívico, era ultrajada por Marco Luza Segundo en Villa El Salvador. Sin embargo, más de uno ha tratado de mostrar hechos que justificaría que el Perú sea tildado como un país de violadores. Y si bien las cifras son alarmantes (¡algo se tiene que hacer!) debemos preguntarnos ¿A partir de qué número de casos podemos afirmar que somos un país de tal o cual tipo de delincuentes? ¿Somos, acaso, uno de los países con mayor número de violaciones sexuales en el mundo?

Marisa Glave indicaba en su tuit que cada día se atienden 353 casos de violencia sexual, cifra que a través de los últimos años no habría variado significativamente. Es más, siendo técnicos y limitándonos al número de denuncias por casos de violación sexual (los delitos de violencia sexual incluyen tanto violaciones sexuales como actos contra el pudor), este tipo de denuncias han experimentado una leve disminución desde el 2007 (7 208 denuncias) al 2016 (5 683 denuncias). El panorama, en el peor de los casos, sería casi el mismo desde hace años. Además, no porque el número de denuncias por robo o lesiones sean mayores a alguien se le ha ocurrido crear un hashtag afirmando que somos un país de rateros o agresores. Es lo repudiable y execrable de los delitos de violación sexual lo que justifica que reaccionemos con mayor vigor, mas no el número de casos.

Por otro lado, se ha pretendido justificar el hashtagh en base a un Informe de la OMS del 2013 donde el Perú ocupa el tercer puesto en el mundo por casos de violencia sexual, sólo mejor que Etiopía y Bangladdesh. Pero si se refieren a este informe, sería justo aclarar que el mismo sólo examina a Bangladesh, Brasil, Etiopía, Japón, Namibia, Tanzania, Samoa, Serbia y Montenegro y Tailandia. Obviamente, no todo el mundo. También se ha utilizado la reciente encuesta de Thomson Reuters Foundation sobre las Megaciudades más peligrosas para las mujeres, en donde ocupamos un vergonzoso quinto puesto. Pero, nuevamente para ser justos, cabe mencionar que se analizaron 19 megaciudades y que, si nos limitamos a los resultados sobre violencia sexual (total, de eso habla el hashtag), ocupamos el puesto 10° (de 19).

Desde luego que nada de lo anterior es para sentirse tranquilo o minimizar la gravedad de los hechos. Pero podría dar la impresión que una mujer estaría menos expuesta a una violación sexual en Sao Paulo (puesto 2°) o en Ciudad de México (puesto 4°) que en Lima (en esta misma encuesta Londres se ubica en el puesto 14°). Más aún, según el número de casos denunciados en el 2016 y teniendo en cuenta la población femenina, es más probable que una mujer sea víctima de violación sexual en Madre de Dios que en Lima. Finalmente, tampoco es cierto que Perú se encuentre entre los países con mayores tasa de violaciones.

¿Acaso no es posible que afrontemos el problema sin distorsionar la realidad? ¿Tuvo que suceder un escandaloso caso de violación –que justificadamente ha merecido el repudio de todos- y la creación de un hashtag para darnos cuenta que las penas por caso de violación simple son muy benignas (la pena máxima por violación simple no varía desde 1994)? El hashtag en cuestión no representa cifras que nos ubiquen en el peor lugar del planeta posible para las mujeres, pero sí representa la indignación y el repudio de todas ellas de vivir en una sociedad injusta.