A las 4 de la mañana

Así comenzaba todos sus días, las oficinas del ferrocarril en Laguna Paiva, Santa Fe lo estaban esperando.
El esfuerzo, el trabajo y la abnegación fueron sus iniciales para todos los emprendimientos que realizó en su vida.
Su constancia y su perseverancia hicieron que en la mitad de su vida, decida cambiar su estabilidad, su casa y sus amigos en Santa Fe, por venir a vivirse a Buenos Aires. Una decisión que ninguno de nosotros tomaría a los 50 años, el lo hizo.
Sus cuatro hijas, sus yernos y sus nietos lo admiraban por sus regalos. Siempre tenía un chupetín, una sonrisa y algo para regalarte. Las reuniones con el eran muy inesperadas, siempre citaba versículos, oraba y moldeaba sus palabras como un escultor a la piedra, o pintor a su cuadro.
Si tuviste el privilegio de conocer al Licenciado Agustin Aressi, sabrás que su voz respiraba la paz de Dios. Aun en sus últimos años, durante los últimos domingos que pudimos disfrutar de esos almuerzos con el, al momento del postre, el pedía una Biblia y nos leía el pasaje de Filipenses 1:20–26 y nos recordaba que su partida estaba cercana.
Nuestros rostros se llenaban de lágrimas, porque queríamos tenerlo para toda la vida, pero en su rostro había paz, intimidad y reposo. Quizás el sentía dolores en su cuerpo por su avanzada enfermedad, pero nosotros nunca logramos enterarnos.
Escribió varios libros, tuvo proyectos muy visionarios, desarrolló negocios de los mas diversos, proyectos inmobiliarios, instaló una heladería, mudó su familia mas de 10 veces y finalmente fundó una consultora que ya lleva 25 años de vida, motivando a una de sus hijas y a su esposo a continuar la tarea. (YASS Consultores)
Alquiló la primer oficina, la pagó de su propio bolsillo y unió a dos familias, que hoy continúan trabajando para cientos de instituciones en toda la república argentina.
Su generosidad traspasaba todos los horizontes. Quizás, seguramente, aun cuando tenía los últimos 50 pesos en su bolsillo, un día me los dio para que yo pueda comprarme mi único par de zapatillas y lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer. Mi padres no podían comprarlo y yo pude tener mis primeras zapatillas a los 15 años, gracias a El.
Su bife de chorizo a punto, mas unas rodajas de tomate con mayonesa y orégano, eran su plato preferido. Tuvo grandes amigos y su familia hoy está esparcida en todo el continente americano. Siempre quiso visitar Estados Unidos, hoy uno de sus nietos vive con su familia en ese país. Siempre quiso publicar libros, hoy uno de sus nietos está a punto de publicar uno.
Sembrar para que otros puedan crecer, ese fue su único anhelo en la vida.
“¡A ti la vitoria!”
Literalmente… así lo decía, no decía “victoria”, sino “vitoria” así lo vamos a decir en su vigésimo aniversario. Solo a ti la gloria, solo a ti la vitoria, por los siglos de los siglos, porque al final del día, nuestra ciudadanía está en los cielos, nada hemos traído, nada nos podremos llevar.
Abuelo, tu visión permanece en nosotros.
Nos vemos pronto!
