¿Cómo escuchar la voz de Dios? Parte 3

La comida puede ser un impedimento para escuchar la voz de Dios. Todas aquellas cosas que nos generan placer y satisfacción, hace que nuestros sensores celestiales se apaguen. Aquello que nos genera placer nos satisface. Aquello que nos satisface nos hace sentir plenos. Entonces me surge una pregunta:

¿Podremos escuchar la voz de Dios si estamos plenos?

Es precisamente por ésta razón que encontramos en la Biblia al ayuno. Es una gran herramienta que tenemos para conectar todo nuestro ser con Su Presencia. En cierta oportunidad estuve ayunando de comida sólida por un tiempo prolongado. Fue un gran tiempo con el Señor y pude realizar varios cambios en mi vida personal pero hubo un detalle que éste año cambié en mi dieta. En el primer ayuno, en mi dieta de líquidos e infusiones había incluído al helado. Personalmente considero al helado como una de las comidas que mas placer me da en la tierra. Entonces esos días de ayuno, si bien había dejado de comer alimentos sólidos, el helado por su parte me generaba una sensación de saciedad y placer. Obviamente pude bajar de peso, ya que le dije que no a una pizza, tambien le dije que no al matambre al roquefort y a varias comidas ricas, pero me autoricé el placer del helado.

Para buscar a Dios necesitamos tener hambre. Para buscar a Dios necesitamos sentirnos insatisfechos con lo que somos. Para buscar a Dios necesitamos tener como dije ayer, una “santa insatisfacción”. La única necesidad que debe fluir en nosotros es buscar tener placer en su presencia. Su presencia es hermosa y nos dará un placer único. Santo Tomas decía que el vacío que existe en el corazón del hombre tiene la forma de Dios. Y cuanta razón tenía, ya que sólo cuando le decidimos a todos los otros placeres en la vida que nos esperen un poquito, es cuando viene el gozo de su presencia. Necesitamos entrar en el reposo del Señor.

Es que los retorcijones de nuestros estómagos pueden ser excelentes resortes divinos para comenzar a escuchar la Voz de Dios.

La práctica del ayuno nos hace olvidar de lo terrenal, de lo corporal. Ayunar es mas que pasar hambre, pero necesitamos pasar hambre para poder ayunar. En toda la Biblia hay capítulos completos que describen los beneficios del ayuno. Jesus ayunó para comenzar su ministerio. Si Jesus, el Hijo de Dios, el mismo creador del universo pasó hambre para fortalecer y nutrir su espíritu, cuanto mas nosotros. Si Él, siendo Dios hecho carne, necesito ayunar, cuanto mas nosotros necesitamos incorporar éste hábito en nuestras agendas.

Quítate el calzado Moises, porque el lugar que estás pisando, es tierra santa. Tenemos que dejar muy lejos nuestras seguridades. Las sandalias para Moises eran indispensables para caminar por los campos y los desiertos. Eran su protección durante los días de calor donde el piso parece fuego. Era su protección a las piedras.

Para escuchar la Voz de Dios tenemos que abandonar todos esos conceptos que nos protegen. Para entrar en su presencia, es necesario bajar las armas y confiar en que Dios tiene un mejor plan que nosotros. Para escuchar su voz, necesitamos dejar nuestros caprichos. Yo quiero, yo necesito, yo siento, yo creo… Todos esos deseos personales son barreras que tenemos que superar. Su santidad es algo inaccesible a nuestras mentes, pero podemos entrar de la mano con Jesus. No sólo podemos entrar, sino que tambien podemos permanecer. Sólo necesitamos tomarnos de su mano y dejar todo, dejar absolutamente todo atrás.

Los sillones son buenos para ver televisión. Las camas son buenas para dormir. Para escuchar la Voz de Dios, necesitamos acomodarnos para que El nos incomode. Muchas veces buscamos cómodos asientos y esperamos que Dios nos traiga el café y nos ponga la película que nosotros queremos ver.

Para escuchar la voz de Dios, necesitamos abandonar la idea de que estamos yendo al cine.

Escuchar la voz de Dios es algo inusual. Samuel debió levantarse a la madrugada varias veces. Jonas lo hizo en el estómago de un pez. Saulo se cayó de su caballo al ver un gran resplandor. Moises pasó 40 años en el desierto para escuchar su voz. Ruth perdió a su esposo y a su suegro. Cualquiera de nosotros saldría corriendo para escaparse de su dolor. Ella decidió quedarse con el Dios de su suegra, Noemí y así escuchó la voz de Dios. Nehemías abandonó la comodidad de vivir en la corte real, hizo ayuno y pudo ser sensible y escuchar la voz de Dios.

Tenemos muchos mas ejemplos en la Biblia, pero que creo que son suficientes para comprender que escuchar la voz de Dios, será algo placentero para nuestro espíritu y simultáneamente incómodo para nuestra carne.

¿Cómo puedo escuchar la voz de Dios en medio del dolor?

El dolor continuo suele ser un gran problema para meditar, ya que todas nuestras ideas, se alojan cerca de la herida o del dolor. No importa el tamaño de la herida. No interesa si el dolor es pequeño o grande. Todo dolor por diminuto que sea nos molesta. Algunos dolores físicos pueden derivarse de una heridas del alma que no pudimos sanar. Escuché que varios de los padres de los hijos que murieron en la tragedia de Cromagnon hoy están padeciendo distintos tipos de cancer.

El dolor nos hace entrar al taller del maestro. El dolor es una puerta al desánimo o es tambien una manera de escuchar lo que Dios tiene para decirnos. Es necesario abrir la Biblia y comenzar a leer pasajes como … “Sólo yo se los planes que tengo para ustedes” Jeremías 29:11

Ahora si Dios tiene un plan mejor,

¿por qué me pasó esto?
¿Qué lección tengo que aprender?

Necesitamos entender que todo tropiezo en la vida es parte de su plan de enseñanza. Las caídas son duras. La recuperación tambien duelen y a veces, mucho mas que la misma caída. Pero Dios tiene un plan.

John Bunyan es conocido como el autor de la obra literaria de mas venta en toda la tierra despues de la Biblia. “El progreso del peregrino” es un gran libro acerca de la manera de llevar una vida cristiana. Pero hoy decido recordar su historia, no por su libro, sino por cómo John interpretó el dolor bajo la soberana voluntad de Dios. Pasó 12 años voluntariamente en prisión, ya que si él decidía dejar de predicar el evangelio, estaba automáticamente en libertad. La puerta a la libertad era dejar predicar de Cristo. Éste hecho se intensifica cuando la historia nos cuenta que Mary, su hija mayor fue ciega de nacimiento.

¿Te imaginas lo que sentía John cada vez que su hija lo visitaba en la carcel, sabiendo que podía quedar en libertad, si tan sólo dejaba de predicar el evangelio?

¿Qué es lo que mas vale en tu vida?

¡Qué difícil sensación tener que decidir entre Dios y mi familia! Espero nunca tener que estar en el lugar de John Bunyan, pero me acerco a su corazón hoy, primero para motivarme a mi y luego motivar a aquellos que tienen que tomar decisiones difíciles hoy. Aquellos que deben decidir sobre su salud. Aquellos que deben decidir sobre sus hijos. Aquellos que deben dejar algo que aman, por seguir a Cristo.

Un sábado a la mañana íbamos caminando con mi hija por las calles de la linda ciudad de Córdoba. Recuerdo ese día como si me hubiera pasado ayer. Estábamos juntos, camino al taller de una misionera en Inglaterra. Por mi afan de pensar preguntas, mientras fuimos caminando y le pedí a mi hija que pueda traducir con su precioso ingles, el concepto de mi pregunta en español.

Escuchamos el taller y llegó el momento de las preguntas. Yo había madurado mi pregunta y fue mi hija quien hizo esa pregunta. Segundos después de terminar de hacerla, la misionera rompió en llanto. No pudo responder. Recuerdo su mirada perfectamente. Yo tambien empecé a llorar con ella, con ganas de ir corriendo a darle un abrazo.

Luego de una prolongada pausa, ella respondió lo siguiente:

-Extraño mucho a mi familia.

Y la pregunta fue:

¿A qué cosas le tuviste que decir que no en tu vida para llegar al lugar donde estas hoy?

Si hoy queres escuchar la voz de Dios te animo a comenzar a decir que No. Decile que no a la comida en exceso. Decile que no al placer terrenal. Decile que no a la comodidad. Decile que no y desprendete de eso que tanto has abrazado en todos éstos años. Soltalo en las manos de Dios.

Sé que es difícil, pero con Cristo se puede.

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Filipenses 4:13

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