Cuando escribo… me encuentro

Ultimamente escribo unos 50 mails diarios, redacto unos 15 convenios por semana, imprimo mas de un centenar de hojas por mes y aun así no me encuentro cuando escribo.

¿Se estará ahogando mi pasión por escribir?

Cuando cae la tarde y el dulce silencio de la oficina vacía comienza a sentirse, mis manos comienzan a escribir a mayor velocidad. Mis palabras y mis mails comienzan a fluir con mayor entusiasmo. Porque cuando escribo me encuentro.

Esa difícil tarea de mantener viva una pasión cuando se vuelve una rutina.

Hablar y escribir, son las dos herramientas que mas uso en mis audiencias como conciliador. Pero cuando escribo me encuentro, porque poner en palabras escritas los pensamientos de las personas es un arte.

Traducir las expresiones puede ser agotador.

Así como las anécdotas tienen vida propia cuando las traigo en mis conversaciones, de la misma manera los relatos que escucho, necesitan ser traducidos en palabras simples y puntuales, que busquen abrir acuerdos.

Escribo todo el tiempo, pero cuando me doy cuenta que al escribir, me encuentro, hago una pausa y disfruto del silencio antes de que aparezca la próxima palabra.

Ese encuentro se parece un beso.

No cualquier beso. No me refiero a esos besos apasionados. Tampoco al beso de compromiso que todos esperamos ver en el altar. Me refiero a ese “beso -encuentro” que provoca escalofríos en cualquier escritor, luego de releer su último párrafo. Ese encuentro que se parece a un beso inesperado.

Porque cuando escribo me encuentro como esa sensación de probar la salsa de mi abuela, con un pan que robo de la mesa, sin que nadie me vea. Porque cuando escribo me encuentro como cuando llego a casa y al entrar en la cama, siento el olor a sábanas nuevas.

Extrañaba escribir aquí, en Medium en español, porque cuando escribo me encuentro.