No voy a escapar del dolor

Es que si escapo del dolor hacia algún dios sustituto, solo voy a traer más confusión y más quebranto a mi vida. Escapar es buscar apagar la ansiedad con alguna fantasía. Escapar del dolor es arrugarse dentro de una botella de alcohol. Escapar del dolor es salir corriendo a mendigar el primer abrazo que alguien quiera darme. Escapar es lo mas frecuente, pero no lo mas natural.

¿Qué hacemos cuando se nos rompe la heladera? Llamamos a un técnico que se especializa en arreglar heladas

De la misma manera, dice el Salmo 100 que Dios nos hizo. Jeremías agrega que antes que nos formarán en el vientre de nuestras madres, El ya nos conocía.

Entonces cuando algo se rompe en nosotros y nos duele, ¿a dónde vamos primero?

Supongamos que te agarra un virus, que te baja las defensas y te deja postrado por varios días, sin poder ni siquiera atarte los cordones de tus zapatillas. Supongamos que perdimos la vitalidad de hacer vida normal. Sigamos suponiendo que tenemos un constante dolor en los huesos. Aunque el dolor mas grande siempre se presenta en la cabeza, mediante náuseas, mareos y abundantes migrañas. El dolor está tocando a tu puerta y tenes que reaccionar.

¿Cómo reaccionar ante un dolor continuo y creciente?

La culpa, la impotencia y la bronca se agrupan en una de las esquinas de tu cerebro para pelear contra la otra esquina, donde está sólo la esperanza. El ring es muy desparejo pues hay de un lado 3 hombres gigantes y del otro, una mujer insignificante, que dice llamarse Esperanza.

Las apuestas son 10 a 1. No hay lugar para que Esperanza quede de pie frente a tan fuerte combinación.

Esa triple frontera nos impide llegar a Dios.

Pero ¿qué sucedería si miro al dolor de frente, si en vez de escapar a su mirada, me pongo de pie con la Paz de Dios a la más densa oscuridad, cerrando los ojos y confío.

¿Acaso no fue Dios quien permitió que suceda?

Escapar del dolor es vaciar de propósito lo que nos sucede, escondiéndonos de Dios. Es desobedecer la orden del Maestro de llenar las tinajas con agua, sabiendo que el agua no nos hará nada.

Es la incertidumbre el mayor enemigo en tiempos de dolor.

Pero incertidumbre sobre ¿qué cosas tengo miedo? ¿Acaso mi destino no está más allá de esta vida? ¿Acaso Dios me trajo hasta aquí para dejarme morir en la sala de un hospital sin ningún propósito?

Cuenta Rick Warren una anécdota de su padre en los días finales a su vida, que todo lo que hacía en la sala del hospital era testificar a otros del amor de Dios. Una de las canciones que se usó en la campaña de 40 días con propósito decía:

«Uno más para Cristo»

Aun estando en el tramo final de su vida, no cesaba un segundo de hablar a otros del amor de Dios y recuerda con mucho gozo cuando una de las enfermeras que asistía a su papa aceptó a Cristo en su corazón.

Avanzar en el dolor es reaccionar con fe, sabiendo que tenemos un mensaje para contar y una esperanza a la cual reaccionar.

http://youtu.be/1jH85wGOaqk

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