¿Quien triunfó, las piedras o su espíritu?

El dolor nos acerca a nuestras últimas palabras. El dolor desnuda nuestras emociones. Se me vienen a la mente dos respuestas posibles. La primera es cubrir nuestra vergüenza y encerrarnos en nosotros mismos, para contener el dolor y no mostrar nuestra vulnerabilidad. La segunda es explotar con todas nuestras fuerzas y enojarnos con todo el mundo, buscando culpables a nuestro dolor. Pero hay una tercera respuesta… quizás Esteban pueda ayudarnos.

Mientras escribo, me duele mi espalda, pero inmediátamente pienso en los piedrasos que está recibiendo Esteban en la foto. Mientras escribo pienso en las personas que están sufriendo y simultáneamente viene a mi mente esa mirada de Esteban hacia el cielo, mientras dice:

“…Señor, no les tomes en cuenta este pecado…” Hechos 7:60

Unos versículos antes, mientras las piedras seguían golpeando su cuerpo, Esteban hace lo que nos sugiere el dibujo de arriba. Unos momentos antes tiene un pensamiento que es el trampolín para llegar a ése versículo 60. ¿Estás bien Esteban? ¿Acaso no te duelen las piedras? ¿Cómo haces para que el dolor no te domine? Esteban acababa de terminar el sermón mas largo registrado en el Nuevo Testamento. Esteban entiendo tu adrenalina de haber predicado un gran sermón, pero esas piedras deben doler bastante.

¿Cómo haces para mirar al cielo en un momento como ese?

La respuesta está en el versículo 55.

En lugar de pensar en si mismo, su último pensamiento fue para ellos. Pensar en “ellos” era su mayor preocupación en el momento de dolor. La marca del amor llega al punto mas alto. Esteban estaba lleno del Espíritu Santo y dice la escritura que aun, en medio de las piedras que estaba recibiendo, aquí en la tierra, lo vió a Jesus. Ahí está la respuesta que estamos buscando.

Recientemente visitamos con mi esposa la casa de unos amigos, donde la muerte tocó la puerta de su casa y la esposa de mi amigo, falleció hace un poco mas de un año, luego de luchar con un cancer fulminante. Cuando llegamos a la casa, vimos muchas fotos de ella. Nos recibieron con mucho amor. Pasamos casi dos días en su casa y lo único que respiramos en ese hogar fue “esperanza”. En sus rostros no había luto, había esperanza. Recorrí cada foto con mi mente, pensando en cómo hacían para despertarse todas las mañanas y vivir sin ella. A escondidas, lloré un poquito, pero casi instantáneamente vi muchos versículos pegados en diferentes partes de la casa.

Al mediodía cuando llegué de las compras vi a su hija con su Biblia y con sus notas desparramada en la mesa de la cocina. A la siguiente mañana, volví de un paseo y lo encontré a mi amigo con su Biblia y con una taza de cafe medio vacía. Al mediodía escuché que su hijo quería bautizarse para comenzar a servir en la iglesia.

¿Cómo hicieron para sobreponerse tan rápido a una pérdida tan dolorosa? ¿Cómo hizo Esteban para ver a Jesus en medio de las piedras? ¿Cómo puede mi amigo y sus hijos, sonreír tantas veces por día?

Quizás la razón se encuentra mas allá de nosotros, mas allá de ellos. No había pena en en sus rostros, ni ningún rastro de dolor en sus miradas. Ellos entendieron perfectamente la diferencia entre lo pasajero y lo eterno. Ellos deben extrañar, pero viven una vida plena porque sacaron la melancolía y en su lugar, pusieron eternidad en sus corazones.

El momento del máximo dolor puede ser una gran oportunidad para ver a Jesus o para vernos a nosotros mismos.

¿Qué elegís? ¿Tus miserias o la gloria de Dios?

«De modo que, si sufren de la manera que agrada a Dios, sigan haciendo lo correcto y confíenle su vida a Dios, quien los creó, pues él nunca les fallará.»
http://bible.com/127/1pe.4.19.ntv

Al leer este pasaje sobre el sufrimiento del cristiano, me surje una pregunta:

¿Cuál será la manera que agrada a Dios?

¿Hay acaso otra manera de sufrir? Todo el capítulo 4 es un gran grito de esperanza para aquellos que están pasando por momentos difíciles e incomprensibles. Sigan haciendo lo correcto nos recomienda el Apóstol Pedro, y ¿por qué nos dice esto?

¿Será porque en el dolor muchos dejan de hacer lo correcto?

Vivimos vidas egoístas y fluctuantes. Vivimos vidas pasajeras y rutinarias. El dolor nos visita y nos encerramos en el. Nos sorprende el fracaso y nos duele la cabeza. Nos viene la culpa y comenzamos a flagelarnos por algo que deberíamos haber hecho y no lo hicimos. Yo eligo volver a pensar en Esteban. Esteban hizo lo correcto en el momento mas difícil de su vida. Entender el diseño de Dios para nuestras vidas, puede llevarnos toda una vida. Somos todos muy diferentes pero veo algunas similudes en aquellas personas que se acercan al dolor.

El me diseñó con un propósito y si estoy sufriendo, es Dios quien está permitiendo que el dolor permanezca en mí, por algún motivo. Lo que tengo que hacer es permanecer con el pensamiento correcto. Llenarme de ira contra los médicos no sirve. Puedo pelearme con la obra social porque no me quieren autorizar el tratamiento, pero no me conviene pelear con Dios. Puedo enojarme porque alguien me lastimó, pero aun en el peor día de su vida, Esteban los perdonó. Esteban perdonó a las personas que lo estaban dañando. Esteban no pidió juicio, ni fuego para ellos. Esteban no los reprendió con oraciones elocuentes.

Esteban miró a Jesús.

En medio del dolor, aún en medio del sufrimiento, en ésta mañana mirá a Jesus y busca la presencia de Dios. Cerrá tus ojos y ponete en la piel de Esteban. Meditá en su dolor pero pasá mas tiempo pensando en su respuesta al dolor. No podemos evitar el dolor de las piedras pero si podemos pensar en cómo Esteban pudo ser lleno del Espíritu Santo.

Aún cuando todavía no tengamos respuesta, hoy podemos hacer dos cosas.

La primera es mirar a Jesus.

Y la segunda es el resultado de la primera. Necesitamos perdonar y volver a empezar.

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