Ser suave con la persona y duro con el problema

Martillando sobre el problema, no la persona
En cuanto a la “pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre y renovaos en el espíritu de vuestra mente”

Tenemos que reconocer que nuestra vieja naturaleza, nos impulsa hacia la vanidad, hacia el egoismo, hacia pensar en uno mismo, en resumen nos impulsa siempre hacia el pecado.

Cuando nos enfrentamos con alguien tenemos que separa a la persona del problema. Es la primera regla que enseña el exito libro de Fisher y Ury, titulado “El arte de negociar sin ceder”. Separar a la persona del problema implica en términos espirituales que seamos duro con el pecado y suave con la persona.

Parece algo fácil pero es más complicado de lo que te imaginas.

Todos cargamos emociones durante el día. El egoísmo es algo que nos ataca a todos y mucho mas en estos tiempos, donde todo el tiempo y en todos los medios de comunicación se nos motiva a autosatisfacernos.

Vamos a salir de la teoría. ¿Es algo fácil? No! ¿Es imposible? Tampoco! Dejame ponerte un ejemplo. Ellos están casados hace tiempo. A el le gusta mirar tele y a ella, ¡NO!. Entonces ella al decide confrontarlo. Ella tiene 2 caminos posibles, veamos el primero.

a)- No ves … ¡¡¡que sólo pensas en vos y sos un “ente” mirando la tele!!! ¡Estas ahí hace horas y mientras yo te paso al lado y ni si quiera me miras! ¡Hace unos minutos vine y te hice cosquillas, y vosssss … lo único que dijiste fue:

-Un poquito mas abajo!

Ella sigue diciendo: -Otra vez sopa, no te importa lo que me pasa, no te das cuenta que vine para contarte algo, y no me diste bolilla. El intenta decir algo, mientras ella lo pisa diciendo:

-Ni te gastes en responderme, me voy a acostar.

Éste es el primer escenario de respuesta. Ésta es la primera opción que tiene ella para confrontarlo a él. Vayamos ahora a la segunda opción.

b)- Ella interrumple su visión, colocándose entre la tele y el, y mirando fijamente a sus ojos, le dice:

-Gordi, me gustaría que tomemos unos mates porque te quiero contar algo.

Me gustarías que charlemos sobre... Quizás despues podes seguir mirando tele, ya que hoy existe la pausa en Netflix y yo tengo ganas de charlar ahora. Entiendo que mirar la tele es tu manera de desconectarte, pero yo quiero contarte algo que me pasó, y creo que si te lo cuento, vamos a poder solucionarlo juntos.

Ser suave con la persona, implica que tengamos paciencia y que hablemos despacio sin gritar. Ser duro con el problema explica que debemos enojarnos contra eso que nos daña, eso que nos separa, eso que nos molesta.

El enemigo es tan astuto que nos hace enojar por pavadas. Babilonia nos ha conquistado de tal manera, que al final del día parece que siempre tenemos que tener discusiones interminables. El problema siempre ha sido el mismo:

  • ¡Yo tengo la razón!

La gran mayoría de los problemas políticos se fundamentan en un tema de perspectivas y no de hechos fácticos. La mayoría de las discusiones son emocionales y eso hace que conectemos a la persona con el problema.

Que tal si hablamos del gobierno que no tiene fin. Le propuse a un amigo. Que tal si por cada comentario político haríamos un comentario sobre la Biblia. Que tal si por cada chiste haríamos una oración. Que tal si por cada pensamiento negativo hacia alguien, buscaríamos algo en nosotros para cambiar. Que tal si por cada bronca que tenemos, daríamos un abrazo.

Que tal si al terminar de leer ésta nota, agarras tu celular y le mandas un te quiero a alguien. Que tal si en ves de ver al problema, miras a la persona y le decis, te necesito.

¿Que tal si hoy probas separar a la persona del problema y despues me contás cómo te fue?

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