La incosistencia de las interfaces recurrentes

Cuando tomamos un ascensor tenemos poca o nada de noción de la marca del aparato, ni de su capacidad de diseño menos de sus interfaces. No hay recuerdo de la disposición ni construcción jerarquica de las leyes de diseño del proveedor del servicio.

El uso del ascensor en los edificios es una acción obligada y predeterminada, no hay elección. Es por eso que cada vez que lo usas debes aprender las leyes de diseño que los rigen, debiendo asumirlas rápido para accionarlo.

No hay una lógica clara ni universal; cada aparato incluso de la misma marca obedece a condicionantes distintas al uso del mismo lo que deja al usuario fuera del objetivo central porque se privilegian factores económicos, del programa arquitectónico del edificio e incluso estéticos. Se olvida que el verbo es “subir” o “bajar”, lo demás es accesorio.

Paneles interiores de ascensores.

Hay productos que usamos a diario donde no hay elección por una mejor experiencia ni nada, solo los usamos porque están allí sin alternativas posibles.

En la misma situación del ascensor están los hornos micro-ondas y en particular en casi todos los productos electrónicos.

Es curioso el caso de los hornos-microndas cuya función es la misma para todos, calentar y se diferencian por potencia o tamaño, no por la experiencia del usuario, cuando lo que hacemos a diario es justamente acciones automatizadas pero que en éste caso son privilegio de los dueños de los objetos. ¿No te ha pasado que no puedes calentar comida en un horno ajeno?

¿Qué harías si deseas calentar un plato de comida ante estas interfaces?

La industria trata de diferenciarse a través del diseño con productos que son commodity pero la competencia obliga a poner en los aparatos prestaciones sofisticadas que nadie usa y las interfaces son una ensalada de adicionales sin semiótica clara porque nadie respeta patrones ajenos, cada cual quiere “re-inventar” el producto a través de estéticas, no del fondo que es el verbo.

  • ¿has grillado un pollo alguna vez en un micro-ondas?
  • ¿cambiaste de edificio porque no era el ascensor de tu preferencia?
  • ¿elegiste la batidora por su interfaz?

Todo lo anterior provoca estrés y baja calidad en la relación entre las marcas y sus clientes. Es una condición del Diseño que nadie entiende bien cómo y por qué se llegó al anti-diseño.

¿Quién no ha querido asesinar al que “diseñó” el control del TV de tu casa? que no usas más que para subir el volumen porque los canales se cambian con otro distinto, el que te entrega el cable-operador sin considerar que todo puede ser fatal si tienes AppleTV y tienes la TV conectada al equipo de música.

Estos ejemplos también suceden en los navegadores que usamos a diario. Aunque los fabricantes piensen lo contrario, cada vez que le pregunto a alguien -fuera de la industria, o sea la mayoría de las personas- qué navegador usa, la respuesta es: no sé.

O sea, los browsers son también un commodity al que nadie presta atención concreta, porque lo que queremos hacer en dichas aplicaciones es “navegar”, y rápido.

Por eso no entiendo la falta de coincidencia entre las interfaces de acciones recurrentes que tienen los navegadores clásicos.

Safari
Firefox
Chrome

Cada navegador diseñó las acciones básicas de manera distinta apostando a que el usuario sólo trabajará con su marca, cosa que no es así.

Por ejemplo, recargar la página, en Safari está dentro de la caja; en Firefox, ni adentro ni afuera, pero en igual posición que Safari con un cambio pequeño en el ícono que está más cerrado haciéndolo más rápido para los diestros.

Chrome y su estrella.

En Chrome la acción está a la izquierda y en reemplazo hay una estrella que cuesta entender para qué está allí ya que Chrome es de Google y el comportamiento natural es buscar, primero en su buscador, cualquier cosa, incluso las páginas que guardo como favoritas que es para lo que sirve la estrella del Chrome (!).

Siempre he pensado que diseñamos en un contexto donde el usuario posee más relaciones con las acciones de lo que pensamos, hay un ambiente más rico e interesante para afirmarse en el proceso, por lo mismo los patrones deben estar determinados por lograr la satisfacción de los usuarios, donde hay una universalidad que respetar y apelar para crear los lenguajes con los usuarios.

Diseñar no es inventar la pólvora, es comprender las expectativas, considerar las experiencias previas de los usuarios y descubrir cuáles son las que alumbran el gran momento de activar alguna acción donde nosotros no existimos.