#Miaminoesunacienciaexacta 002

Hay algo en la manera en que el folk pulsa la guitarra que me fascina. Es una forma de ir en terceras, de agudo a grave, en un ritmo que la canción sugiere, como machacando la poesía, sin que nos demos cuenta.

Escucho a Josh Ritter

En este Landry no hay nadie, todos se han ido. Voy de una mesa a otra, buscando el mejor lugar para que solo me acompañen la música y su silencio.

En una mesa han dejado un libro y un papel. El libro es el Nuevo Testamento, el papel es el diseño de una aplicación para teléfonos móviles.

“Develope an app to connect pe0ple who are currently unemployed or looking for make some extra cash with people who nee a job or task done for a day or two” (Sic)

¿No es genial?

Imagino al joven, seguro que era un joven, desempleado, destripándose la cabeza y pidiéndole a su dios, el dios del nuevo testamento, la idea que sacaría a su madre, a sus hermanas y a él mismo de la miseria de tener que venir semana por semana a este Laundry.

Imagino al joven, con una camisa a cuadros bien planchada, escribiendo en el papel vacío el proyecto de su vida, con la mitad de la biblia a su costado, una biblia mutilada que aún así lo inspira y el joven, con su camisa a cuadros bien planchada, escribe, llena el papel, sabe que esa idea le dará el dinero que lo sacará a él mismo y a su madre de tener que venir semana por semana a este Laundry.

Encontré los papeles y esa media biblia mientras escuchaba un arpegio de folk típico, bajo y tres notas de agudo a grave. Ahí está la idea, simple, con todo lo implica, con todo lo que es.

Cuando la secadora terminó de girar en contra de las manecillas del reloj, el joven de camisa impecablemente a cuadros recogió la ropa de su madre, de sus hermanas y de él mismo y al salir olvidó su media biblia y sus ideas.

Un dios a medias siempre acaba por jodernos.

Yo escucho a Josh Ritter