Cabify no mató a Mara, fue México.

Es la primera vez en años que escribo 2 veces en menos de una semana y me cuesta trabajo creer que ambas fueron detonadas por la rabia que me provoca la situación de mi país.

Sin embargo, este texto no es para repetir lo que todos ya sabemos acerca de la ingobernabilidad de nuestro territorio y sociedad, sino para señalar un punto de la situación que me parece todos los medios y personas que tengo alrededor están pasando por alto.

¿Por qué estamos hablando de Mara?

Desde que se confirmó fallecimiento me resultó interesante notar que de las más de 2,000 mujeres que cada año son asesinadas en México, fuera precisamente el caso de Mara por el que todos en redes sociales de pronto comenzaron a expresar tanta impotencia y rabia.

Sí… el hecho de que todo este terrible incidente se diera en el marco de nuestro -ya de por si decaído- “Día de la independencia” tuvo mucho que ver; pero más allá de ello, me llamó la atención lo importante que fue el factor Cabify dentro del vuelco mediático y social que ha resultado la muerte de la jóven estudiante.

¿Por qué? Personalmente creo que ver involucrada a una empresa con la que el grueso de la población privilegiada puede identificarse (pues es un servicio que utilizamos al menos una vez por semana) hizo que el hecho se sintiera más cercano y explotáramos en rabia; y por otro lado por fin tuvimos un claro culpable (además del ineficiente Gobierno) a quién señalar e intentar crucificar. No obstante me parece intrigante y un tanto tendecioso el hecho de que el 90% de las notas y conversaciones no dejen de puntualizar que el asesino no era un maleante, taxista, violador u hombre cualquiera… era un chofer de Cabify.

No me malinterprenten, creo fervientemente que Cabify tiene mucha responsabilidad en el asunto y deberá pagar por ello. Pero pienso que si no fuera porque Mara utilizó un servicio privado, tecnológico y con estándares mímimos de seguridad seguramente ni tu, ni yo, ni la mitad de las redes sociales estaríamos hablando de ella.

No. No estaríamos hablando de Mara porque NO sabríamos a dónde fue, porque NO se conocería la identidad del agresor, porque ni siquiera sabríamos que murió como le pasa a miles de mujeres que no están dentro de esta burbuja en la que puedes pedir un auto con tu celular y si te extravías te buscan compartiendo publicaciones en Facebook.

No volquemos nuestra frustración hacia el lado incorrecto.

El problema más grande de México se llama impunidad. Miles de mujeres mueren sin que nadie reciba un castigo e incluso cuando el asesino es identificado se sabe que 9 de cada 10 veces sale libre porque en México uno puede robar, violar o matar a plena luz del día y con cientos de testigos sin que pase absolutamente nada.

Si algo se puede rescatar de tan terrible incidente es que, gracias a que Mara utilizó como transporte un medio que usa la tecnología de forma eficiente y está constituido como un servicio con estándares globales, es que su muerte no sólo no pasará desapercibida, sino que los responsables recibirán un gran castigo, incluido Cabify.

No dejemos que nos digan que Mara hizo mal en salir sola, tomar, o ser mujer. Pero tampoco permitamos que nos vendan la idea de que usar un servicio de transporte tecnológico es peligroso por el hecho de que un psicópata logró colarse entre los filtros de reclutamiento… porque ese no es el problema de fondo: El problema es que México está podrido.

Cada que nace una persona y/o empresa que a través de innovación o trabajo social empieza a amenazar las estructuras de poder, éstas reaccionan intentando destruirla (como sucedió con los taxistas vs Uber) o aprendiendo a intervenirla para sacar provecho de ella y seguir extrangulando a la población a través del miedo. Por el contrario, gran parte de los recursos de empresas como Uber y Cabify se destinan a combatir los embates de la delincuencia ocasional y organizada de los paises a los que llegan.

No pretendo minimizar la muerte de Mara en lo absoluto, ni tampoco defender la deficiencia de la empresa para reclutar a sus choferes… pero soy testigo de que por cada historia de terror que sucede en estos servicios, hay cientos de miles de hijas, hermanas y amigas que se mueven un poco más seguras todos los días.

Las empresas de transporte van a eliminar el problema.

Sí, ellas no tardan en sustituir a todos los choferes con autos que se manejan de forma autónoma y con ello erradicar el factor humano de su operación. Pero el problema de México persiste… porque esas personas que se queden sin empleo saldrán a la calle a encontrarse con que este país jode al que hace las cosas bien, pero es el paraíso para quien decide romper las reglas. Es un país que permite robar, matar, violar y asesinar a cualquiera que se disfrace de chofer, de vendedor de biblias, de policía, de político y hasta de Presidente.

No, a Mara no la mató Cabify. A Mara la mató México.

QEPD