Querido Millennial: Tu jefe no es tu amigo.

Advertencia: Si tienes menos de 30 años probablemente mientras leas este post no vas a dejar de pensar “¡Ya 100tc cñora!”… sin embargo, éste es uno de los consejos más valiosos que creo alguien me debió de haber dado antes de cometer el perro oso de no callarme la boca en el momento oportuno, así que te vendría bien tomarlo en cuenta.

Toda mi vida he tenido problemas con la autoridad. Nunca he entendido realmente la razón, pero sé que cada vez que tuve una figura de superioridad a la cual tenía que respetar por puro status quo (papás, maestros, mayores, gobierno, jefes) algo me hacía sentir incómodo.

Ya sé. Los blogs de mercadólogos mamadores dirían que tengo el síndrome del típico millennial que se siente único y detergente, se ofende por todo y la hace de a pedo constantemente.

Y en efecto, soy parte de ese segmento de nuestra generación a la que le cuesta trabajo decir o escuchar la palabra “jefe”, que compra sus vuelos antes de pedir las vacaciones porque “chinguesumadre, los días me tocan y ALV” y que ha tenido a bien decir “pues si no les late, que me corran y listo, no hay pedo” en más de una ocasión de su andar profesional.

Sin embargo, a diferencia de muchas personas de mi entorno, yo tuve la fortuna/maldición de comenzar mi vida profesional godinez a los 15 añitos (ahí me tienen, todo meco ese vato intentado ganarse unos pesos como “office boy” o “el que hace los mandados”).

Evidentemente no fue por gusto, sino un intento fútil de mis papás para quitarme el famoso “¿y por qué?” que para todo preguntaba desde los 2 añitos. “Porque lo mando yo” era lo que tal vez buscaban que me acostumbrara a escuchar, sin tener ser ellos quienes lo dijeran, claro está.

Durante 15 años trabajando he tenido la suerte de tener todo tipo de autoridades, a las cuales he entendido -muchas veces a la mala- que debo tratar con la misma igualdad que respeto. Encima de eso, me tocó comenzar a ser “el jefe” de alguien desde que tenía 22 y entonces pude conocer el otro lado de la película.

Si algo he aprendido durante este tiempo es que, si bien el paradigma ha cambiado y ahora cientos de “jefes” usan jeans, converse, tattoos, se sientan junto a ti en la oficina y te mandan memes con gemidos o al negro de WhatsApp… es muy fácil confundirte dentro esa horizontalidad y perder de vista que la persona que te trata como amigo, te está juzgando todo el tiempo y tiene un gran peso sobre tu futuro.

En los últimos años he tenido trabajando conmigo a muchos jóvenes talentosos que tiran por la borda sus oportunidades por no saber comportarse a la altura de una relación de horizontalidad. Chavos que en una conversación de pasillo hacen un comentario sexista o clasista pensando “qué chido que el jefe le entra a las bromas”, gente que en una discusión se defiende como si estuvieran con su valedor comentando el América-Pumas, niñxs que argumentan o piden como si le estuvieran pidiendo al hermano mayor un favor, que te voltean los ojos, que te retan sin ningún tipo de fundamento…

Vaya, gente que confunde que aunque caen bien y se les quiere, uno no se va a tentar el corazón en mandarlos ALV si no están a la altura de las circunstancias.

No importa cuanto creas o sientas que tu jefe y tu son “amiguis”, al final del día uno de los dos tiene poder absoluto sobre el otro y no se tocará el corazón cuando tenga o quiera cambiarte por alguien más. Esa es la trampa más dura de la horizontalidad: que como antes no existía la más mínima oportunidad de compartir el mismo aire que el director de una compañía, uno no tenía que preocuparse por estas nimiedades. Pero ahora, el director de la compañía podría tener 5 años menos que tú y sentarse a jugar nintendo switch junto a ti… y tú no sabes cómo reaccionar a eso.

Lamento decírtelo, pero cuando le tiras carrilla a tu jefe como si fuera uno de tus compas, cuando juegas ping-pong con él durante 3 horas, cuando le arremedas o eres condescendiente en una discusión, cuando te vas con él de peda y te pones hasta el huevo, cuando quieres hacerle sentir que no sabe algo o que evidenciar que se equivocó y tú tenías razón simplemente por sentirte superior; puede ser que el actúe como si todo estuviera cool pero créeme… estás cavando tu tumba. Y no porque te vaya a correr (aunque podría suceder) sino porque poco a poco tu nombre se irá borrando de la lista que dice cosas como “personas confiables” o “apto para comportarse como un adulto”, entre otras.

Para que quede fuerte claro: La horizontalidad de una empresa o proyecto no implica que un directivo se sienta chavorruco y se ponga a tu nivel para que puedas sentirte cool tratándolo como uno de tus compas.

La horizontalidad significa que hoy en un entorno laboral tienes la oportunidad y espacios para demostrar que tú puedes estar a la altura (en conocimiento, lenguaje, madurez emocional) de un director en una conversación casual o de negocios. Aprovecha esta oportunidad de oro (que otras generaciones no tuvieron) para crecer como persona y profesional… no para sentirte “más cómodo en un ambiente joven y cool”.

Y no, este no es un texto que quiere decirte que comas toda la mierda que te toque (aunque tal vez deberías hacerlo) o que andes de lame botas con el jefe todo el tiempo (aunque un poco nunca te va a hacer ningún daño). Lo que quiero decirte es que cada vez es más frecuente pensar que como las divisiones físicas se han borrado, las sociales o las jerárquicas tambien… y no es así.

Así que ten mucho cuidado cuando creas que la persona que está sentada junto a ti -y te trata con toda la apertura y coolness del mundo- no piensa o sabe que hay una línea muy clara entre tú y ella.

Jamás asumas que no tienes que pedirle permiso o perdón, jamás compartas de más o te entrometas en su vida, jamás dejes que tu jefe te vea pedo, jamás creas que porque tu él/ella llega a las 12 o juega videojuegos durante el día tú puedes hacer lo mismo, jamás cruces la línea del respeto, vaya… jamás desaproveches la oportunidad que te dan para demostrar que puedes ser la persona más madura en la habitación. Y si vas a hacer cualquiera de las anteriores, por lo menos sé consciente de que cada paso que das a su lado está siendo medido, analizado y será usado en tu contra o a tu favor cuando se trate de tomar una decisión sobre tu futuro.

P.D. Es cierto que también hay muchos jefes pendejos e inmaduros… pero en lo que te das cuenta si el tuyo es uno de esos, mejor ten cuidado. Y si llegas a la conclusión de que sí lo es: Huye.