La Fotografía de Calle en los tiempos del “Like”


Hace unos días, mi amiga Miriam pidió mi opinión acerca del artículo Is Street Photography Killing Itself? y decidí compartir mi punto de vista.

Básicamente, el autor argumenta que la Fotografía de Calle (Street Photography) ha llegado a un punto crítico en el que la gran cantidad de fotografías que se hacen y difunden a través de diferentes medios, principalmente en redes sociales, hace muy difícil encontrar ejemplos dignos de reconocimiento, ya que la escala de valor está regido no por gente conocedora del género, sino por el gusto que dictan los usuarios comunes y corrientes que poseen acceso a una cámara en su teléfono celular y a los medios para difundir las imágenes que capturan.

Y como en cualquier democracia, lo que dicta la mayoría es la ley que se impone. En otras palabras, si la mayoría de las personas le asigna un alto valor a una fotografía que, en el ámbito profesional, cuenta con muy pocos o nulos atributos artísticos, no habrá forma de revertir esta tendencia. La mayoría dicta las reglas.

De este modo, queda pendiente por resolver lo que le ocurrirá a aquellas fotografías que no sean creadas por un aficionado, sino por profesionales o entusiastas comprometidos con altos estándares técnicos y de expresión, y que deberían ser dignas de reconocimiento.

Según Thomas Stanworth, autor del artículo que nos trajo a estas reflexiones, este tipo de obras no llega a ser apreciado, y mucho menos reconocido, en el ámbito de difusión que prevalece en estos tiempos. Facebook, Twitter —y más recientemente Instagram y Snapchat — dictan las tendencias en la arena virtual, y la mayoría de sus usuarios tienen poca o nula educación visual y artística.

Desde mi punto de vista, este fenómeno no debería ser preocupante para aquellos que se toman en serio a la fotografía como medio de expresión, en particular aquellos que gustan de la fotografía de calle.

Y no lo es, no porque no sean reconocidos por la mayoría, pues ese ha sido el destino de cualquier artista consagrado. Simplemente pregunten a una persona de a pie si le agrada las obras de Caravaggio, Bernini, Berenice Abbott o Jackson Pollock. Muchos de ellos no son conocidos por la gente común y corriente, simplemente porque no son su tema de interés. Y esta realidad no resta valor a las obras de los artistas antes mencionados.

Más bien, estamos hablando de dos líneas que nunca se han cruzado y tal vez nunca lo hagan. Por un lado, la línea que representa lo que a la mayoría de la gente le gusta ver y hacer, por muy vano y superficial que sea; y por otro, la línea en la que se mueven las personas que hacen de la expresión artística su modo de vida.

No por saber leer y escribir y contar con una hoja de papel y lápiz, una persona se convierte en poeta.

Del mismo modo, no por tener la capacidad de tomar fotografías con un teléfono celular, una persona se convierte en fotógrafa.

Porque a pesar de que muchas personas toman fotografías de calle, lo que realmente les interesa es el reconocimiento inmediato proveniente de otras personas que no tienen elementos para juzgar si una fotografía vale o no la pena.

Y es que un fotógrafo comprometido busca una experiencia más profunda, en la que el reconocimiento es una consecuencia de haber identificado, procesado y expresado el sentimiento profundo que lo lleva a hacer arte.

Dejemos pues que la gente use el medio fotográfico para lo que desee y necesite. Para gran parte de la humanidad, tener una cámara al alcance de su mano es una nueva forma de registrar las cosas que la rodean y eso es suficiente; pero quien se vea atraído a hacerlo de manera mas profunda, encontrará el modo de salir del mainstream para recorrer el solitario camino del artista.

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