“The Hateful Eight”
Si eres de los que se aburren cuando “hablan mucho” en las películas, corre mientras puedas. La octava (de diez aparentemente) película de Quentin Tarantino es un festival de platicas y discusiones con su respectiva, y abundante, cuota de sangre.

The Hateful Eight me mantuvo al filo del asiento. La primera mitad de la película se caracteriza por ser totalmente impredecible, ya que no se percibe una trama fija. Los personajes interactúan entre si, se amenazan, se agreden, pero la intriga de hacia dónde está yendo la película se mantiene intacta. Un factor que suma a esta intriga es la ausencia de un personaje principal. Por momentos parece ser que Samuel L. Jackson es quien lleva el protagonismo, pero luego la batuta es tomada por Walter Goggins o el personaje de Kurt Russell, quitándonos todo tipo de certeza respecto a quien es el eje de la historia.
Esta incertidumbre planteada es el alma de la cinta, pero lamentablente es sacrificada para dar paso a un giro, que si bien resulta entretenido, resta en vez de sumar. El tono de la película da un giro de 180 grados y no da marcha atrás, es casi un filme totalmente distinto. Cosa que no resulta problemático, ya que Tarantino no es ajeno al humor negro, y sabe ejecutarlo muy bien. Más de una vez me cogí el rostro avergonzado por reírme del destino de algunos de los personajes.
Las actuaciones son todas increíbles, no hay ni un solo punto flojo. Pero en mi opinión quien resalta es Jennifer Jason Leigh con el personaje de Daisy Domergue. Su personaje es casi una bestia, aparentemente domada por Kurt Russell, pero capaz de explotar cuando menos lo esperas. Sus gestos y ademanes son precisos para desarrollar un personaje bastante callado en su mayoría.

The Hateful Eight es una película divertida, intrigante y bastante salvaje. Llena de personajes pintorescos, casi caricaturescos, pero bien definidos a los que Tarantino tiene acostumbrados. Si bien el final no suma a la idea principal del resentimiento social entre los personajes, no deja de ser una grata experiencia en esta cabaña junto a estos “ocho odiosos”. Valen la pena esas casi tres horas en la butaca.
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