¡Ay con los revisionistas!

Apareció por TV de cable, el afamado historiador y columnista de La Nación Emilio Ocampo, que tiene un extraño phisic du rôl para ser un revisionista de toda la historia argentina. Habla como con la la ligera tartamudez afectada tan clásica de Barrio Norte. Discute teorías que nadie ha planteado y lo que es muchísimo peor, nos achaca que los argentinos, sin diferenciaciones ni excepciones, que todos endiosamos a los héroes militares y que de allí surge la soberbia argentina y nos sentimos llamados a la gloria.

El primer comentario a semejantes cargos, no puede ser otro que el muy callejero ¡A la mierda!

Asegura el prestigioso historiador que San Martín fue un mero peón de la sinarquía internacional, y que alguien se montó en una máquina del tiempo, y le entregó en enero de 1813 un ejemplar de la Gazeta de Buenos Aires Extraordinaria de Diciembre de 1820 con el resumen de sus triunfos y la libertad de medio continente. Y con los diarios de 7 años en el futuro, cualquiera libera, con un montón de paisanos pata al suelo, con el pomposo nombre de Granaderos a Caballo (poner Granaderos a Mula no era glamoroso), batiendo al tercer imperio y segundo ejército de la tierra por aquel entonces. ¡Siendo un empleado de la sinarquía y sabiendo que iba a ganar…! ¡Así cualquiera!

No creo que Emilio Ocampo haya realmente querido decir esto, pero lo deslizó por TV, y semejante teoría, vende ejemplares. ¡Como le envidio tamaña oportunidad!

Sin embargo lo que dice es verdad. Los argentinos endiosamos a todos nuestros héroes militares. Pero ocurrió que el primer al primer cívico, Mariano Moreno, tuvo cuatro años de actuación en las sombras y menos de uno como ideólogo de la Revolución de Mayo. No olvidemos que lo asesinó un capitán de barco inglés con brebajes tóxicos. Luego mucho más entrado el siglo, apareció el más brillante de la generación de ’37: Juan Bautista Alberdi. Nuestro constitucionalista. En el medio, escritores y periodistas.

Mencionemos a otro civil destacado: Juan Manuel Belgrano, abogado, tuvo que ponerse el uniforme y dar órdenes marciales con voz de flauta con tierra. Parece que Belgrano no sabía que era un empleado de la sinarquía, ni sabía por qué nos liberaba, a pesar de haber sido el encargado de negocios con la Metrópoli, más poderoso que el Virrey. Un detalle ¿no?

Es cierto también que los militares lideraron 150 años de nuestra existencia, pero convengamos que fue por abandono y desidia de los civiles. No hay que complicar las teorías, sino que las explicaciones más simples y elegantes suelen ser las más lógicas. Piensen en los grandes líderes militares: San Martín, Alvear, Belgrano, Dorrego, Rosas, Sarmiento, Urquiza, Mitre, Roca y Perón.

También estuvieron los villanos no invitados como Uriburu, Farrell, Aramburu, Onganía, Lanusse, Videla y Galtieri. No olvidemos que a los civiles nos quisieron meter por la ventana a otros militares de pacotilla que fueron casi bizarros en nuestra historia: Los almirantes Rojas y Massera, Levingston, Lanusse,Viola, Aldo Rico, Berni y Milani, todos con fuerte rechazo popular.

Entonces señor historiador, sepa usted que los argentinos distinguimos a tirios de troyanos. Le sugiero que no se haga el superado enfrentando la opinión de Mitre, porque a Mitre, en tanto historiador, no se le llega ni a la suela de los zapatos. Don Bartolomé Mitre pasó años estudiando los distintos campos de batalla de San Martín y Belgrano antes de escribir la historia sobre ellos. Era, en cambio, un pésimo militar del arma de artillería, que perdía las batallas en el campo y las terminaba ganando políticamente.

No se olvide que usted tomó su teoría de algún comentario sarcástico e ingenioso de Alberdi que era urquizista y enfrentado a Mitre, para quien la Provincia de Buenos Aires era lo primero (digamos que con la perspectiva del tiempo, tan errado no estaba).

No sé si él habrá recorrido el resto de América Latina, país por país como he tenido la suerte de hacerlo yo por mi trabajo y puedo asegurar sin temor a dudas que de una forma Brasil, de otra México y de otra diferente la Argentina, tenemos bastante poco en común con el resto de nuestros hermanos de América, salvo el idioma y hasta por ahí nomás. Eso no hace mejores a Brasil, México o la Argentina, sino simplemente distintos.

Los chilenos, peruanos y colombianos piensan que somos unos petulantes, y yo opino que con la bonanza económica, ellos nos sacaron del podio por el que peleábamos con Brasil y México. Suena políticamente correcto decir que los argentinos somos todos unos fanfarrones, pero tampoco es verdad sino la visión sesgada de un gran historiador privilegiado en su condición social.

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